Categoría: Historia

Genealogía de Jesús

El evangelista San Mateo, queriendo grabar en la memoria la generación del Señor según la carne por la serie de sus ascendientes, empezando por Abraham, dice: “Abraham engendró a Isaac”; y ¿por qué no menciona a Ismael, engendrado primero? Y en seguida: “Isaac engendró a Jacob”; y ¿por qué no dijo a Esaú, que era el primogénito? Porque por la línea de éstos no podía llegar hasta David

San Agustín, de civitate Dei, 15,15

¿cómo estaba compuesto el Sanedrín?



Según narran los hermanos Lémann, el «gran concejo» (como también se lo llamaba), era la alta corte de justicia o el tribunal supremo de los judíos. Etimológicamente el término proviene del griego, sünedrion que significa «asamblea de gente sentada»; el mismo fue establecido en Jerusalén después de la cautividad de Babilonia bajo el modelo del famoso concejo de los setenta ancianos creado por Moisés en el desierto (Deut. 17, 8). Su aparición más notable surge en la época macabea. Algunos historiadores señalan su fundación bajo el gobierno de Judas Macabeo, mientras que otros establecen su erección bajo el liderazgo de Jonathan. Sea como fuere su existencia está situada entre el 170 y el 106 a.C.

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Jesucristo

Flavio Josefo (37 al 97 d.C.)[ 3]: este historiador hebreo, en su libro titulado Las antigüedades judías, Cap. XVII, nos dice:

«Aunque Pilato, ante la denuncia de los primeros hombres entre nosotros, le condenó a la cruz, no le abandonaron los que desde el principio le habían amado».

Servidores de la oración



Los ministros ordenados son también responsables de la formación en la oración de sus hermanos y hermanas en Cristo. Servidores del buen Pastor, han sido ordenados para guiar al pueblo de Dios a las fuentes vivas de la oración: la palabra de Dios, la liturgia, la vida teologal, el hoy de Dios en las situaciones concretas (cf PO 4-6).

La formación cristiana



los Cristianos tenemos el deber de formarnos y conocer a fondo nuestra fe, pues como nos lo dijo nuestro primer Papa, el apóstol San Pedro: estad “siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3,15)

LA TRADICIÓN DE LA ORACIÓN



La oración no se reduce al brote espontáneo de un impulso interior: para orar es necesario querer orar. No basta sólo con saber lo que las Escrituras revelan sobre la oración: es necesario también aprender a orar. Pues bien, por una transmisión viva (la sagrada Tradición), el Espíritu Santo, en la “Iglesia creyente y orante” (DV 8), enseña a orar a los hijos de Dios

La tradición de la oración cristiana es una de las formas de crecimiento de la Tradición de la fe, en particular mediante la contemplación y la reflexión de los creyentes que conservan en su corazón los acontecimientos y las palabras de la Economía de la salvación, y por la penetración profunda en las realidades espirituales de las que adquieren experiencia (cf DV 8).

Confrontación

«Ahora estamos parados frente a la mayor confrontación histórica que la humanidad ha experimentado alguna vez.
No creo que el gran círculo de la Sociedad Americana, o de todo el amplio círculo de la comunidad cristiana se dé cuenta de esto completamente.
Ahora nos enfrentamos a la confrontación final entre la Iglesia y la anti-iglesia, entre el Evangelio y el anti-evangelio, entre Cristo y el anticristo.
El enfrentamiento se encuentra dentro de los planes de la Divina Providencia. Está, por lo tanto, en el plan de Dios, y debe ser un juicio que la Iglesia debe asumir y afrontar con valentía.
Tenemos que estar preparados para someternos a grandes pruebas en un futuro no muy lejano. Pruebas que nos obligarán a estar dispuestos a renunciar a incluso nuestras vidas.
Y una entrega total de sí mismos a Cristo y para Cristo.
A través de sus oraciones y la mía, es posible aliviar esta aflicción, pero ya no es posible para evitar que suceda. ¡Cuántas veces la renovación de la Iglesia ha sido a través de la sangre! No va a ser diferente esta vez».
San Juan Pablo II

Papa Inocencio III

(8 de enero de 1198 -16 de julio de 1216)
En la parte superior se encuentran tres relieves: Cristo (el central), y a los laterales se encuentran San Francisco de Asís (derecha) y Santo Domingo de Guzmán (izquierda). Estos fueron los dos grandes santos fundadores cuyas órdenes religiosas fueron aceptadas en la Iglesia católica por mandato de Inocencio III: la Orden Franciscana y la Orden Dominica.
Tumba de Inocencio III en San Juan de Letrán.

Regresen



Si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo acebuche, fuiste injertado en ellas y hecho partícipe de la raíz, es decir, de la pinguosidad del olivo, no te engrías contra las ramas. Y si te engríes, ten en cuenta que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Pero dirás: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. Bien, por su incredulidad fueron desgajadas, y tú, por la fe, estás en pie, no te engrías, antes teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará». SAN PABLO (Rom 11, 17-21)

Damaso I

Al papa san Dámaso, conocido por sus poesías y epitafios a los mártires de las persecuciones a los cristianos durante el Imperio Romano, el Liber Pontificalis lo considera de origen español y dice también que su padre era un notario de la Iglesia en Roma. Vivió de niño la euforia provocada por la libertad al cristianismo otorgada por el emperador Constantino en torno al 313. De joven, entró al servicio de la Iglesia, llegando a ser uno de los siete diáconos de Roma. Era culto, de gran virtud y de reconocidas dotes literarias.
Cuando el emperador Constancio desterró el año 355 al papa Liberio por negarse a condenar a Atanasio de Alejandría (2 may.), se puso de acuerdo con el clero romano en no elegir sucesor. No obstante, fue designado Félix, pero él mantuvo la fidelidad a Liberio hasta que murió, el año 366. El clero y el pueblo romano eligieron a Dámaso para sucederle, siendo consagrado por el obispo de Ostia en la basílica de San Juan de Letrán.
Lo que se conoce de su vida es, sobre todo, a partir de su elección al pontificado, que ejerció durante algo más de 18 años. Fue un firme y decidido defensor del primado de Pedro y le tocó defenderse, primero, de su rival Ursino, que le disputó la sede de Roma. Tuvo que afrontar también movimientos heréticos, y fue muy cauto en relación con las personas que los sostenían, convocando concilios para ratificar la sana doctrina en los años 371, 374 y, sobre todo, el del año 382 para solucionar los problemas con la Iglesia oriental, solicitado por san Ambrosio de Milán (7 dic.). A él acudió san Jerónimo (30 sep.), que así tuvo ocasión de tratar con el anciano papa Dámaso, el cual quedó impresionado por la cultura bíblica de Jerónimo. Por eso le encargó preparar un texto fidedigno de la Biblia en latín, la conocida Vulgata. El papa Dámaso era muy culto; tenía una buena biblioteca. De niño había oído referir los heroicos martirios de los cristianos, le habían impresionado vivamente, y no quiso que se perdiera su recuerdo. Fue testigo de la construcción de las grandes basílicas por el emperador Constantino, y sabía que en el subsuelo de Roma se escondían las reliquias de muchos mártires, por lo que promovió obras que facilitaran el acceso a las catacumbas y emprendió la tarea de localizar fidedignamente sus sepulcros. Por su parte, escribió los famosos Epigramas sobre muchos de ellos.
Hizo de su casa un templo, dedicado a san Lorenzo (10 ago.), el conocido San Lorenzo in Damaso. Sus restos mortales fueron colocados debajo del altar mayor.