La teoría de la evolución es una hipótesis científica (como católico yo no tengo mayor problema en esto) pero dentro de sus límites. La teoría de la evolución nos explica bastante bien cómo con base en un proceso puramente material surge la complejidad de los diferentes seres vivos materiales.
Por tanto, el ámbito al que propiamente se circunscribe la teoría de la evolución es al material y, por ello, el creyente no debe tener ningún problema en aceptarla como hipótesis científica plausible.
El problema es cuando se la acepta como doctrina filosófica, cosa que no es. La aceptación de la teoría de la evolución no tiene por qué necesariamente llevar al materialismo ontológico. Por ejemplo, uno puede, como creyente, muy razonablemente creer que efectivamente Dios quiso realizar una «creación evolutiva» (ojo, esto no es ningún invento, era ya algo planteado a inicios del siglo xx por el filósofo teísta Henri Bergson) y que en función de posibilitar la vida en general, y vida inteligente en particular, ajustó las condiciones iniciales del Big Bang para que en algún momento se diera eso. Entonces, diversos seres fueron generándose y en particular hubo una especie de primates que, más o menos con la dinámica de «homo habilis» (manipulando objetos e interactuando con el ambiente), llegaron a
desarrollar un alto grado de inteligencia sensitiva (la que se refiere al manejo idóneo de lo material pero que, a diferencia de lo que sucede con el proceso de trabajo consciente, no lo trasciende).
Eran, pues seres materialmente idóneos para que Dios les pudiera transferir la facultad espiritual (que, al ser inmaterial, no puede surgir primariamente de lo material). De este modo, gracias a esta facultad, se pasaría del proceso de «hominización» (evolución de primates) al proceso de «humanización» (evolución histórico-cultural del hombre). Así, si bien «la formación de un organismo semejante al del hombre actual ha podido llevar sin duda miles o tal vez millones de años (..) el paso del no-hombre al hombre no ha podido menos de ser instantáneo. Pues no hay término medio entre ellos dos (principio de tercero excluido). No hay término medio pensable entre tener esa potencialidad en cierto modo infinita propia de la raza humana, y no tenerla, entre estar embarcado en ese proceso tendencialmente infinito de transformación y crecimiento histórico, marcado por la inteligencia y la libertad, y no estarlo»
feyrazon.com
Néstor Martínez, «Sobre la evolución de la especie humana»
Néstor Martínez, «Sobre el emergentismo»
(De verdad lo recomiendo mucho para quienes quieran despejar sus dudas sobre este punto)
