San Mateo 18:23-35 «Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: `Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.’ Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó ir y le perdonó la deuda. Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: `Paga lo que debes.’ Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: `Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.’ Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: `Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’ Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.»
El Señor es mi parte de la herencia y mi copa, mi suerte está en tus manos. Me ha tocado un lote delicioso; sí, mi heredad es la más bella
la Sagrada Escritura pone de manifiesto la profunda unidad entre los dos Testamentos en virtud del paso del Templo de piedra al Templo que es el cuerpo de Cristo. No se trata de una unidad puramente mecánica: presenta un progreso que demuestra hasta qué punto la intención más honda de las palabras iniciales se cumple precisamente con el paso de la <letra al Espíritu.
Salmo 16, 5-6: las palabras empleadas para el ingreso en el estado clerical antes del concilio Desearía interpretar en primer lugar las palabras de los versículos 5 y 6 del salmo 16 que se empleaban antes del Concilio Vaticano II durante la ceremonia de tonsura que señalaba el ingreso en el clero. Estas palabras las pronunciaba el obispo y las repetía el aspirante quien, de esta manera, era recibido dentro del clero de la Iglesia: Dominus pars hereditatis meae et calicis mei1 tu es qui restitues hereditatem meam mihi: <El Señor es mi parte de la herencia y mi copa, mi suerte está en tus manos. Me ha tocado un lote delicioso; sí, mi heredad es la más bella> (Sal 16, 5-6). De hecho, lo que el salmo indica en el Antiguo Testamento es también lo que indica en la Iglesia: la admisión en la comunidad sacerdotal. Este pasaje recuerda que tanto las tribus de Israel como cada familia encarnaban la herencia de la promesa de Dios a Abrahán; lo cual tenía SU expresión concreta en el hecho de c que cada: familia obtenía en. herencia una porción de la Tierra prometida, que pasaba a ser de su propiedad. La posesión de una parte de la Tierra Santa proporcionaba a cada familia la seguridad de participar de la promesa. Cada una de ellas obtenía la cantidad de tierra que necesitaba para vivir. La historia de Nabot (1 R 21, 1-29), que se negó a entregar su viña a Ajab aun cuando este último estuviera dispuesto a pagarle su precio, muestra claramente la importancia de esta parte concreta de la herencia. Para Nabot la viña era algo más que una valiosa parcela de terreno: significaba su participación en a promesa hecha por Dios a Israel. Si bien los israelitas disponían de un terreno que les garantizaba lo necesario para vivir, la tribu de Leví, por su parte, presentaba una particularidad: era la única que no poseia tierra en herencia. El levita no disponía de tierras y, por lo tanto, quedaba privado de los medios de subsistencia que se obtenían directamente de ellas. Vivía únicamente de Dios y para Dios, lo cual en la práctica implicaba que debía vivir – conforme a determinadas normas — de las ofrendas sacrificiales que Israel reservaba para Dios. Esta figura veterotestamentaria se realiza de un modo nuevo y más profundo en los sacerdotes de la Iglesia, quienes deben vivir solamente de Dios y para Él. San Pablo especifica con toda claridad lo que eso implica en concreto. El apóstol vive de lo que le dan los hombres, ya que él les da a ellos la Palabra de Dios, que es nuestro verdadero pan y nuestra verdadera vida. En el Antiguo Testamento los levitas renuncian a poseer una tierra. En el Nuevo Testamento esa privación se transforma y se renueva: dada su radical consagración a Dios, los sacerdotes renuncian al matrimonio y a la familia. La Iglesia ha interpretado con este sentido la palabra <clero>. Ingresar en el clero significa renunciar a su núcleo vital y aceptar solo a Dios como sostén y garante de su propia vida. El verdadero fundamento de la vida del sacerdote, la sal de su existencia, la tierra de su vida es Dios. El celibato que practican los obispos de toda la Iglesia oriental y occidental -y, según una tradición que se remonta a una época cercana a la de los apóstoles, los sacerdotes de la Iglesia latina en general solo se puede comprender y vivir de forma irrevocable sobre este fundamento. Esta es una idea sobre la que medité detenidamente durante el retiro que prediqué para Juan Pablo I1 y la Curia romana en la Cuaresma de 1983[1 1]: <Para que esto se haga realidad no es preciso llevar a cabo grandes transposiciones en nuestra propia espiritualidad. Pertenecen a la esencia misma del sacerdocio aspectos tales como el estar expuesto del levita, la carencia de una tierra, el vivir proyectado hacia Dios. El relato de la vocación de Lucas (5, 1-1 1), que consideramos un principio, concluye lógicamente con estas palabras: «Ellos 1o dejaron todo y le siguieron» (v. 1 1). Sin ese despojarse de todas nuestras posesiones no hay sacerdocio. La llamada al seguimiento de Cristo no es posible sin ese gesto de liber tad y de renuncia ante cualquier compromiso. Creo que, bajo esta luz , adquiere todo su profundo significado el celibato como renuncia a un futuro afincamiento terreno y a un ámbito propio de vida familiar, más aun, se hace indispensable para asegurar el carácter fundamental y la realización concreta de la entrega a Dios. Esto significa, claro está, que el celibato impone sus exigencias respecto a toda forma de plantearse la existencia. Sobre todo, no puede consolidarse si no hacemos de ese nuestro habitar en la presencia de Dios el centro de nuestra existencia. El salmo 16, como el salmo 1 19, acentúa vigorosamente la necesidad de una continua f amiliaridad meditativa con la palabra de Dios; únicamente así puede esta palabra convertirse en morada nuestra. El aspecto comunitario de la piedad litúrgica, que esta plegaria sálmica necesariamente implica, queda de manifiesto cuando el salmo habla del Señor como «mi cáliz» (v. 5). Según el lenguaje habitual del Antiguo Testamento, esta alusión se refiere al cáliz festivo que se hacía pasar de mano en mano durante la cena cultual, o al cáliz fatídico, al cáliz de la ira o al de la salvación. El orante sacerdotal del Nuevo Testamento puede encontrar aquí indicado, de un modo particular, aquel cáliz por medio del cual el Señor, en el más profundo de los sentidos, se ha hecho nuestra tierra, el Cáliz eucaristico, en el que él se entrega como vida nuestra. La vida sacerdotal en la presencia de Dios viene de este modo a realizarse de una manera concreta como vida que vive en virtud del misterio eucarístico La Eucaristía, en su más prof unda significación, es la tierra que se ha hecho nuestra heredad y de la que podemos decir: «Me ha tocado un lote delicioso; sí, mi heredad es la más bella» (v. 6)>. Guardo en mi memoria el vívido recuerdo de la víspera del día de mi tonsura, cuando estuve meditando este versículo del salmo 16.De pronto comprendí lo que el Señor esperaba de mí en ese momento: quería disponer enteramente de mi vida y, al mismo tiempo, se confiaba enteramente a mí. Entonces entendi que las palabras de ese salmo se aplicaban a todo mi destino: <El Señor es mi parte de la herencia y mi copa, mi suerte está en tus manos. Me ha tocado un lote delicioso; sí, mi heredad es la más bella> (Sal 16, 5-6).
Joseph Ratzinger Benedicto xvI Ciudad del Vaticano, monasterio Mater Ecclesiae 17 de septiembre de 2019
Seamos, pues, humildes, hermanos, poniendo a un lado toda arrogancia y engreimiento, y locura e ira, y hagamos lo que está escrito. Porque el Espíritu Santo dice: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentia se alabe el va- liente ni el rico se alabe en suS riquezas; mas el que se alabe que lo haga en el Señor, que le busca y hace juicio y justicia Jr. 9 22-23; 1R. 2, 10; 1Cor. 1, 31; 2Cor. 10, 1 7); y, sobre todo recordando las palabras del Señor Jesús, que dijo, enseñando indulgencia y longanimidad: Tened misericordia, y recibiréis misericordia; perdo- nad, seréis perdonados Lo que hagáis, OS lo harán a vosotros. SegÚn deis, OS Será dado. Según juzguéis, seréis juzgados. Según mostréis misericordia, se os mostrará misericordia. Con la medida que midáis se os volverá a medir (Lc. 6, 36ss; Mt. 7. 1s; Mt. 5, 7; 6, 12.14; 7, 1.12; Lc. 6, 31; Mc. 4, 14;11, 25). Afiancémonos en este mandamiento y estos preceptos, para que podamos andar en obediencia a sus santas palabras, con ánimo humilde. Porque la palabra santa dice: A quién mi- raré, sino a aquel que es manso y humilde de espíritu y teme mis palabras? (Is. 66, 2)
Clemente de Roma, Epistola a los Corintios Padres Apostólicos Siglo I
San Lucas 11:27-28 Estaba él diciendo estas cosas cuando alzó la voz una mujer de entre la gente y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» Pero él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan.»
“hilo escarlata” o “el cordón carmesí”, descubrí que la imagen se utilizó como motivo de una serie de imágenes a lo largo del Antiguo Testamento que incluían sangre y de alguna manera prefiguraban la cruz. La imagen fue extraída del incidente en el libro de Josué donde a Rahab, la prostituta que ayudó a los espías hebreos en Jericó, se le dice que cuelgue un hilo escarlata de su ventana para que la marquen y la salven en el ataque que sigue. Se unió al pueblo de YHWH y parece que se convirtió en parte de la línea mesiánica.
Pero cada vez que buscaba evidencia interna en la Biblia de que esto era más que solo una herramienta para predicadores, un fragmento útil para transmitir el rico patrón de marcadores que transmiten las ideas de que el perdón cuesta sangre, una vida por una vida, no podía encontrarlo.
Pero luego descubrí algunas cosas sobre el “Hilo Escarlata” que le dieron un significado más allá de simplemente compartir el color de la sangre. Primero en la palabra “Escarlata” y luego en la palabra “Hilo”.
En Josué 2:18 la palabra escarlata es “shaniy”/”שני” y casi siempre se traduce como “escarlata”, aunque también puede referirse al tinte carmesí que hace que las cosas sean escarlatas e incluso al gusano del que proviene el tinte. En el mundo antiguo, el tinte escarlata se hacía a partir de los cuerpos triturados de las hembras preñadas de los gusanos Coccus ilicis. Algo tenía que morir para que las cosas se volvieran escarlatas.
Ahora bien, hay una segunda palabra hebrea con el mismo conjunto de significados que “shaniy”, es “towla”/”תולע” (traducida como “carmesí” o “gusano”). Ambas palabras “shaniy” y “towla” se pueden utilizar para los tres estados, la fuente, la sustancia y la consecuencia del tinte rojo, hay que deducir a partir del contexto a qué se refiere: al gusano, al tinte o al color.
Estos gusanos escarlatas/coccus ilicis tienen un ciclo de vida muy inusual, que merece una publicación por derecho propio, se ha dicho que toda la historia del evangelio está contenida en la vida del coccus ilicis, cuando lo haya escrito, ¡podrás vincularlo aquí!
Para este artículo, solo quiero destacar tres aspectos de este importante tinte. En primer lugar, era antiséptico y se usaba para limpiar; en segundo lugar, algo tenía que morir para hacerlo; en tercer lugar, se usaba como símbolo del pecado:
“ 1:18 Venid, pues, y disputemos -dice Yahvé-: Así fueren vuestros pecados como la grana, cual la nieve blanquearán. Y así fueren rojos como el carmesí, cual la lana quedarán” – Isaías 1:18
«2:18 cuando estemos entrando en el país, atarás este cordón de hilo escarlata a la ventana por la que nos has descolgado, y reunirás junto a ti en casa a tu padre, a tu madre, a tus hermanos y a toda la familia de tu padre» Josué 2:18
Así, cuando Rahab cuelga su hilo escarlata, es salvada por un cordón que simboliza la muerte, el pecado y la purificación. Inmediatamente podemos verlo como una imagen de la cruz, pero hay más…
Los espías y Rahab también duplican la palabra para referirse a un hilo, una cuerda o una cinta. La segunda palabra, “thquth”/חוט, tiene dos significados muy diferentes: puede significar “cuerda” o “cinta”, como se traduce aquí, o puede significar “esperanza” “Tiqvah”).
Así que Rahab cuelga un Hilo Escarlata, literalmente un Hilo de Esperanza, ¡esperanza de limpieza del pecado por la sangre de la vida de otro!
Por eso no es de sorprenderse que este símbolo visual, el Hilo Escarlata, haya sido elegido como símbolo de todos los incidentes en los que algo más tuvo que morir para cubrir, limpiar y remitir los pecados de los demás. Desde Génesis 3, donde un animal sin nombre entregó su piel para cubrir el pecado de Adán y Eva, pasando por el cordero pascual que salvó a todos los que estaban en la casa y el chivo expiatorio que anualmente se llevaba los pecados de una nación para ser comidos en el desierto, hasta que finalmente Jesús dio su propia sangre como remisión final y completa de todos los pecados de todas las personas para todos los tiempos (Mateo 26:28).
«9:22 pues según la Ley, casi todo ha de ser purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay remisión ” – Hebreos 9:22
«Por su fe y su hospitalidad fue salvada Rahab la ramera. Porque cuando Josué hijo de Num envió a los espias a Jericó, el rey del pais averiguó que ellos habían ido a espiar su tierra, y envió a algunos hombres para que se apoderaran de ellos y después les dieran muerte. Por lo que la hospitalaria ramera los recibió y los escondió, en el terrado, bajo unos manojos de lino. Y cuando los mensajeros del rey llegaron y le dijeron: Saca a los hombres que han venido a ti, y han entrado en tu casa; porque han venido para espiar la tierra, ella contestó: Es verdad que los que buscáis vinieron a mí, pero se marcharon al poco y están andando por su camino; y les indicó el camino opuesto. Y ella dijo a los hombres: Sé que el Seňor os ha dado esta ciudad; porque el temor de vosotros ha caido sobre sus habitantes, Cuando esto acontezca y toméis la tierra, salvadme a mí y la casa de mi padre (Josué 2, 9.12). Y ellos le contestaron: Será tal como tú nos has hablado. Cuando adviertas que estamos llegando, reunirás a los tuyos debajo de tu techo, y serán sal vos; porque cuantos sean hallados fuera de la casa, perecerán. Y además le dieron una señal, que debía colgar fuera de la casa un cordón de hilo escarlata (Josué 2 14-18), mostrando con ello de antemano que por medio de la sangre del Señor habrá redención para todos los que creen y esperan en Dios. Seis pues, amados, que se halla en la mujer no sólo fe, sino también profecía»
Christen Forster
Clemente de Roma, Epistola a los Corintios Padres Apostólicos Siglo I
¿Hay, por ventura, algo más prodigioso entre les prodigios que resucitar y vivificar los cadáveres? Pues el mismo Hijo dice: Como el Padre resucita a los muertos y los vivifica, así el Hijo vivifica a los que quiere (n. 5, 19-21). ¿Cómo obrará el Padre solo milagros, si estas palabras no permiten entenderlas del Padre solo, o del Hijo solo, sino del único y verdadero Dios, esto es, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo?
San Lucas 2:43-51 Al volverse ellos pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo su padres. Creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero, al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron quedaron sorprendidos y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.» Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos, vino a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.