San Juan 15:1-7 «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la palabra que os he dicho. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.
El hinduismo, predicando la reencarnación, quita la seriedad a la vida terrestre. Ella ya no es la prueba decisiva de la que depende toda la eternidad, sino una simple etapa, el alma debe reencarnarse -en una rata, en un perro u otro- tantas veces como sea necesario para expiar sus faltas. Por ésta misma razón, el hinduismo no conoce la misericordia (aunque trate actualmente de copiar las obras de beneficencia del cristianismo) Pasa con frialdad delante de los pobres y de los que sufren, estimando que llevan justamente el peso de sus pecados pasados
Catecismo de la crisis de la iglesia. Matthias Gaudron
Evangelio según san Mateo, 10: 1- 4 Y llamados sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos, para que los arrojasen y curasen todo decaimiento y toda enfermedad. Estos son los nombres de los doce Apóstoles: el primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón Cananeo y Judas Iscariote, que fue el que entregó a Jesús. (vv. 1- 4)
No faltaron algunos que, buscando en el hebreo la significación de la palabra griega y latina Pedro, sostuvieron que dicha palabra significa el que descalza, o el que disuelve, o el que conoce. Pero no se puede sostener semejante opinión sin venir a parar en estas dos contradicciones. La primera está basada en la propiedad de la lengua hebrea, en la que no aparece la letra P y vemos en su lugar la F; de ahí el llamar a Pilatos, Filatos o Philatos y la segunda es el sentido que le dio el Evangelista cuando nos hace mención de aquellas palabras de Jesús: «Y tú te llamarás Cephas»; palabra que interpreta el mismo evangelista por Pedro ( Jn 1,42 ). El nombre de Simón significa obediente, porque obedeció él a la voz de Andrés y en su compañía se presentó a Cristo ( Jn 1 ); o también porque obedeció los preceptos de Dios y le bastó para seguir a Cristo un solo mandato del Señor ( Mt 4 ); o también, según algunos opinan, significa dicha palabra el que olvida la pena y acepta el sacrificio, porque Pedro, con la resurrección del Señor, dejó en efecto la pena que le habían causado la pasión del Señor y su propia negación y comprendió con tristeza aquellas palabras del Señor: «Otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras» ( Jn 21,18 ). Sigue: «Y Andrés, su hermano».
9.6 a4: 9.13 a.2; In Sent. 1 d.48 q.1 a.1; 2 d.16 q.l a.l ad 3;`De Verit. q:2 a.11, q.3 a.1 ad 9; q:23 a.7 ad 9; Cont. Gentes 129; De Pot. q:7 a.7: De div. nom. c.9 lect. 3.
Objeciones por las que parece que ninguna criatura puede ser semejante a Dios. 1. Se dice en el Sal 85,8: No hay, Señor, en los dioses semejante a Ti. Pero, de entre todas las criaturas, las más sublimes son Ilamadas, por participación, dioses. Por lo tanto, mucho menos las otras criaturas pueden ser llamadas semejantes a Dios 2. Más aún. La semejanza es una cierta comparación. Pero no hay comparación entre cosas de distinto género; luego tampoco hay semejanza. Ejemplo: No decimos que lo dulce sea semejante a lo blanco. Pero ninguna criatura es del mismo género de Dios, puesto que Dios no tiene género, como quedó demostrado (q.3 a.5). Por lo tanto, ninguna criatura es semejante a Dios. 3. Todavía más. Son llamadas semejantes aquellas cosas que coinciden en la forma. Pero nada coincide con Dios en la forma, puesto que ninguna esencia es su misma existencia, sólo la de Dios. Por lo tanto, ninguna criatura puede ser semejante a Dios. 4. Por último. Entre cosas semejantes la semejanza es mutua, pues entre semejantes hay semejanza. Así, pues, si alguna criatura es semejante a Dios, Dios sería semejante a alguna criatura. Lo cual va contra lo que dice Is 40,18: ¿A quién hicisteis semejante a Dios?
En cambio está lo que dice Gén 1,26: Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra. Y 1 IJn 3,2: Cuando aparezca, seremos semejantes a Él.
Solución. Hay que decir: Como quiera que la semejanza responde a la correspondencia o comunicación en la forma, al haber muchos modos de comunicación en la forma, la semejanza será múltiple.
1) Son llamadas semejantes aquellas cosas que se comunican en la misma forma por la misma razón y en el mismo modo. Y éstas no sólo son semejantes, sino iguales en su semejanza. Ejemplo: Dos cosas blancas son semejantes en la blancura. Esta es la semejanza más perfecta. 2) Son llamadas semejantes también aquellas cosas que se comunican en la misma forma, por la misma razón, pero no en el mismo modo, sino más o menos. Ejemplo: Lo menos blanco es semejante a lo más blanco. Esta es una semejanza imperfecta. 3) En tercer lugar, son llamadas semejantes aquellas cosas que se comunican en la misma forma, pero no por la misma razón. Esto resulta evidente en los agentes no unívocos. Pues, como quiera que todo agente hace algo semejante a sí mismo en cuanto agente, y todo lo hace según su forma, es necesario que en el efecto haya alguna semejanza de la forma del agente. Así, pues, si el agente pertenece a la misma especie de su efecto, habrá semejanza de forma entre el que hace y lo hecho por la misma razón de la especie. Ejemplo: El ser humano engendra un ser humano. En cambio, si el agente no pertenece a la misma especie, habrá semejanza, pero no por la misma razón de la especie. Ejemplo: Las cosas que son generadas por la fuerza del sol, tienen alguna semejanza con el sol, pero no porque reciban la forma del sol por la semejanza en la especie, sino por la semejanza el
Así, pues, si hay algún agente que no pertenezca a ningún género, sus efectos tendrán todavía una semejanza más remota con la forma del agente. Sin embargo no participarán de la semejanza de la forma del agente por razón de la misma especie o del mismo género, sino por una cierta analogía, como el mismo ser es común a todos. De este modo, todas las cosas, que proceden de Dios, se asemejan a El en cuanto seres como al principio primero y absoluto de todo ser.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: escribe Dionisio en el c.9 De Div. Nom.10 a propósito de la Sagrada Escritura cuando dice que algo no es semejante a Dios: No se opone a la semejanza con Él. Pues una misma cosa, es semejante y desemejante a Dios. Semejante en cuanto que le imita en la medida en que puede imitarse lo que no es totalmente imitable; desemejante en cuanto que se distinguen de su propia causa. Y esto no sólo por intensidad o disminución, como lo menos blanco y lo más blanco; sino porque no hay correspondencia ni en la especie ni en el género 2. A la segunda hay que decir: Dios no es comparable a las criaturas como se comparan las cosas de género distinto sino como algo que no pertenece a ningún género y que es principio de todos los géneros 3. A la tercera hay que decir: No se dice que la criatura sea semejante a Dios por su correspondencia en la misma forma por razón del género o de la especie; sino sólo por analogía, es decir, en cuanto que Dios es el ser por esencia, y todos los demás lo son por participación. 4. A la cuarta hay que decir: Aun cuando de algún modo se concede que la criatura sea semejante a Dios, sin embargo, de ningún modo puede admitirse que Dios sea semejante a la criatura; pues, como dice Dionisio en el c.9 De Div. Nom. 1: Entre las cosas que son de un mismo orden hay semejanza mutua, pero no como entre la causay lo causado; pues decimos que la imagen es semejante al hombre, no al revés. Asi es como puede decirse de algún modo que la criatura es semejante a Dios; no, sin embargo, que Dios sea semeiante a la criatura
San Mateo 5:13-19 «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.
Mientras continuamos revisando verdades importantes de nuestra fe católica, le escribo hoy para abordar la quinta verdad de mi Carta Pastoral del 22 de agosto de 2023: «La actividad sexual fuera del matrimonio es siempre gravemente pecaminoso y no puede ser tolerado, bendecido o considerado permisible por ninguna autoridad dentro de la Iglesia.’
En el Desayuno Nacional de Oración en Washington, D.C, el 5 de febrero de 1994, Santa Teresa de Calcuta declaró proféticamente: «Una vez que el amor vivo es destruido por la anticoncepción, el aborto sigue fácilmente… Y El aborto, que muchas veces es consecuencia de la anticoncepción, lleva a un pueblo a ser espiritualmente pobre, y esa es la La peor pobreza y la más difícil de superar.»
A medida que nos acercamos al inicio del Sínodo sobre la sinodalidad, es importante que recordemos y aceptemos el profundo carácter sagrado de la unión conyugal entre marido y mujer, y la verdad de que la sexualidad. La actividad fuera del matrimonio es siempre un pecado grave y no puede tolerarse, bendecirse ni considerarse permitido por cualquier autoridad dentro de la Iglesia. Dios nos llama a mantenernos firmes y rechazar cualquier camino que se desvíe de Su verdad, así que estemos en guardia contra cualquiera que intente tolerar, bendecir o alentar tal actividad, ya que esto sería contrario a Cristo, a Su Iglesia y al Sagrado Depósito de la Fe. Debemos Recordar que la verdad divina de Dios nunca puede cambiar, y ni Dios ni la Iglesia pueden cooperar con ella o bendecir el pecado.
Dios te bendiga a ti y a todos tus seres queridos.
Sinceramente en el Nombre de Cristo
Siendo tu humilde padre y servidor, Reverendísimo Joseph E. Strickland Obispo de Tyler, Texas
Evangelio según san Mateo, 10: 1- 4 Y llamados sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos, para que los arrojasen y curasen todo decaimiento y toda enfermedad. Estos son los nombres de los doce Apóstoles: el primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón Cananeo y Judas Iscariote, que fue el que entregó a Jesús. (vv. 1- 4)
El Señor, Maestro benigno y clemente, no envidia el poder de sus discípulos y servidores y da poder a sus Apóstoles para curar todo abatimiento y toda enfermedad. Pero hay gran diferencia entre tener y atribuir, entre dar y recibir; el que recibe todo cuanto hace, lo hace por el poder de Dios y los Apóstoles confiesan en todas las obras que hacen su debilidad y el poder del Señor por estas palabras: «En el nombre de Jesús levántate y anda» ( Hch 3,6). En el hecho de poner el Evangelista el catálogo de los Apóstoles, quedan excluidos de él todos los que se tenían por apóstoles y en realidad no eran más que falsos apóstoles. Por eso se dice: «Estos son los nombres de los doce Apóstoles». El primero Simón, conocido con el nombre de Pedro y su hermano Andrés; sólo el que ve el fondo de los corazones puede hacer la clasificación de los Apóstoles según el mérito de cada uno. Pone en primer término a Simón, por sobrenombre Pedro, para distinguirle de aquel otro Simón, llamado el Cananeo, natural de Caná, villa de la Galilea, en donde convirtió Jesús el agua en vino ( Jn, 2 ).