Concédeme tu ayuda para dominar mis instintos, para fomentar en mí tu vida de gracia, para cumplir tus mandamientos y obtener la salvación
Evangelio
San Mateo 10:34-42
«No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual son los de su casa. «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. «Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. «Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. «Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.»
Palabra del Señor

Sobre el resultado del Simposio reflejado en el libro de la Inquisición
«En el grado en que somos responsables, junto a mi predecesor, Pablo VI, imploro perdón», escribió Juan Pablo I en la encíclica Ut unum sint en mayo de 1995. La parte en cursiva es la que particularmente interesa a este respecto, pues deja claramente establecido que se pide y pedirá perdón únicamente, como cuadra, por todo aquello de lo que somos verdaderamente responsables. ¿Y de qué eramos responsables? Eso es lo que investigó el Simposio. Habia que saber qué había de cierto y de falso en estas leyendas negras antiinquisitoriales La documentación aportada refleja que de un total de 100.000 procesos, más de la mitad de los acusados fueron absueltos y perdonados, quedando en libertad. Muchos de ellos, sin embargo, fueron posteriormente condenados por tribunales civiles. El resto de los procesados, en su mayoría, fue castigado con penas muy leves y sólo raramente se entregaba a un hereje al estado para su ejecución.
Agostino Borromeo, en ocasión a la presentación de los resultados de las investigación del Simposio, comenta que de los acusados procesados entre los años 1540 y 1700 (donde se celebraron 44.674 juicios), sólo fueron condenados a muerte el 1.8%, de los cuales sólo el 0.1% fue ejecutado por el Estado (pues el 1.7% de los condenados logró escapar o simplemente se desconocia el paradero). Traducido en números concretos, resulta que de hecho murieron 25 personas en 160 años. Cuán diferentes estas cifras a las sugeridas por la propaganda anticatólica..
En España, uno de los paises donde más activamente trabajó la Inquisición, de las cerca de 125.000 personas acusadas de brujería solo 59 fueron ajusticiadas (compárese con los reinos protestantes donde los ejecutados solo por delitos de brujeria ascienden a más 150.000). En Italia, pais notablemente más poblado, el número baja hasta 36, mientras que en Portugal se reduce a cuatro. «Si sumamos estos datos -dice Borromeo- no se llega ni siquiera a un centenar de casos, contra las 50.000 personas condenadas a la hoguera, en su mayoría por los tribunales civiles, en un total de unos cien mil procesos (civiles y eclesiásticos) celebrados en toda Europa durante la edad moderna»
Proporcionalmente, como bien denuncia el P. Jordi Rivero, las matanzas de brujas más numerosas tuvieron lugar en Suiza (se quemaron 4.000 en una población aproximada de un millón de habitantes), Polonia-Lituania (10.000 en una población de 3.400.000), Alemania (25.000 en una población de 16.000.000) y Dinamarca-Noruega (1.350 en una población de 9 70.000). El libro destruye definitiva y categóricamente, en forma cientifica, algunos de los grandes tópicos que pesan sobre la historia de la Inquisición, como la cantidad de muertes y la frecuencia del tormento. De este modo, los autores sostienen que no es cierto que la mayoría de los acusados acabasen en la hoguera, como tampoco lo es que la mayoria de las acusaciones estuviesen basadas en declaraciones obtenidas sometiendo a los prisioneros a tortura. Los autores de La Inquisición coinciden en señalar que, en contra de lo que se suele pensar, la mayor Parte de las condenas consistían en peregrinaciones, rezos, plegarias u otras penitencias espirituales.
Otra de las grandes novedades historiográficas es el intento de explicar el fenómeno inquisitorial contextualizándolo en su época. Así, aclaran, antes de emitir un juicio moral hay que entender, por ejemplo, que durante toda la Edad Media la tortura y la pena de muerte eran prácticas habituales. Conviene reiterar que el pontífice encargó personalmente a los historiadores la realización del estudio y el libro, poniendo a su disposición la documentación necesaria y sin marcar ningún tipo de requisito previo. El propio Juan Pablo II comunicó a los autores su «vivo aprecio» por el trabajo realizado y reafirmó la necesidad de que la investigación histórica contribuya a la búsqueda de la verdad.
Los frutos de esa honestidad fueron pronto evidentes. En el año 2005, al ser entrevistado por el canal History Channel, e interpelado concretamente por su opinión sobre la Inquisición, Su Santidad Benedicto XVI respondió sin tapujos lo siguiente: «La Inquisición fue un gran progreso porque desde entonces nadie puede ser condenado sin una investigación» Deberían tomar nota de esto muy especialmente los católicos; algunos siempre tan prontos a sumarse a los prejuicios del mundo contra su Iglesia.
*El Documental fue emitido por el canal History Channel en el año 2005. Disponible en italiano en el canal http://www.youtube.com. Al ser preguntado sobre la expresión «el gran inquisidor», el entonces cardenal Ratzinger explica: «<Gran inquisidor> es una dfinición histórica. Y nosotros seguimos un camino de continuidad. A la luz del concepto actual de justicia fue algo críticable, pero la Inquisición fue un progreso porque desde entonces nadie puede ser condenado sin una investigación
La Inquisición: Un tribunal de misericordia Cristián Rodrigo lturralde

Luz del mundo
Mateo
5:13 «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.
5:14 «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.
5:15 Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.
5:16 Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Oración
Ayúdame a conservar la pureza de alma , a ser modesto en mis actitudes, ejemplar en mis conversaciones y a llevar una vida ordenada
Evangelio
San Lucas 6:17-23
Bajó con ellos y se detuvo en un paraje llano; había un gran número de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos. Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas.
Palabra del Señor

¿Es justo y oportuno que tengamos que pedir perdón por los errores eclesiásticos de los siglos pasados?
Sobre la culpabilidad eclesiástica del pasado, previo a la inauguración del Simposio y refiriéndose a las distintas acusaciones que caen sobre la Iglesia, preguntaba retóricamente Juan Pablo II: «¿Es justo y oportuno que tengamos que pedir perdón por los errores eclesiásticos de os siglos pasados? Es justo si se han demostrado históricamente con investigaciones objetivas y, sobre todo, sin valoraciones anacrónicas (algo que no siempre sucede)». A su vez, en el ano 1996 el arzobispo Sebastiani expresaba lo siguiente: «La comisión está convencida de que esta elección favorecerá a una comprensión de los hechos realmente acontecidos, ayudará a hallar la verdad histórica sin condicionantes subjetivos y polémicos, y servirá como base para la creación de una nueva cultura no basada en prejuicios. Al mismo tiempo responderá al deseo del Santo Padre de realizar gestos concretos de perdón»
El Simposio organizado en Roma entre el 29 y el 3 1 de octubre del año 1998, significó sin dudas un suceso histórico sumamente trascendental, no sólo por la temática propuesta, sino por las magnánimas condiciones en que fue organizado, La finalidad del Simposio era investigar profundamente, y de una forma objetiva y serena, qué habia sido lo que realmente sucedió en los más de tres siglos y medio de existencia de este Tribunal. «La Iglesia -puntualiza la Comisión Teológica Internacional- confia la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional ideológico», Para la ocasión se convocó un equipo interreligioso de más de cincuenta expertos de distintas naciones y lineamientos ideológicos, a quienes no se puso más condicionamiento que la búsqueda de la verdad, fuera cual fuera asegurándoles un perfecto marco de objetividad. Para todo esto se dispuso la facilitación de todos los archivos vaticanos, tanto los que le eran favorables como los que podrían perjudicarle «A ellos -puntualiza en las Actas el cardenal Etchegaray- no se les pedía otra cosa que exponer con el máximo rigor metodológico posible, pero tambiến con la máxima libertad, el resultado de sus investigaciones».
Hay que hacer notar que la apertura de los archivos de la Inquisición no constituía novedad alguna, pues ya había sido ordenada -según tenemos noticia-en otras dos oportunidades: la primera en la década de 1840 y la segunda en 1881. Esto demuestra claramente que la Iglesia jamás temió a la verdad histórica: siempre se sometió al «archivo en forma voluntaria en todo momento y en todo lugar. Siempre lo ha hecho con genuina humildad y apertura. Esto decia el Papa Montini, Paulo VI, a principios de su pontificado: Debemos aceptar las críticas que nos rodean con humildad, reflexión y hasta con reconocimiento. Roma no necesita defenderse haciendo oidos sordos a las sugerencias que le llegan de voces sinceras y mucho menos si dichas voces son las de amigos y hermanos. A las acusaciones, tan a menudo infundadas, dará respuesta, y a su honor, defensa; pero nunca con altivez, enrevesamiento ni polémica
El Simposio convocado por Juan Pablo II será organizado por el cardenal francés George Cottier (miembro de la Comisión Histórico-Teológica del Comité para el Gran Jubileo del Año 2000) y sus investigaciones culminarian en junio del 2004, seis años después de su inauguración, fecha en la que serían editados sus resultados y conclusiones. Éstas serían recogidas en «Actas» en un libro titulado La Inquisición, de casi mil páginas, siendo Agostino Borromeo -profesor de historia en la Universidad La Sapienza- el coordinador de este extenso volumen La obra en cuestión recoge la opinión de decenas de historiadores y teologos al respecto del Santo Tribunal. El 9 de noviembre 1998, a poco de concluido el Simposio, en una entrevista concedida por el cardenal Cottier a la agencia de noticias Zenit 29, se encuentran valiosísimos apuntes y juicios sobre el asunto:
No podemos pedir perdón por pecados inventados\[..
La historia de la Inquisición no es la historia de Iglesia. La Iglesia es santa y da siempre frutos de santidad. Pero con esto no quiero decir que la Iglesia esté compuesta sólo de hombres santos, sino que produce frutos de santidad, en cada generación, también en nuestra época. La Inquisición ha sido una institución eclesiástica y temporal que ha tenido ciertamente grandes defectos con sus consiguientes efectos negativos, pero éste no es el camino de la Iglesia, La Iglesia, como esposa y cuerpo de Cristo, tiene que gozar de toda nuestra confianza y, cuando hace penitencia, como indica Juan Pablo II en la carta apostólica Tertio Millennio Adveniente, «está cumpliendo un acto de lealtad y valentía que nos da nuevas fuerzas para afrontar el presente». Sólo cuando se hace un esfuerzo por pensar como razonaban las personas de aquel tiempo es posible comprender por qué tanta gente excelsa y de gran fe no experimentó los interrogantes que planteaba esta institución. [.]
Hoy vivimos en una sociedad pluralista en la que la distinción entre poder temporal y espiritual es mucho más clara que en el pasado y esto representa un gran cambio. A partir de esta consideración, hay que hacer una reflexión teológica. Pero quisiera añadir que la realidad moderna es paradójica. Hoy día vemos cómo muchas personas critican las prácticas violentas de la Inquisición, y cómo luchan contra la pena de muerte, pero al mismo tiempo asistimos a la liberalización del aborto y de la eutanasia. De este modo, constatamos que el progreso de la conciencia no es lineal: se pueden dar pasos adelante en un campo y pasos atrás en otro. Si, además, somos testigos de cómo algunos sistemas totalitarios, en nombre de la «Razón de Estado», no han dudado en cometer masacres y torturas de masa, entonces comprenderemos la complejidad de la historia. El hombre está llamado a la santidad, pero es pecador y el pecado forma parte de la historia. Los santos viven la vida evangélica, incluso aquellos que aceptaron la Inquisición, vivieron según esta senda. Uno de ellos fue, por ejemplo, San Pedro mártir de Verona, quien es recordado en el calendario,
Tenemos que pedir perdón también por algunos pecados cometidos en la historia. Pero se corre el riesgo de pedir perdón por hechos que nunca existieron. El Papa habla de purificación de la memoria. Esto quiere decir que tenemos que purificar nuestra imagen del pasado de los errores que son promovidos por la propaganda. La idea horrorosa de la Inquisición difundida entre la opinión pública es seguramente exagerada. Por este motivo, hemos decidido escuchar a los historiadores para que nos digan qué fue exactamente la Inquisición. La petición de perdón debe formularse basándonos en la información más exacta posible. Éste era el objetivo fundamental del Simposio y estamos contentos por los resultados alcanzados. La Inquisición -concluye Cottier- combatió un mal real, la herejía, que amenazaba la fe y destruia la unidad de la Iglesia. Luchar contra las ideas peligrosas sigue siendo una necesidad en nuestra época.
Agrega: jpII «Sin embargo, no debemos dejar de subrayar que, aun cuando los errores e injusticias hayan sido cometidos por los mayores responsables de la Iglesia, esta seguirá siendo capaz de generar frutos extraordinarios de santidad y así seguir siendo siempre la Esposa de Cristo, santa e inmaculada. Dicha afirmación parece particularmente justa respecto al pueblo fiel, el cual, al no saber hacer distinciones teológicas, vería afectada su serena adhesión al misterio eclesiástico por obra de estas autoacusaciones. Refiriéndose a un «curioso acto de fe» dice: «En cambio, puede ser gratificante destacar que la satisfacción de los no creyentes al acusar a la Iglesia de haber cometido injusticias a lo largo de su historia es un implícito acto de fe en la Esposa de Cristo, que continúa presente y activa en todas las épocas con la identidad inalterada. Es una permanencia singular, que no puede reconocerse a ningún otro organismo social», cit. en Luigi Accattoli, ob. cit., Pp.68-70 25 Cit. en Luigi Accattoli, ob., cit. p.79 26 Memoria.., 4.2
Al respecto se expresaría Juan Pablo II: «El Archivo vaticano, abierto a la consulta de los estudiosos por la sabia clarividencia de León XIII en el año 1881, ha sido punto de referencia de enteras generaciones de historiadores, más aún, de las mismas naciones europeas, que, para favorecer las investigaciones en un scrinium tan antiguo y rico de la Iglesia de Roma, han fundado en la ciudad eterna instituciones culturales específicas. Hoy no sólo se acude al Archivo secreto para investigaciones eruditas, ciertamente útiles y dignísimas, sobre periodos lejanos de los nuestros, sino también para intereses que atañen a épocas y tiempos cercanos a los nuestros, incluso muy recientes. Lo demuestran los primeros frutos que ha producido hasta hoy la reciente apertura del pontificado de Pío XI los estudiosos, que decidí en junio de 2006. A veces, las investigaciones, los estudios y las publicaciones, además de despertar un interés principalmente histórico, pueden suscitar también algunas polémicas. A este respecto, no puedo por menos de alabar la actitud de servicio desinteresado y ecuánime que ha prestado el Archivo secreto vaticano, manteniéndose alejado de estériles y a menudo también débiles visiones históricas partidistas y ofreciendo a los investigadores, sin barreras o prejuicios, el material documental que posee, ordenado con seriedad y competencia». La mayor parte de las actas se encuentran disponibles en el AHN (Archivo Nacional de Madrid). Según los registros del Centro de Estudios Inquisitoriales, volcados en los voluminosos tomos Historia de la Inquisición en España y América, existen además del Archivo Nacional de Madrid y el de Simancas otros importantes fondos documentales. En el Museo Británico se conservan varios restos documentales. Entre sus fondos sobresalen los dos volúmenes catalogados con las signaturas EG. 457-458, que llevan el título de Diccionario de las leyes de la Inquisición. E. Llamas asegura que gracias a esos dos volúmenes se pueden conocer en su totalidad hasta mediados del siglo xvii, la legislación inquisitorial, las leyes y disposiciones que regulaban la actuación de sus ministros, y los ámbitos de su competencia, la fecha de su promulgación, su valor positivo, como afirmación, corrección o retractación de leyes anteriores, etc. También existe importante documentación del tribunal en la Biblioteca de Oxford, como así también en Roma, Bélgica y Dinamarca. En la biblioteca Nacional de Francia se encuentran los 19 volúmenes de los archivos secuestrados por Llorente durante la ocupación francesa. En EEU U existen otros fondos inquisitoriales, entre los que se destacan especialmente aquellos ubicados en la biblioteca publica de Nueva York, en el Oklahoma Thomas Gilcrease Institution, y en la LEA Library de Filadelfia.
Concilio Vaticano I, cit., vol. 3, p.10
Entrevista a Georges Cottier, 9 de noviembre de 1998, Ciudad del Vaticano, cfr. http://www.apologetica.org/inqui.htm. Recogida integra también por la agencia de noticias Aceprensa, el 11 de noviembre de 1998, cfr. http://www.aceprensa.com/artícu- los/1998/nov/11/el-juicio-sobre-la-inquisici-n-en-su-contexto-hist/. De la misma opinión fue el obispo Rino Fisichella, auxiliar de Roma y vicepresidente de la Comisión Teológico-Histórica: «La Inquisición eclesiástica nació para defender la verdad. Se puede discutir sobre los medios que empleó, pero el objetivo sigue siendo válido. Los instrumentos utilizados en la época eran los comunes, los que la sociedad empleaba». Agrega: «En su componente espiritual, la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo; pero también vive en la historia y está compuesta por hombres de su tiempo. En el Medievo, nadie podía pensar con la conciencia que tenemos actualmente. La historia está hecha así, tiene sus tiempos. Y hay que tener en cuenta las realidades históricas en las que se vive. Hoy nadie podría pensar que la defensa de la verdad pueda realizarse con instrumentos coercitivos. Pero esto podemos decirlo ahora, con una conciencia nueva, modificada en el tiempo» (cit. en el link recién mencionado).
El Documental fue emitido por el canal History Channel en el año 2005. Disponible en italiano en el canal http://www.youtube.com. Al ser preguntado sobre la expresión «el gran inquisidor», el entonces cardenal Ratzinger explica: «Gran inquisidor» es una definición histórica. Y nosotros seguimos un camino de continuidad. A la luz del concepto actual de justicia fue algo críticable, pero la Inquisición fue un progreso porque desde entonces nadie puede ser condenado sin una investigación

Fijemos
Por lo cual seamos obedientes a su voluntad excelente y gloriosa, y presentémonos como suplicantes de su misericordia y bondad, postrémonos ante Él y recurramos a sus compasiones prescindiendo de labores y esfuerzos vanos y de celos que llevan a la muerte. Fijemos nuestros ojos en aquellos que ministraron de modo perfecto a su gloria excelente. Miremos a Enoc, el cual, habiendo sido hallado justo en obediencia, fue arrebatado al cielo y no fue hallado en su muerte, Noé, habiendo sido fiel en su ministerio, predicó regeneración al mundo, y por medio de él el Señor salvó a las creaturas vivientes que entraron en el arca de la concordia
Clemente de Roma, Epistola a los Corintios
Padres Apostólicos Siglo I

Que estás en los cielos
Que estás en los cielos
Con las palabras «que estás en los cielos» se nos da confianza para orar, por tres motivos: por el poder de Aquel a quien se pide; por la familiaridad con Él; y por la conveniencia de la petición.
1. El poder de Aquel a quien se pide es sugerido si por cielos entendemos los cielos materiales. Pues aunque no está Él limitado por los cielos materiales como se lee en Jeremías 23, 24: Yo lleno el cielo y la tierra; sin embargo se dice que Él está en los cielos materiales para indicar dos cosas: tanto la virtud de su poder como la sublimidad de su naturaleza.
a. Lo primero es contra los que dicen que todo ocurre necesariamente por la determinación de los cuerpos celestiales: tanto que sería inútil pedirle algo a Dios por la oración. Pero esto es una estulticia, porque si se dice que Dios está en los cielos es precisamente como Senor de los mismos cielos y de las estrellas, conforme al Salmo 102, 19: «El Seňor en el cielo asentó su trono».
b. Lo segundo es contra aquellos que al orar idean e inventan imágenes corporales de Dios. Por eso se dice que está en los cielos para que por aquello que en las cosas sensibles es lo más elevado, se exprese que la divina sublimidad todo lo excede, aun los deseos y la comprensión de los hombres; de modo que todo lo que se pueda pensar o desear es menor que Dios. Por lo cual se dice en Job 36, 26: «iQué grande es Dios, que sobrepuja a nuestra ciencia!»; en el Salmo 112, 4: «Excelso es el Señor sobre todas las gentes»; en Isaias 40, 18: ¿A quién ha béis asemejado a Dios?»
2. La familiaridad con Dios se nos muestra si por cielos se toma a los Santos. En efecto, ya que algunos dijeron que El por su excelsitud no cuida de las cosas humanas, conviene saber que está muy cerca de nosotros, o más bien nos es íntimo, pues se dice que está en los cielos, esto es, en los Santos, a quienes se les llama cielos, conforme al Salmo 18, 2: «Los cielos cuentan la gloria de Dios»; y Jeremías 14, 9: «Tú, Señor, estás con nosotros»
Comentarios sobre el Padre Nuestro y los Diez Mandamientos. Santo Tomás de Aquino

La verdad de los hechos
Evangelio según san Mateo, 11: 2- 6 Y habiendo oído Juan en la cárcel las obras de Cristo, envió a dos de sus discípulos, y le dijo: «¿ Eres Tú el que has de venir o esperamos a otro?» Y respondiendo Jesús, les dijo: «Id y anunciad a Juan lo que habéis oído y lo que habéis visto: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados, y bienaventurado el que no fuere escandalizado en Mí». (vv. 2- 6)
Puede darse, en sentido místico, al hecho de Juan una interpretación más amplia, de suerte que el profeta aunque la ley haya tomado otra forma, no la saca fuera de las condiciones ordinarias de su profecía. Porque la ley anunció a Cristo y predicó el perdón de los pecados y prometió el reino de los cielos y Juan completó toda esta obra de la ley. La Ley estaba como aprisionada por los pecados del pueblo y encerrada en una cárcel cubierta de cadenas a fin de que no pudiese conocer a Cristo. Cuando la ley cae, ella misma envía a contemplar los Evangelios, a fin de que la incredulidad se vea forzada a comprobar la verdad de las palabras en la verdad de los hechos
San Hilario, in Matthaeum, 11
