Las cuatro rupturas del pecado (4/4)



Consigo mismo:

El hombre, a partir del pecado, pierde el pleno dominio de sí mismo; ahora experimenta la rebelión de sus instintos y pasiones que quieren esclavizarle y someterle. Experimenta una profunda inclinación a hacer el mal y una gran aversión al bien. Muchas veces lo que quiere no corresponde con lo que hace: “puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero” (Rom 7,19). «El dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra (cf. Gén 3,7)» (Catecismo, 400).

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