Hay una constante en todo esto, como señalan los estudiosos de sus escritos: Las Casas siempre habla en vago y en impreciso. Nunca dice ni cuándo ni dónde se consumaron tales horrores, ni se cuida de establecer que- en caso de haber existido- se trataron de una excepción a la regla, Por el contrario deja entrever, que lo descrito por él era el único y habitual modo de conquista y que las ferocidades destacadas en su librito debían tenerse por las que comúnmente emplearon los españoles en los 40 años a los que su relato se refiere. Como señala el gran estudioso Rómulo Carbia, en la obra del fraile dominico «nada se concreta, ni geográfica ni cronológicamente».
Una sola vez aparece en el relato el nombre de uno de los responsables de las supuestas atrocidades.
En los otros casos el «tirano» (es decir, «el español») queda como cubierto por una penumbra imposible de descubrir. Todo es más y lo mismo: las fechas, las cantidades, los nombres, los lugares; todo es confuso y sin precisión. No se priva de ninguna opinión: hasta de la conquista del Río de la Plata, en donde dice, desconociendo los pormenores y no habiendo estado jamás allí, que en estas tierras australes se habían «ejecutado las mismas obras que en todas partes..». Veamos algunos ejemplos.
En su Historia de las Indias manifiesta que vio, «con sus propios ojos», más de 30.000 ríos en la isla Española, que nunca nadie los ha vuelto a ver En su tristemente famosa «Brevísima…» inventa el «genocidio» indígena. Primero son 12.000.000 de muertos, luego eleva la cifra a 15.000.000 y termina redondeándola en 24.000.000. Pero aun conformándonos con los 15.000.000 -nota el estudioso Levillier los españoles deberían haber matado 375.000 indios por año, es decir bastante más de 1.000 diarios y sin descansar ni un día en los años bisiestos… Todas estas cifras son imposibles, aun después de haberse inventado las cámaras de gas y demás prácticas del genocidio moderno. Sin embargo, las leyendas de Fray Bartolomé darán lugar a que hasta el día de hoy varios propagandistas de la Leyenda Negra sigan afirmando que la demografía americana se desplomó ante la llegada de los españoles. Hoy por hoy ha pasado mucha.agua bajo el puente y de los estudios realizados, sensabe claramente que la población nativa cayó a raíz de diversos motivos, uno de los cuales fueron las enfermedades contraídas a partir de su contacto con los europeos, ante las cuales carecían de anticuerpos, como señala Díaz Araujo en un reciente trabajo: «Los principales problemas demográficos no fueron causados por la vesania de los encomenderos o la brutalidad de los conquistadores, sino que fueron de carácter patológico, bacteriológico e inmunológico.
Empero, lo que no se aclara en grado suficiente es que la disminución poblacional registrada fue momentánea. En efecto: lo primero que hay que tener en cuenta es que la población aborigen originaria era muy pequeña respecto del total del
territorio del continente americano; no más de un 5% se hallaba poblado. En segundo lugar, hay que evitar las enormizaciones demográficas lascasistas
Conforme a los estudios del mayor experto en estos temas, Ángel Rosemblat, la población precolombina ascendía alrededor de 13.300.000 habitantes. De ellos se perdieron 2.500.000, hasta 1570. Pero, como ya lo había hecho notar Humboldt, en el siglo XVII la población aborigen había aumentado considerablemente, y en México había superado los niveles que existían antes del arribo de los españoles. Todo lo cual se puede verificar por la sustentación alimentaria, según las técnicas de cultivo de las diversas épocas» . Si bien a partir del siglo XVI el desequilibrio demográfico se acentúa y el decrecimiento se hace notorio, las razones hay que buscarlas en distintas y complementarias causas: «La transmisión de enfermedades europeas, el cambio en el reacondicionamiento económico y social, el desajuste alimentario, las epidemias incontrolables. la reducción de la fecundidad, el desgano vital hasta el suicidio anómico del que hablaba Durkheim
el traslado de ciudades, y por supuesto, los enfrentamientos armados de distinto calibre» . Todo ello permite en la actualidad sopesar los dichos de Las Casas. Pero él no solo infla los números y da falsos diagnósticos. iMás aun! Muchas veces mutila y cambia los textos de documentos públicos conocidos, como la Bula de Alejandro VI, en la que se donan las tierras del Nuevo Mundo a la Corona de Castilla. Aquí Las Casas, al traducir el texto de la bula lo adultera con adiciones arbitrarias, pero además también con muy importantes supresiones. Atento ello, el historiador germano Schaëfer opinaba que Fray Bartolomé no era precisamente un testigo fidedigno, ni siquiera de las cosas que pretende haber presenciado personalmente. Algunos biógrafos, para disculparlo, alegan su sangre andaluza, tan proclive a las exageraciones, pero aclara Menéndez Pidal, de ser así, se trataría de «una andaluzada en grado patológico» pues todo en sus obras lo lleva a multiplicar por cien, por mil y hasta por un millón.
Ejemplo de tales desatinos es la descripción de la destrucción de la ciudad de Guatemala en 1541 producida por el rompimiento eruptivo del lago volcánico que la dominaba, y que Las Casas atribuye a la acción de «tres diluvios». Fue por esto que Lewis Hanke, ferviente lascasiano debió admitir que «la historia de la exageración humana tiene pocos ejemplos más interesantes que la Apologética de la Historia». Pero hay exageraciones más interesantes que se dan en provecho propio, como cuando inflándose a sí mismo deseó ser llamado no solo «procurador de indios» sino «protector universal de todos los indios»; o como cuando pretendió extender la jurisdicción geográfica de su diócesis de Chiapas a Guatemala y a México; , por último, cuando reincidió en el error de Colón, creyendo estar
en tierras del Ganges… Y hay más: Las Casas, que había sentado como tesis principal que todo dinero proveniente de Indias era un robo a los indios y que aceptar dinero robado obliga en conciencia a «reparar in solidum», no vaciló cuando debió ser remunerado con ese «dinero sucio». En efecto, en 1516 recibió 100 pesos oro anuales como procurador de indios; como obispo, en 1524, 500.000 maravedíes anuales; en 1551, cuando renunció al obispado, se le fijó una pensión de 300.000 maravedíes, renta que en 1563 se le aumentó a 350.000 maravedíes… jnunca discutió por el origen de esa paga! Menéndez Pidal señala la incoherencia. «Las Casas se contradecía. Vive del dinero robado, para predicar que no se robase… estos contrasentidos indican que ese ultrarigorismo estaba en pugna con la realidad como parte de una mente anómala que los sicólogos habrán de estudiar»
RÓMULO CARBIA, op. cit., 46.
ENRIQUE DÍAZ ARAUJO, Propiedad indígena, 46-47
ANTONIO CAPONNETTO, op. cit., 118
LEWIS HANKE, La lucha por la justicia en la conquista de América, Editorial Sur-americana, Buenos Aires 1949, 338
RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL, El Padre Las Casas. Su doble personalidad, 336-337
