San Mateo 25:1-13 «Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: `¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’ Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: `Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan.’ Pero las prudentes replicaron: `No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis.’ Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: `¡Señor, señor, ábrenos!’ Pero él respondió: `En verdad os digo que no os conozco.’ Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora
La Masonería nacía secreta pero también fuertemente jerarquizada en grados de iniciación, sometidos en última instancia a la autoridad de un gran maestro, elegido en la festividad de San Juan Bautista o de Verano perteneciente con frecuencia a la familia real inglesa, incluyendo al Principe de Gales, que lo fue entre 1792 y 1812. Uno de aquellos iniciales regidores, George Payne, encargó la creación del primer reglamento masónico a un clérigo presbiteriano, James Anderson, que redactó, con un grupo de asesores, las Constituciones que llevan su nombre, en 1723.23 Están dedicadas al anterior gran maestro, duque de Montagu, y supuestamente recogen información contenida en los <viejos archivos>, compilada y encuadrada en la Historia gracias al gran esfuerzo – de imaginación, cabría añadir — realizado por Anderson. Así lo afirmaba el autor de la dedicatoria, el pastor anglicano de origen hugonote Jean Théophile Désaguliers, gran maestro adjunto de la Logia de Londres, que también colaboró en la creación de la leyenda masónica. Según esa versión, la propia de la actual Masonería, esos conocimientos ocultos provienen de la anterior; una Masonería medieval u operativa que se remontaría a los gremios de albañiles de donde procede la palabra masón (magori) o francmasón. Esta última denominación no añade nada a la anterior, sino que viene a subrayar la libertad de aquellos «ancestros», constructores y albañiles, libres o francos> por la licencia de que gozaban para moverse dentro de uno o más reinos. En cualquier caso, de las antiguas fraternidades y sus escritos, aquellos clérigos ingleses borraron todo rastro de Cristianismo, utilizando leyendas anteriores de origen medieval como el Manuscrito Cooke, conservado en el Museo Británico, de las que eliminaron toda mención a Jesucristo. <Después del establecimiento de la Gran Logia, las Constituciones de Anderson en 1723 excluyen completa y enteramente toda alusión o referencia a Cristo y a su Iglesia… La intención clara de los trabajos masónicos era suministrar un sistema simbólico y alegórico para la formación del carácter y la moralidad que se basaba en modelos paganos que no puedan chocar y puedan constituir la base de la creencia en cualquier religión de prestigio>
Así explicaba el primer paso de su evolución anticristiana el <primer analista crítico de la Masonería, como le lamó Ricardo de la Cierva, Walton Hannah. Partiendo de ahí puede empezarse a explicar en qué consiste la religión masónica, supuestamente inexistente según la Masonería. Algo que el iniciado irá descubriendo en su larga ascensión de la pirámide, aunque desde el principio se le vayan inculcando las creencias de la <hermandad>: toda logia tiene dos Vigilantes, el Primero y el Segundo, sometidos a la autoridad de un Venerable Maestro; superados esos primeros grados, los <azules>, podrá traspasar el <Arco Real>, y con la mirada más clara, o más confusa, según se mire, enfrentarse a los 30, 86 u 89 que le aguardan, según el ritual observado en su Obediencia;, el Escocés Antiguo y Aceptado (REAA), el de Misraím Egipto en hebreo , o el de Memphis u Oriental; por citar solamente tres. En uno de ellos, el 29 del REAA, se dice al candidato: <Creed firmemente que lo aprendido hasta hoy es nada en comparación con los secretos que se os revelarán si sois Electo y si no os hacéis indigno>.
IGLESIA Y MASONERÍA. LAS DOS CIUDADES. Alberto Bárcena DARKNESS VISIBLE. A Revelation and Interpretation of Freemasonry WALTON HANNAH
El filósofo estadounidense Michael Sandel (1953-) aborda la problemática mercantilista en ‘Lo que el dinero no puede comprar’ (2012) en el cual plantea dos preguntas centrales:
¿Todo tiene precio en el mercado? y; Si la respuesta es afirmativa, ¿Es esto moralmente aceptable?
Algunos ejemplos aportados por Sandel incluyen pagos de presos que deseen celdas carcelarias más cómodas, U$$500,000 para adquirir la ciudadanía estadounidense, US$1 10,000-170,000 – precio actualizado – para alquilar un vientre en Estados Unidos y sumas de dinero variables para asegurar admisión a universidades de prestigio. Sandel responde negativamente a ambas preguntas. Los mercados deben tener límites morales porque su lógica transaccional terminará convirtiendo a las personas en productos no diferenciados y descartables. Además, creer que el mercado es el espacio excluyente para ejercer la libertad refleja un gran desconocimiento de las responsabilidades y potenciales consecuencias asociadas a su ejercicio. Una libertad sometida a las reglas del mercado donde predominen incentivos perversos puede derivar fácilmente en prácticas autodestructivas. La libertad conducente a la autodestrucción es una libertad deficiente porque nos impide desarrollar y expresar nuestro máximo potencial.
Evangelio según san Mateo, 10: 34- 36 «No creáis que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz, sino la espada, porque yo he venido a separar al hombre de su padre, y a la hija de su madre, y la nuera de su suegra, y serán enemigos del hombre sus mismos domésticos». (vv. 34- 36)
En sentido místico, la espada es el arma más acerada de todas las armas y es figura del poder y del juicio, de la severidad y del castigo de los pecadores. También es emblema de la palabra de Dios, enviada a la tierra para penetrar en los corazones de los hombres. Esta espada divide entre sí los cinco habitantes de una misma casa: tres contra dos y dos contra tres. Estos tres los hallamos en el hombre y son su cuerpo, su alma y su voluntad; porque así como el alma fue dada al cuerpo, así el poder de usar de uno y otro ha sido dado al hombre. Y por esta razón la Ley fue propuesta a la voluntad, como se ve desde luego en los primeros que salieron de las manos de Dios. Mas por el pecado y la infidelidad del primer padre, el pecado llegó a ser para las siguientes generaciones el padre de nuestro cuerpo y la infidelidad la madre de nuestra alma y la voluntad se adhiere a uno y a otra. Luego ya tenemos cinco habitantes en una misma casa. Cuando somos renovados por las aguas bautismales, la virtud de la Palabra nos separa de los pecados de nuestro origen y por las aberturas que hace en nosotros la espada de Dios, nos separamos de las afecciones de nuestro padre y de nuestra madre y resulta una gran lucha en la casa permanecer en esta novedad del espíritu, mientras que si desea continuar en su antiguo origen, se detiene en los placeres de la concupiscencia
El filósofo estadounidense Michael Sandel (1953-) aborda la problemática mercantilista en ‘Lo que el dinero no puede comprar’ (2012) en el cual plantea dos preguntas centrales:
¿Todo tiene precio en el mercado? y; Si la respuesta es afirmativa, ¿Es esto moralmente aceptable?
Algunos ejemplos aportados por Sandel incluyen pagos de presos que deseen celdas carcelarias más cómodas, U$$500,000 para adquirir la ciudadanía estadounidense, US$1 10,000-170,000 – precio actualizado – para alquilar un vientre en Estados Unidos y sumas de dinero variables para asegurar admisión a universidades de prestigio. Sandel responde negativamente a ambas preguntas. Los mercados deben tener límites morales porque su lógica transaccional terminará convirtiendo a las personas en productos no diferenciados y descartables. Además, creer que el mercado es el espacio excluyente para ejercer la libertad refleja un gran desconocimiento de las responsabilidades y potenciales consecuencias asociadas a su ejercicio. Una libertad sometida a las reglas del mercado donde predominen incentivos perversos puede derivar fácilmente en prácticas autodestructivas. La libertad conducente a la autodestrucción es una libertad deficiente porque nos impide desarrollar y expresar nuestro máximo potencial.
Pero la hermosura de los templos, de los ornamentos y de la sagrada liturgia, nunca opacó a Cristo en los pobres; baste para ello pasearse alrededor de una iglesia o capilla para poder ver un grupo de personas que se mueve para dar de comer, atender, vestir y ayudar a los que más necesitan. Y esto sucede a nivel mundial. No es fácil inventariar el total de instituciones de ayuda social y educativa de la Iglesia Catolica en todo el mundo. ¿Y por qué? Porque la Iglesia no es una empresa y no realiza ese inventario; se ocupa más de la caridad que de las estadísticas. Sin embargo, para quienes están dominados por la numerolatría (la adoración del número es propia de nuestra era) se han hecho algunos cómputos, que por la lentitud en la captura de información, suelen publicarse años después. Tales razones pueden hacer que los resultados difieran aunque sin contradecirse en lo esencial.
Hagamos el intento entonces, recabando los datos de diversas fuentes. Según los datos de Pedro Brunori la lista de las labores asistenciales de la Iglesia Católica son realmente impresionantes: atiende 5.900 hospitales, 16.700 dispensarios, 700 leprosarios, 12.600 hogares de ancianos, 19.509 orfanatos y guarderías, 11.500 centros de orientación familiar, 11.600 centros de educación especial y 44.500 centros asistenciales.
En total, más de 123.000 instituciones de asistencia en todo el mundo. El mismo semanario The Economist, ha reconocido que la Iglesia es la organización caritativa más grande del mundo con el mayor número de voluntarios, señalando que en casi todas las diócesis del mundo, en los países donde le es permitido, la Iglesia católica lleva a cabo algún tipo de obra social, en particular a través de Caritas. Por ejemplo, en Estados Unidos, la Caritas, que allí se conoce con el nombre de Catholic Charities, agrupa a más de 1.700 asociaciones que trabajan en las diócesis y que apoyan a más de 9 millones de personas, según ha informado la institución en 2010.
Las escuelas católicas en el tercer mundo son la red educativa más importante después del sistema educativo estatal. Sólo en el tercer mundo hay un millón de universitarios en centros católicos. Hacia el año 2000, la Iglesia administraba 408.637 parroquias y misiones, 125.016 escuelas primarias y secundarias, 1.046 Universidades, 5.853 Hospitales, 13.933 centros de acogida para ancianos y discapacitados, 74.936 dispensarios, leproserías, enfermerías y otras instituciones.
En total, la Iglesia era responsable de la educación de 55.440.887 de niños y jóvenes y se ocupaba de 687.282 centros sociales en todo el mundo. Según datos del Anuario Pontificio, facilitados en 2008, <las instituciones de asistencia y de beneficencia de identidad católica, en todo el mundo, son más de 114.738; de éstas, 5.246 son hospitales; 17.530 son dispensarios; 577 son leproserías; 15.208 son residencias de ancianos enfermos incurables y discapacitados>.
Según el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, la Iglesia católica administra y sirve el 26% de los centros hospitalarios y de ayuda sanitaria existentes en todo el mundo. Cuenta con 117.000 centros de salud (hospitales, clínicas, casas de alojamiento para huérfanos), 18.000 dispensarios y 51 2 centros para la atención de personas con lepra.
En fin. Una Iglesia que siempre fue para los pobres. Dos conclusiones obligadas debemos sacar de lo dicho; en primer lugar que, la dialéctica que intenta hacerse entre <gente pobre-Iglesia rica> nunca provino de los más necesitados, sino de los típicos ideólogos de escritorio que jamás pisaron una villa o un barrio marginal. Se critica lo que no se ve ni se conoce En segundo lugar, hay que saber que no sólo no es pecado el tener bienes sino que Dios mismo los permite para poder usarlos conforme a la virtud como viene haciendo la Iglesia a lo largo de su historia; ello no quita (sino al contrario, suma) que parte de ese uso debido también se preocupe por embellecer la casa de Dios y su adorno, pues, hasta el momento, los hombres llegamos normalmente a la contemplación de las cosas celestes, a partir de las terrenas. Quizás por eso dijo el gran Dostoievski que sólo la belleza salvará al mundo.
Para 1985 la Iglesia contaba alrededor del mundo con 45.562 jardines de infancia, con 3.786.723 de niños en ellos. De estos centros, 3.835 estaban en África, 5.331 en América del Norte, 5.857 en Hispanoamérica, 6.654 en Asia, 23.566 en Europa y 319 en Oceanía. Este mismo año dirigia 78.160 escuelas primarias y elementales con 22.390.309 alumnos; atendía 6.056 hospitales, 12.578 ambulatorios, 781 leproserías, 10.467 casas para ancianos, enfermos crónicos, inválidos y minusválidos, 6.351 consultorios familiares, 6.583 guarderías infantiles, 7.187 centros especiales de educación o reeducación social y otros 23.003 centros asistenciales (Juan García Inza, <La Iglesia Ca- tólica, la mayor ONG del mundo>
PEDRO BRUNORI, La Iglesia católica: fundamentos, personas instituciones, Rialp, Ma- drid 2000, 168 PP JESÚS COLINA, <La Iglesia Católica La mayor red caritativa del mundo- en Alfa Omega 759 (2011)
San Lucas 10:23-37 Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.» Se levantó un legista y dijo, para ponerle a prueba: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?» Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.» Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.» Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?» Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de salteadores que, después de despojarle y darle una paliza, se fueron, dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión. Acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y le montó luego sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al posadero, diciendo: `Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.’ ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» Él dijo: «El que practicó la misericordia con él.» Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo.»