Jurar por Dios



Evangelio según san Mateo, 5: 33- 32 «Además oísteis que fue dicho a los antiguos: No perjurarás; mas cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo, que de ningún modo juréis: ni por el cielo, porque es el trono de Dios: ni por la tierra, porque es la peana de sus pies: ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey: ni jures por tu cabeza, porque no puedes hacer un cabello blanco o negro. Mas vuestro hablar sea, sí, sí, no, no. Porque lo que excede de esto, de mal procede». (vv. 33- 37)

O por lo mismo se añade: «Ni por el cielo», etcétera, porque los judíos no creían que estaban obligados por el juramento cuando juraban por estas cosas, como si dijese: «Cuando juras por el cielo y por la tierra no creas que por ello dejas de estar obligado al Señor en todo lo que has jurado, porque te convencerás de que has jurado por El, cuando consideres que su trono es el cielo y su escabel la tierra». Lo cual no se dice aquí como si Dios tuviese miembros colocados en el cielo y en la tierra (como cuando nosotros nos sentamos), sino que aquel asiento de Dios representa el juicio de Dios.

Y como tiene una gran parte de su gloria en el universo material de este mundo, se dice que está en el cielo, porque allí se ve de una manera más evidente la fuerza divina de su excelente hermosura. Se dice que tiene la tierra por escabel, porque hace llegar sus órdenes hasta los más pequeños sitios de todos los confines del mundo ( 1Cor 2,15 ). Hablando espiritualmente, designa con el nombre de cielo a todas las almas santas, y de tierra al pecador, porque el hombre espiritual juzga todas las cosas. Se ha dicho, pues, a la parte pecadora: «Eres tierra y a la tierra irás» ( Gén 3,19 ). Y el que quiso permanecer en la ley, se colocó bajo la ley, y por lo tanto, oportunamente dice que la tierra «es escabel de sus pies». Prosigue: «Ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey».

Lo cual es mejor que decir «Mi ciudad», comprendiéndose que esto es lo que dijo. Y como El mismo es Dios, debe jurar por Dios aquel que jura por Jerusalén. Prosigue: «Ni jurarás por tu cabeza». ¿Qué es lo que puede corresponder a cualquiera con más propiedad que su propia cabeza? Pero ¿cómo diremos que es nuestra, cuando no tenemos poder para hacer que un cabello blanco se vuelva negro? Por ello dice: «No puedes hacer un cabello blanco ni uno negro». Luego cualquiera que jura por su cabeza, parece que ha jurado por Dios, y lo mismo se entiende respecto de lo demás

San Agustín, de sermone Domini, 1, 17

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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