Categoría: Entendimiento

Primer mandamiento y la caridad

La fe en el amor de Dios encierra la llamada y la obligación de responder a la caridad divina mediante un amor sincero. El primer mandamiento nos ordena amar a Dios sobre todas las cosas y a las criaturas por Él y a causa de Él (cf Dt 6, 4-5).

Consagración de los Sacerdotes

La excelencia de la Santa Misa se reconoce también en la consagración que reciben los servidores del altar, y sin la cual no pueden ejercer el menor acto de su ministerio. El hombre destinado al sacerdocio, tiene que pasar por siete categorías antes de ser juzgado digno de ofrecer el Cordero sin mancha. Los que han recibido las cuatro órdenes primeras, son destinados a más bien a servir a los sacerdotes en el altar; pero ninguno se atrevería a tocar un cáliz, una patena, un corporal o un purificador; porque para estar autorizado a hacerlo, es preciso haber recibido la quinta orden, el subdiaconado, a menos de una dispensa particular, o en el caso de absoluta necesidad. En la ley de Moisés, únicamente los Levitas podían tocar y limpiar los vasos sagrados. De la misma manera, solamente los sacerdotes, diáconos y subdiáconos, tienen derecho a tocar y limpiar los objetos que sirven inmediatamente para la celebración de la Santa Misa. Es conveniente, en efecto, que las cosas que se destinan a la realización del sublime misterio y que van a tener contacto con el Santísimo Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor, sean enteramente puras

Ordenación Sacerdotal Cardenal Burke, FSSP México

Iglesia y Estado

Pero no sólo dentro del recinto doméstico tiene la Iglesia gentes con quienes conviene que se entienda amistosamente: también las tiene fuera. No es ella la única que habita en el mundo; hay asimismo otras sociedades a las que no puede negar el trato y comunicación. Cuáles, pues, sean sus derechos, cuáles sus deberes en orden a las sociedades civiles es preciso determinar; pero ello tan sólo con arreglo a la naturaleza de la Iglesia, según los modernistas nos la han descrito.
En lo cual se rigen por las mismas reglas que para la ciencia y la fe mencionamos. Allí se hablaba de objetos, aquí de fines. Y así como por razón del objeto, según vimos, son la fe y la ciencia extrañas entre sí, de idéntica suerte lo son el Estado y la Iglesia por sus fines: es temporal el de aquél, espiritual el de ésta. Fue ciertamente licito en otra época subordinar lo temporal a lo espiritual y hablar de cuestiones mixtas, en las que la Iglesia intervenía cual reina y señora, porque se creía que la Iglesia había sido fundada inmediatamente por Dios, como autor del orden sobrenatural. Pero todo esto ya está rechazado por filósofos e historiadores. Luego el Estado se debe separar de la Iglesia; como el católico del ciudadano. Por lo cual, todo católico, al ser también ciudadano, tiene el derecho y la obligación, sin cuidarse de la autoridad de la Iglesia, pospuestos los deseos, consejos y preceptos de ésta, y aun despreciadas sus reprensiones, de hacer lo que juzgue más conveniente para utilidad de la patria. Señalar bajo cualquier pretexto al ciudadano el modo de obrar es un abuso del poder eclesiástico que con todo esfuerzo debe rechazarse.
Las teorías de donde estos errores manan, venerables hermanos, son ciertamente las que solemnemente condenó nuestro predecesor Pío VI en su constitución apostólica Auctorem fidei(13).
CARTA ENCÍCLICA PASCENDI DEL SUMO PONTÍFICEPÍO X SOBRE LAS DOCTRINAS DE LOS MODERNISTAS

Ave crux, spes unica

Primer Mandamiento

El primero de los preceptos abarca la fe, la esperanza y la caridad. En efecto, quien dice Dios, dice un ser constante, inmutable, siempre el mismo, fiel, perfectamente justo. De ahí se sigue que nosotros debemos necesariamente aceptar sus Palabras y tener en Él una fe y una confianza completas. Él es todopoderoso, clemente, infinitamente inclinado a hacer el bien ¿Quién podría no poner en él todas sus esperanzas? ¿Y quién podrá no amarlo contemplando todos los tesoros de bondad y de ternura que ha derramado en nosotros? De ahí esa fórmula que Dios emplea en la Sagrada Escritura tanto al comienzo como al final de sus preceptos: “Yo soy el Señor”» (Catecismo Romano, 3, 2, 4).

La esperanza

Cuando Dios se revela y llama al hombre, éste no puede responder plenamente al amor divino por sus propias fuerzas. Debe esperar que Dios le dé la capacidad de devolverle el amor y de obrar conforme a los mandamientos de la caridad. La esperanza es aguardar confiadamente la bendición divina y la bienaventurada visión de Dios; es también el temor de ofender el amor de Dios y de provocar su castigo.

Templo de Salomón y un Templo Cristiano

El Cristiano debería tener presente la santidad de la casa de Dios y el respeto que ésta exige. El templo de Salomón no era más que la imagen de los nuestros. Sin embargo, los judíos y los paganos mismos le tenían veneración. 1 Crónicas capítulos 6 y 7, relatan que, cuando se consagró ese templo, Salomón inmoló veintidós mil bueyes y cien mil ovejas.
Mientras el rey rezaba en alta voz, un fuego misterioso bajó del cielo y devoró todas las víctimas: Una espesa nube se extendió en el recinto y la Majestad de Dios llenó todo el edificio. Al ver este espectáculo, los hijos de Israel, sobrecogidos de un temor sobrenatural, cayeron el rostro contra el suelo con profundo sentimiento de adoración. Salomón exclamó: ¿Será creíble que Dios habite verdaderamente sobre la Tierra? ¿Si el cielo, y los cielos de los cielos no pueden conteneros, cuánto menos lo podrá esta casa que he construido?
Ciertamente, aquel templo era digno de la veneración y de la admiración de los pueblos. Sin embargo, no era más que una figura de nuestras iglesias; no encerraba sino el Arca de la Alianza donde se conservaban las dos tablas de la Ley, un cesto de maná y la vara de Aarón que había florecido. Las víctimas en los sacrificios judaicos no eran sino animales matados y quemados, ofrecidos con pan, vino, bizcochos y otras cosas semejantes.
El templo Cristiano, ¡Cuánta no es la superioridad del templo cristiano, consagrado con el aceite y el crisma, rociado con agua bendita, perfumado con las nubes de incienso, santificado por la imposición de la señal de la cruz y destinado para la oblación del Santo Sacrificio¡ En lugar del Arca de la Alianza, tenemos el copón, en el cual es conservado el pan verdaderamente celeste, el Santísimo Sacramento del Altar, el verdadero Cuerpo de Jesucristo
Se llama a la iglesia, la Casa de Dios, y lo es en realidad, puesto que Nuestro Señor habita en ella en todo tiempo, Allí, el ejército angelical le sirve, le adora, le alaba y le lleva nuestras oraciones, dulce misterio figurado por la visión de Jacob (Génesis 28, 17-18), símbolo profético de la Iglesia Cristiana, en la que la piedra del altar está ungida con los santos óleos, piedra sagrada, de la que se puede decir con verdad: ¡Cuán terrible es este lugar¡ ¡Esta es la Casa de Dios y la puerta del cielo¡, Allí los ángeles suben y bajan para trasmitir a Dios nuestras oraciones y traernos sus gracias. Nuestras iglesias son también ese lugar del que el Señor nos habla por boca de Isaías: Los conduciré a mi morada santa y los colmaré de alegría en la casa de oración. Sus víctimas, consumidas sobre mi altar, me serán agradables y mi morada será llamada por todos los pueblos casa de oración (Isaías 66,7)
Debemos tener respecto que merece este lugar tan santo, ¡Ah¡, si tuviésemos una fe viva, entraríamos en él con temor, y con el más profundo anonadamiento y adoraríamos a nuestro Señor e la Eucaristía y veneraríamos a los ángeles, David lo proclama altamente: Iré a vuestra casa y os adoraré con temor en vuestro santo templo. En presencia de los ángeles cantaré vuestras alabanzas y ensalzaré vuestro Santo Nombre (Salmo 5,8), Aquellos que hablen, rían, o pequen de cualquiera otra manera durante los divinos oficios, provocan la cólera de Dios y se hacen culpables. En la iglesia, no sería bastante todo recogimiento ni todo cuidado para no decir palabra inútil, ni para orar con bastante devoción, ni adorar con bastante fervor, ni confesar los pecados con bastante humildad y arrepentimiento.
Maqueta del Templo de Salomón y el Retablo de la Iglesia San Francisco de Asís Tecpán Guatemala

La Biblia en la Misa


1 Corintios

11:23 Porque yo recibí del Señor lo que os transmití: que el Señor Jesús, la noche en que era entregado, tomó pan,11:24 dando gracias, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.»11:25 Asimismo tomó el cáliz después de cenar, diciendo: «Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en memoria mía.»11:26 Pues cada vez que comáis este pan y bebáis de este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga
(La oración eucarística)