Al hombre que se rebela contra el sufrimiento (la antigüedad ya conocía tales rebeldes) se le han erigido en nuestros días grandes monumentos. La verdadera cuestión es contra quién él se rebela. Rara vez contra Dios, pues generalmente es lo suficientemente inteligente como para reconocer que un Dios cruel es una contradicción en sí mismo que, en verdad, no puede existir. En suma, rebelión contra nadie, rebelión por amor a la rebelión, como signo de la grandeza del hombre. Pero, ya que no existe nadie para verla: ella no se des vanecerá explotando, sordamente, en el vacío?
Sigmund Freud, quien sufrió lo indecible en sus últimos años, escribe en una de sus cartas: <Como yo soy profundamente no creyente, no tengo a nadie a quien culpar y sé que no existe ningún lugar donde se pueda presentar una queja‣. Pero luego, a pesar de todo, nos dice: <Si bien mi oposición, al final, se queda muda, sigue siendo, no obstante todo, un acto de oposición>. El <hombre rebelde> sabe de su intimísima contradicción.
Es difícil ordenar en este contexto los diversos modos de representarse del budismo: él es rebelión contra todo ese mundo (de apariencia) que, finalmente, será desenmascarado como sufrimiento. Pero, al mismo tiempo, él da instrucciones sobre cómo escapar de ese mundo, y así constituye un pasaje hacia el tercer tentativo de solución que trataremos. Crea una técnica para escapar del sufrimiento: sumergiéndose, gradual y-al final- definitivamente, en el nirvana. En la medida en que esa técnica posee una cualidad espiritual y exige un estricto ascetismo, ella se diferencia de métodos anestésicos baratos (tantrismo- conocido principalmente como yoga- dervichismo o, simplemente, drogas) en el hecho de ser éticamente irreprochable y de no generar remordimientos. Pero si bien en teoría ella se ofrece a todos, de hecho únicamente los elegidos pueden seguir este camino. En este sentido, también este camino sigue siendo egoísta: uno le da la espalda a este mundo en sí incurable, y de esta forma busca su salvación. Y tan solo cuando después de interminables eones todos hayan recorrido ese camino de liberación, la ilusión de este mundo, en sí sin sentido, estallará como una pompa de jabón.
Por qué el papa Benedicto XVI renunció al papado el 28 de febrero de 2013? ¿Y por qué un rayo alcanzó el Vaticano esa misma noche? ¿Fue impulsado por el escándalo del banco vaticano? ¿Fue un escándalo de tipo sexual que atania a los más altos cardenales? ¿Fue una crisis doctrinal? Todas estas dudas y preguntas se entrelazan cuando reconocemos un hecho sustancial y corroborado: la entrada de Satanás en la Iglesia católica en algún punto a lo largo del siglo pasado, o incluso antes. Durante un siglo, los dirigentes de la masonería, el liberalismo y el modernismo se infiltraron en la Iglesia con el fin de transformar su doctrina, su liturgia y su misión, de algo sobrenatural a algo secular. Los católicos se dan cada vez más cuenta del cambio de aires en la Iglesia católica. Algunos señalan al controvertido pontificado del papa Francisco. Otros, resaltan la confusión que rodea la renuncia de Benedicto XVI en 2013. Algunos están convencidos de que Juan Pablo II no fue el que pensábamos que era. La mayoría coincide en que el Concilio Vaticano II, el Novus Ordo de la Misa y el pontificado de Pablo VI trajeron una monumental confusión al seno de la Iglesia católica.
Pero ¿acaso cayó la primera pieza del dominó en 1962, con la apertura del Concilio Vaticano II? Yo sostengo que la raíz del problema se remonta a una agenda puesta en marcha más de cien años antes del Vaticano II. Se trata de una agenda para reemplazar la religión sobrenatural de Jesucristo, crucificado y resucitado, por la religión natural del humanismo y el globalismo. Recuerda a la elección primigenia de Adán y Eva para hacerse divinos a sí mismos tomando los frutos de la naturaleza, en lugar de arrodillarse para recibir los frutos sobrenaturales de la gracia divina, Lucifer también se rebeló contra Dios. En su orgullo, buscaba ascender hasta su trono, no compartiendo la vida sobrenatural de Dios, sino confiando en su propia naturaleza y, buscando la gloria, cayó en lo más profundo del abismo. Sobrenatural confiar en Dios que está por encima de lo natural- es cristiano. Naturalismo – confiar en nuestra naturaleza creada, sin la ayuda de Dios-es satanismo. La Iglesia católica está en crisis porque los enemigos de Cristo articularon sus esfuerzos para colocar a un papa al servicio de Satanás en la sede romana de San Pedro. Los enemigos de Cristo, desde Nerón a Napoleón, descubrieron que atacar o asesinar al papa sólo creaba mártires y un sentimiento de simpatía. Fue una estrategia fallida en todas las épocas. Así que, en su lugar, buscaron colocar a uno de los suyos en la cátedra de Pedro. Llevaría décadas, tal vez un siglo, crear seminarios, establecer a los sacerdotes, los obispos, los cardenales electores e incluso al papa o a los papas por ellos designados, pero valdría la pena la espera. Ha sido un plan lento, paciente, cuyo fin era establecer una revolución satánica con el papa como marioneta. Si no crees que Satanás existe, deja este libro. Es más, si crees que la Iglesia católica se puede purificar simplemente mediante la actualización de sus normas, políticas y procedimientos canónicos, te serán de poca ayuda el diagnóstico histórico y las soluciones propuestas en este libro.
San Pablo dijo: «Porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso sino contra principados contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire». (Ef 6, 12). La crisis de la Iglesia católica nos habla de la intrusión de estos «dominadores de este mundo de tinieblas», y sólo puede ser purificada por la guerra santa contra el demonio. En una homilía en la fiesta de San Pedro y San Pablo (29 de junio de 1972), y en la conmemoración del noveno aniversario de su coronación como obispo de Roma, el papa Pablo VI lamentaba:
«Diríamos que, a través de alguna misteriosa grieta -no, no es misteriosa; a través de alguna grieta, el humo de Satanás ha entrado en la Iglesia de Dios. Hay duda, incertidumbre disturbios, problemas, insatisfacción, confrontación».
Este testimonio de Pablo VI reconocía, no solamente que la Iglesia católica había experimentado una secularización, sino que el humo del propio Satanás había entrado en la Iglesia a través de una grieta. ¿Qué es este humo satánico? En la Sagrada Escritura, la palabra «humo» es utilizada alrededor de cincuenta veces. En casi todos los casos, la palabra se refiere al culto litúrgico del Dios de Israel mediante el humo del incienso y el humo del animal sacrificado como «víctima de suave olor» (Sir 38, 11). En un caso, el término «humo» es utilizado para hablar sobre el exorcismo de un demonio: «El olor del pez expulsó al demonio, que huyó volando hasta la región de Egipto. Rafael salió inmediatamente tras él y lo retuvo allí, atado de pies y manos». (Tob 8, 3). Cuando Isaias entra de manera mística en la morada celeste de Dios, hace particular mención de que «el templo estaba lleno de humo’ (Is 4). Por último, el libro del Apocalipsis detalla las columnas de humo dentro del Santo de los Santos: «Y subió el humo de los perfumes con las oraciones de los santos de mano del ángel a la presencia de Dios» (Ap 8, 4). La Escritura, pues, asocia de manera universal el humo con la adoración y la presencia de Dios. Por qué, entonces, habla el papa Pablo VI del humo de Satanás? Aunque el humo es casi siempre signo de santidad, sacrificio y adoración, en el libro del Apocalipsis encontramos varias excepciones. Observamos cómo, en repetidas ocasiones, Satanás se hace pasar por Dios, del mismo modo que los magos egipcios trataban de imitar los milagros de Moisés. Por ejemplo, el Apocalipsis presenta una perversa trinidad satánica compuesta por el diablo, un anticristo y un falso profeta. En lugar de una Santa y Virginal Iglesia esposa de Cristo, Satanás establece a una Prostituta de Babilonia montando al anticristo.
Así como vemos el sacro humo del incienso en el capítulo octavo del Apocalipsis inmediatamente después, leemos acerca del humo demoníaco de Satanás, en el noveno capítulo: «Y vi una estrella caída del cielo a la tierra. Y le fue dada la llave del pozo del abismo, y abrió el pozo del abismo; y subió humo del pozo como el humo de un gran horno, y se oscurecieron el sol yel aire por el humo del pozo. Del humo salieron langostas hacia la tierra, y les fue dado poder como el poder que tienen los escorpiones de la tierra» (Ap 9, 1-3). Este es el «humo de Satanás» al cual se refería el papa Pablo VI en 1972. Satanás es «la estrella caída del cielo a la tierra». Así como Simón recibió un nombre nuevo (Pedro) y recibió «las llaves del reino de los cielos» (Mt 16, 19), también el diablo recibió un nombre nuevo (Satanás) y recibió «la llave del pozo del abismo» Ambos, Pedro y Satanás, recibieron nombres nuevos y el poder de las llaves. Satanás es, por tanto el papa de los malditos. Que Satanás sea el papa, o padre, de los malditos, se puede deducir de la advertencia de Cristo a los fariseos: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo». El ministerio católico del papado se origina en san Pedro. Después de que Cristo preguntase a los apóstoles, «Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?», Simón responde: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». (Mt 16, 15-16). Cristo promete entonces a Pedro el oficio de administrador y ministro primado nediante el cambio de su nombre: «; Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos» (Mt 16, 17-19). Los sucesores de san Pedro son esos papas que le sucedieron como obispos de la ciudad de Roma. Para entender completamente cómo este «humo de Satanás» entró en la Iglesia católica antes de 1972, bajo el pontificado de Pablo VI, debemos comenzar con la infestación de la Iglesia católica por el naturalismo institucional, lo que nos lleva al año de Nuestro Señor de 1859.
«Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. El era homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando dice la mentira, habla de lo suyo porque es mentiroso y padre de la mentira». Jn 8, 44.
TAYLOR R. MARSHALL. INFILTRACIÓN, EL COMPLOT PARA DESTRUIR LA IGLESIA DESDE DENTRO
Se escucha también decir que, en el contexto de la grave crisis económica que estamos atravesando, una Tdl renovada sería capaz de inspirar una nueva conciencia social que ponga a los pobres en el centro de las atenciones. Tal conciencia sería legítima, incluso deseable, El problema es si la Tdl puede hacerlo. La respuesta es un rotundo No. Un análisis atento demuestra, en los hechos, cómo la Tdl no ha estado a favor de los pobres sino de la pobreza misma, obstinándose en proponer sistemas socio- económicos gue se probaron históricamente fracasados y gravemente nocivos para las clases más desfavorecidas, precisamente aquellas a quienes pretende ayudar. Con ironía, el teólogo jesuita Horacio Bojorge define a la Tdl como un «salvavidas de plomo» para los pobres. Como recuerda el Papa Emérito Benedicto XVI en una reciente entrevista, es necesario oponerse a la Tdl precisamente «por amor a los pobres y por el servicio que les es debido». A tales perplejidades se suman las aprensiones por la incidencia que la «normalización» de la Tdl pueda tener sobre la situación latinoamericana e, indirectamente, mundial. Una incidencia, lo reafirmamos, muchas veces fruto más de la manipulación propagandística que de la realidad de los hechos. La Tdl siempre se situó en la extrema izquierda del panorama político. Un eventual aval eclesiástico correría serios riesgos de ser interpretado como un apoyo político a esta izquierda. d Esta es la impresión que se quiere dar? Son muchos los que interpretan esto negativamente, comenzando por el cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima, que atribuye los recientes faux pas eclesiásticos a la «ingenuidad».
En ocasión del lanzamiento en Italia del libro del padre Gutiérrez y del Cardenal Müller, el purpurado declaró: «[ Mons. Müller] sabe de teología y está haciendo las obras completas de Ratzinger, es un hombre académico que ha estado unido al mundo universitario. Nadie duda de su capacidad intelectual […] Monseñor Müller es el encargado de defender la sana doctrina de la fe en la Iglesia, por tanto tiene que dejar esa ingenuidad y ser más prudente.Se lo digo con toda humildad». La ingenuidad puede llevar, por ejemplo, a olvidar a existencia de una potente máquina de propaganda, que escapa al control de los eclesiásticos mismos y que ciertamente se apropiará, como ya hizo, de aquello que podemos llamar la etiqueta «Teología de la liberación», cargándola con contenidos ambiguos y difusos, pero siempre favorables a la extrema izquierda, según la conocida estratagema revolucionario del «trasbordo ideológico inadvertido» denunciada por Plinio Corrêa de Oliveira.
Por ejemplo, la reciente participación de João Pedro Stédile, líder del Movimento dos Sem Terra (MST), de orientación marxista y subversiva, en un reciente congreso organizado en Roma por el Pontificio Consejo de las Ciencias Sociales y que ha sido ampliamente interpretada por la máquina de propaganda como un aval vaticano a la extrema izquierda en Brasil, sin que haya llegado ninguna aclaración de las autoridades competentes.Es ésta la impresión que se quiere dar? Para evitar manipulaciones, son necesarias claridad y definición. Claridad con la que espero que este estudio pueda contribuir. Julio Loredo Domingo de Ramos, 2014
Horacio BOJORGE, El pensamiento de Juan Luis Segundo en su contexto. Reexamen, informe crítico evaluación, Centro Cultural Católico «Fe y Razón», Montevideo 2011, p. 9.
BENEDETTO XVI, Il ricordo del Pontefice Emerito, in Accanto a Giovanni Paolo lII. Gli amici & i colla boratori raccontano, a cura di Wlodzimierz REDZIOCH, Ares, Roma 2014, p. 18.
Andrea TORNIELLI, Teologia della liberazione, Cipriani contro Müller: Sia più prudente, in «Vaticar Insider-La Stampa», 17 octubre 2013. A los elogios del cardenal Cipriani a la densidad intelectual de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, tenemos que sumar un caluroso aplauso por su: recientes tomas de posición en campo moral, a veces en abierta polémica con otros prelados,
Plinio CORRÊA DE OLIVEIRA, Trasbordo ideologico inadvertido e dialogo, Edizioni Il Giglio, Napol 2013.
San Mateo 18:1-5 En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: «¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?» Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. «Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe
La joven Laurencia, ultrajada por el comendador ante la impavidez de los varones del pueblo, les dice:
Liebres cobardes nacisteis, bárbaros sois, no españoles. Gallinas, vuestras mujeres sufrís que otros hombres gocen! Poneos ruecas en la cinta: Para qué os ceñis estoques? iVive Dios, que he de trazar que solas mujeres cobren la honra de estos tiranos la sangre de estos traidores y que os han de tirar piedras hilanderas, maricones amujerados, cobardes, Y yo me huelgo, medio-hombres, porque quede sin mujeres esta villa honrada, y torne aquel siglo de amazonas, eterno espanto del orbe
LOPE DE VEGA, Fuenteovejuna, Acto III. Escrita entre 1612 y 1614
Copia de la ilustración I. lvan Bilibin. Drama histórico. El Comendador en «Fuente Ovejuna» de Lope de Vega. 1911. El viejo teatro
El ritual es muy similar en la iniciación en el grado Caballero Masón VI de la Orden Illuminati: Se coloca [el candidato] de pie, tras el altar que está <cubierto con el paño negro, velas rojas encima e incienso encendidos, el mallete, la cruz>. Con los brazos hacia el cielo en forma de V, exclama: <A la gloria del Gran Arquitecto del Universo, Baphomet, de los Superiores Desconocidos y de la Orden Illuminati… >
El ritual sigue exponiendo la ceremonia. <Baje las manos… Coja la cruz, tírela al suelo delante del altar, cruce los brazos (el derecho sobre el izquierdo) en el pecho en forma de X con el malete en la mano derecha y exclame: jQue esta cruz, como símbolo de la muerte y de la destrucción, desaparezca del mundo! Que la luz de Baphomet la suplante! Gloria a ti, Dios verdadero, Baphomet, el dios de la luz y de la iniciación…. Esta ceremonia se repite con las mismas palabras y gestos al comenzar la iniciación en el grado Iluminado Dirigente IX>
Orden Iluminati, Organización de origen masónico
<Mazo o martillo de madera en forma de T (Tau griega) o de doble cabeza de 22 cm de largo. Es atributo y símbolo de autoridad del V. M. [Venerable Maestro de los dos Vigilantes [los que hay en cada logia]. [..] Sus golpes rituales van y marcando el desarrollo de las tenidas>, Manuel Guerra, La trama masónica, p. 387
Manuel Guerra, La trama masónica, p. 155
IGLESIA Y MASONERÍA. LAS DOS CIUDADES. Alberto Bárcena
Evangelio según san Mateo, 10: 37- 39 «El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí: y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí; el que halla a su alma, la perderá; y el que perdiere su alma por mí, la hallará». (vv. 37- 39)
Aquí se entiende por alma aquí, no la sustancia alma, sino la vida presente. Tiene el siguiente sentido: Aquel que ha hallado su alma, o sea esta vida presente, es decir, el que desea esta luz y su amor y sus placeres, con el objeto de poder tener siempre la vida que siempre deseó conservar, la perderá, esto es, se prepara para su condenación eterna
⁃Dale gracias a Dios, hermano querido, porque ha revelado en ti una atracción tan viva hacia la oración interior perpetua. En esto debes ver la llamada de Dios, y tranquilizarte. Piensa que, de este modo, ha sido puesta a prueba la conformidad entre tu voluntad y la voluntad de Dios. Es Él quien te hizo comprender que ni la sabiduría mundana, ni un deseo vano de conocer pueden guiarte a la luz celestial, a la oración interior perpetua. Lo que te llevará allí será la pobreza del espíritu, y la experiencia activa hecha con sencillez de corazón. No es ninguna maravilla el que no hayas captado a fondo lo que signifca la acción de orar; tampoco lo es que no hayas podido acercarte y llegar a esta actividad perpetua. Mucho es lo que se predica sobre la oración y hay también muchas obras sobre este tema. Pero los razonamientos de sus autores están basados en la especulación intelectual. Se asientan en conceptos de la razón humana y no en la experiencia, alimentada por la acción. Hablan más de lo que es accidental, de lo accesorio a la oración; no de su esencia. Uno explica magnífcamente por qué es necesario orar; otro habla de la fuerza y de los efectos benéficos de la oración; un tercero habla de las condiciones necesarias para poder orar bien, del celo, de la atención, del fervor del corazón, de la pureza del alma, de la exigencia de oración del corazón humano, del arrepentimiento Todos esos sentimientos son necesarios para disponerse a orar.
Pero entre los predicadores de hoy es raro encontrar una respuesta a la pregunta de qué es en verdad la oración y cómo se debe aprender a orar, que son cosas fundamentales. Y más dificiles que todas las explicaciones, porque no requieren una cultura académico-escolástica; demandan un conocimiento místico-experiencial. Y lo que es más triste: esa sabiduría primitiva, vacía lleva a mensurar a Dios con una medida humana
Apenas hacen falta ejemplos para constatar que, sea lo que sea lo que creemos que afecta los asuntos de índole práctica, no creemos que importe que un hombre sea pesimista u optimista, cartesiano o hegeliano, materialista o espiritualista. Permítanme, no obstante, escoger un caso al azar. En torno a cualquier mesa inocente, tomando un té, es fácil oír a un hombre decir: <La vida no merece la pena>. Lo aceptamos como quien acepta la afirmación de que el día es soleado. Nadie piensa que eso pueda repercutir gravemente en el hombre o en el mundo. Y, sin embargo, si esas palabras fueran ciertas, el mundo se pondría patas arriba.
A los asesinos les concederían medallas por librar a los hombres de la vida, a los bomberos se los denunciaría por impedir la muerte; los venenos se usarían como medicinas; se llamaría a los médicos cuando la gente se sintiera bien, las sociedades filantrópicas serían erradicadas como hordas de asesinos.
Y, sin embargo, nunca especulamos sobre si ese pesimista fortalece o desorganiza la sociedad, pues estamos convencidos de que las teorías no importan. Esa no era precisamente la idea de quienes nos introdujeron a la libertad. Cuando los viejos liberales suprimieron las mordazas de todas las herejías, su idea era que, de ese modo, pudieran producirse descubrimientos religiosos y filosóficos. Para ellos, la verdad cósmica era tan importante que todos debíamos poder aportar nuestro testimonio independiente. La idea moderna, por el contrario, es que la verdad cósmica importa tan poco que nada de lo que nadie diga sobre ella es relevante. Aquéllos liberaron la investigación como quien libera a un perro noble; éstos la liberan como quien devuelve al mar un pez incomestible. Jamás ha habido tan poco debate sobre la naturaleza del hombre como ahora, cuando precisamente, por primera vez, todos pueden debatir sobre ella. Las viejas restricciones implicaban que sólo a los ortodoxos se les permitía abordar el tema de la religión. La libertad moderna implica que no se permite a nadie abordarlo. El buen gusto, la última y más vil de las supersticiones humanas, ha logrado silenciarnos allí donde el resto había fracasado. Hace sesenta años era de mal gusto ser ateo reconocido. Luego llegaron los seguidores de Bradlaugh, los últimos hombres religiosos, los últimos para quienes Dios era importante. Pero no pudieron hacer nada; hoy sigue siendo de mal gusto ser un ateo declarado. Pero su agonía sólo ha conseguido que hoy sea también de mal gusto ser un cristiano declarado.
La emancipación sólo ha logrado encerrar al santo en la misma torre de silencio que ocupaba el heresiarca. Y entonces hablamos de lord Anglesey y del tiempo, y decimos que esa es la absoluta libertad de los credos.
Con todo, hay personas – entre las que me cuento- que creen que lo más práctico e importante de los hombres sigue siendo su concepción del universo. Creemos que para la propietaria de una casa de huéspedes que esté pensando en aceptar a un nuevo inquilino es importante conocer sus ingresos, pero más importante aún es conocer su filosofía. Creemos que para un general a punto de luchar contra el enemigo es importante conocer la filosofía de dicho enemigo. Creemos que la cuestión no es si la teoría del cosmos influye sobre las cosas, sino si, a largo plazo, hay alguna otra cosa que influya sobre ellas. En el siglo XV, los hombres interrogaban y torturaban a otros por predicar actitudes inmorales; en el siglo XIX, aplaudimos y elogiamos a Oscar Wilde por predicar esa misma actitud, y después le rompimos el corazón al condenarlo por llevarla a la práctica. Tal vez pueda cuestionarse cuál de los dos métodos resulta más cruel, pero no cuál resulta más descabellado. La época de la Inquisición, por lo menos, no vivio la vergüenza de crear una sociedad que convirtió en ídolo a un hombre por predicar las mismas cosas por cuya práctica le condenaron