Evangelio

San Lucas 14:26-33
«Si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. «Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: `Éste comenzó a edificar y no pudo terminar.’ O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.

Palabra del Señor

¿Dudas?



Evangelio según san Mateo, 11: 7-10 Después que se marcharon ellos comenzó Jesús a hablar a las turbas acerca de Juan. «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿A una caña agitada por el viento? ¿A un hombre vestido de ropas delicadas? Mirad, los que visten ropas delicadas están en las casas de los reyes; ¿pero qué fuisteis a ver? ¿A un Profeta? Aun os digo y más que a un Profeta, porque éste es de quien está escrito: Mira: Yo envío a un ángel mío ante tu rostro, y éste preparará tu camino delante de ti»

Había hecho lo suficiente con respecto a los discípulos de Juan, quienes se marcharon completamente convencidos acerca de Cristo por los milagros que habían visto. Pero convenía instruir a las turbas, que desconociendo las intenciones de Juan, podrían tener algunas dificultades sobre las preguntas de los discípulos de Juan. Podían efectivamente decir: ¿Quien tanto ha testimoniado sobre Cristo, piensa de otra manera y duda que el mismo sea otro? ¿A qué vienen tantos testimonios en favor de Cristo? ¿Ahora piensa de una manera diferente y duda si realmente es el mismo? ¿Es por espíritu de oposición por lo que él hace estas preguntas a Jesús mediante sus discípulos? ¿Es que la prisión había causado tanta debilidad en su alma? ¿Es que lo que dijo antes no tenía solidez ni razón de ser?

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 37,1

La oración a san Miguel tiene una explicación histórica

La oración a san Miguel tiene una explicación histórica

Las oraciones tras la missa lecta ordenadas por su predecesor el papa Pio IX eran de ámbito esencialmente mariano. ¿Por qué, pues, el papa León XII se sintió obligado a añadir esta apocalíptica oración a san Miguel contra «Satanás y los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas»? En 1931, monseñor Carl Vogl (1874-1941) contaba la siguiente leyenda sobre el origen de esta invocación:

Una circunstancia bastante particular indujo al papa León XIIl a componer esta poderosa oración. Un día, tras celebrar la misa, se encontraba en una conferencia con los cardenales. De repente, se desplomó en el suelo. Fueron convocados varios doctores y uno encontró que no tenia pulso la escasa vida parecía haberse ido del frágil y anciano cuerpo. Repentinamente se recompuso y dijo: «Qué horrible visión he tenido». Habia visto las épocas venideras, los seductores poderes y los demoníacos desvarios contra la Iglesia en todas las naciones. Pero en el momento de mayor angustia, san Miguel apareció y envió a Satanás y su cohorte al abismo del infierno, Tal es la ocasión que causó que el papa León XIII prescribiese esta oración para la Iglesia universal.

Los críticos señalan que lo que monseñor Vogl cuenta en 1931 dista cuarenta y cinco años de la composición de la oración de san Miguel y su inclusión en la missa lecta en 1886. El hecho de que el papa León XII incluyese una plegaria específica a san Miguel para «nuestra protección contra la perversidad y las asechanzas del demonio» no necesitaba de una aparición mística al santo padre, Sin embargo, el cardenal Giovanni Battista Nassalli Rocca di Corneliano (1872-1952) afirmó haber escuchado esa misma historia del secretario personal del papa León XIII, monseñor Rinaldo Angeli (1851-1914) en repetidas ocasiones, Repetida muchas veces por el secretario de mayor confianza del santo padre, que estuvo su lado a lo largo de todo Su pontificado, monseñor Rinaldo Angeli. El papa León XIII tuvo, en verdad, una visión de espíritus demoníacos, que se estaban reuniendo en la Ciudad Eterna [Roma]. De esa experiencia -que compartió con el prelado y algunos otros en confidencia- tiene su origen la oración que quería que rezase toda la Iglesia. Esta fue la plegaria que recitó (la hemos oído muchas veces en la Basílica Vaticana) con una voz fuerte y poderosa, que resonó de manera inolvidable en el silencio, bajo las bóvedas del templo más importante de la Cristiandad

No sólo eso, sino que escribió un exorcismo especial, que se encuentra en el Rituale Romanum con el título Exorcismus in Satanam et angelos apostaticos. El pontífice recomendaba a sacerdotes y obispos que este exorcismo fuese recitado a menudo en sus diócesis y parroquias por sacerdotes que hubiesen recibido las pertinentes facultades de sus ordinarios. Sin embargo, y por poner buen ejemplo, él mismo la recitaba frecuentemente a lo largo del día De hecho, otro prelado, cercano al pontífice, solía decirnos que incluso en sus paseos por los Jardines Vaticanos, tomaba un pequeño libro-gastado de tanto uso- de su bolsillo y recitaba su exorcismo con una piedad ferviente y profunda devoción. El pequeño libro lo conserva una familia noble de Roma, a la que conocemos bien

El relato del secretario personal del papa León XII añade la «explicación histórica» de que «el papa tuvo una visión de espíritus demoníacos, que se estaban reuniendo alrededor de la Ciudad Eterna.» El secretario personal del papa observa que León XIII no sólo añadió la plegaria de san Miguel al final de la missa lecta, sino que también compuso un exorcismo más largo, en 1890, para ser usado por obispos y sacerdotes de todo el mundo. Este es el testimonio del secretario del papa -el hombre más cercano al corazón, a los pensamientos y a las palabras de León XIII en estos asuntos

Traducido al inglés por Bryan González en Pope Leo XII and the Prayer to St. Michael, de Kevin Symonds, Preserving Christian Publications, Boonville, NY 2018.

TAYLOR R. MARSHALL. INFILTRACIÓN, EL COMPLOT PARA DESTRUIR LA IGLESIA DESDE DENTRO

Del brazo con los socialistas



Como resultado del proceso de transbordo ideológico, muchos católicos sociales se encontraron de brazos dados con la izquierda socialista. Lejos de ocultar esta situación, se jactaban de ella. «Yo no me arredro ante la convergencia con los socialistas declaraba Albert de Mun en 1889

«Coincidiremos incluso en muchos otros puntos. Antes que temerlo, yo me enorgullezco». Los socialistas correspondían la cortesía. El diputado A. Ferroul afirmaba: «He leido las declaraciones de De Mun. Mis amigos y yo no podemos más que aplaudir. Sus reivindicaciones no son en realidad más que las reivindicaciones formuladas por nuestros congresos socialistas» Al finalizar el siglo XIX, la convergencia con los socialistas se habia tornado completa. El más entusiasta era la Tour du Pin: «Marchamos con los socialistas»

Albert DE MUN, Discours à l’Assemblée de Romans, 10 noviembre 1889, cit. in Emmanuel BARBIER, Histoire du catholicisme libéral et du catholicisme social en France. Du Concile du Vatican à lavénement de S.S. Benoit XV (1 870-1914), Imprimerie Y. Cadoret, Bordeaux 1924, vol. I1, p. 224

A. FERROul, in «Réforme sociale», 15 mayo 1890, p. 601, cit. in Francesco S. NITTI, Il socialismo cattolico, p. 265

Jean DE FABRÈGUES, Le Sillon de Marc Sangnier. Un tournant majeur du mouvement social catholique, Libraire Académique Perrin, Paris 1964, p. 70

Conde Adrien Albert Marie de Mun, político francés

Ni la muerte poďrá privarnos del amor de Dios



No dudaba San Bernardo en proclamar las virtudes de los monjes-guerreros, ni siquiera de llamarlos mártires Si morían en combate, testimoniando a Cristo con las armas. Las palabras que usaba quizás Puedan resultar hirientes a los oídos actuales que están dispuestos a soportarlo todo en aras de lo políticamente correcto. No era ésta la actitud del santo doctor y luminaria de la Iglesia:

Marchad, pues, soldados, seguros al combate y cargad valientes contra los enemigos de la cruz de Cristo, ciertos de que ni la vida ni la muerte poďrá privarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús, quien OS acompaña en todo momento de peligro diciéndoos: Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor. iCon cuánta gloria vuelven los que han vencido en una batalla! Qué felices mueren los mártires en el combate! Alégrate, valeroso atleta, si vives y vences en el Señor; pero salta de gozo y de gloria si mueres y te unes intimamente con el Señor. Porque tu vida será fecunda y gloriosa tu victoria; pero una muerte santa es mucho más apetecible que todo eso. Si son dichosos los que mueren en el Señor, ino lo serán mucho más los que mueren por el Señor?

Bernardo de claraval

Transición

Transición

Así pues, la superación pneumatológica de la <letra> veterotestamentaria en el ministerio de la Nueva Alianza requiere siempre nuevos pasos de la <letra al espíritu. En el siglo xvi, Lutero, que se basaba en una lectura totalmente distinta del Antiguo Testamento, no fue capaz de dar ese paso. Por eso interpreta el culto veterotestamentario y el sacerdocio dedicado a él únicamente como una expresión de la <Ley>, Ahora bien, para Lutero la ley no era un camino de gracia de Dios, sino contrario a él, Por lo tanto, habia que oponer radicalmente los oficios ministeriales neotestamentarios al sacerdocio como tal.

En los años del Vaticano II este tema de la oposición entre ministerios y sacerdocio se hizo absolutamente ineludible, incluso en la Iglesia católica. De hecho, la <alegoría> en tanto que paso pneumatológico del Antiguo al Nuevo Testamento se convirtió en incomprensible. El decreto del concilio sobre el ministerio y la vida sacerdotales prácticamente no aborda esta cuestión, No obstante, en el período siguiente se ha apoderado de nosotros con una urgencia sin precedentes, transformándose en una crisis del sacerdocio que se prolonga hasta nuestra Iglesia de hoy.

Me gustaría ilustrar esta afirmación mencionando dos constataciones personales. El modo en que un amigo mío, Paul Hacker, ilustre experto en Indología, abordó este tema con su pasión habitual durante su conversión de un firme luteranismo al catolicismo ha quedado impreso en mi memoria. Para él los <sacerdotes> eran una realidad definitivamente superada en el Nuevo Testamento Con ardiente indignación, se oponía sobre todo a que en el término alemán Priester, procedente del griego presbyteros, continuara a pesar de todo resonando como de hecho sucede – el significado de <sacerdocio>, Ignoro de qué modo acabó logrando resolver esta cuestión

Yo mismo, en un congreso sobre el sacerdocio celebrado en la Iglesia inmediatamente después del concilio, me crei obligado a presentar al sacerdote del Nuevo Testamento como aquel que medita la Palabra, y no como un <artesano del culto>. Es cierto que la meditación de la Palabra de Dios constituye una tarea decisiva y fundamental del sacerdote de Dios en la Nueva Alianza. No obstante, esa Palabra se hizo carne. Meditarla significa también alimentarse de la carne que se nos entrega en la Sagrada Eucaristía como pan del cielo. Meditar la Palabra en la Iglesia de la Nueva Alianza equivale a abandonarse a la carne de Jesucristo. Este abandono implica aceptar nuestra propia transformación a través de la Cruz

Analicemos algunas etapas dentro del desarrollo concreto de la historia de la Iglesia. Se puede observar un primer paso en la institución de un nuevo ministerio. Los Hechos de los Apóstoles mencionan la sobrecarga de trabajo de los apóstoles quienes, además de su misión anunciadora y de la oración de la Iglesia, debían al mismo tiempo asumir toda la responsabilidad de la atención a los pobres. De ahí que los apóstoles decidieran consagrarse enteramente a la oración y al servicio de la Palabra. Para las tareas caritativas crearon el ministerio de los Siete, que más tarde se identificará con el diaconado. Por otra parte, el ejemplo de san Esteban demuestra que dicho ministerio no exigía una mera tarea práctica de naturaleza caritativa, sino también el Espíritu de la fe y, por la tanto, la capacidad de servir a la Palabra

Desde lo más hondo de nuestros corazones (Mundo y Cristianismo) Sarah, Cardenal Robert

Oración

Concédeme, Señor, una buena preparación para la muerte y un santo temor al juicio, para librarme del infierno y alcanzar el paraíso

Evangelio

San Mateo 5:13-19
«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.

Palabra del Señor

La Cruz de Jesucristo



es el acto de amor radical en el que se consuma realmente la reconciliación entre Dios y el mundo marcado por el pecado. De ahí que este acontecimiento, que no es en sí mismo de tipo cultual, represente la adoración suprema a Dios. En la Cruz la línea <catabática> del descenso de Dios y la línea <anabática> de la ofrenda de la humanidad a Dios se convierten en un único acto. Después de la resurrección el cuerpo de Cristo pasa a ser, a través de la Cruz, el nuevo Templo. En la celebración de la Eucaristía, la Iglesia e incluso la humanidad se ven incesantemente atraidas e implicadas en ese proceso. En la Cruz de Cristo la crítica al culto que llevan a cabo los profetas llega definitivamente a su fin. Y, al mismo tiempo, se instituye un culto nuevo. El amor de Cristo, siempre presente en la Eucaristía, es el nuevo acto de adoración En consecuencia, los ministerios sacerdotales de Israel quedan <anulados> en el servicio al amor, que simultáneamente significa adoración a Dios. Esta nueva unidad del amor y el culto, de crítica del culto y de glorificación de Dios en el servicio al amor, es sin duda una extraordinaria misión que se le confia a la Iglesia y que toda generación debe llevar a cabo

Desde lo más hondo de nuestros corazones (Mundo y Cristianismo) Sarah, Cardenal Robert