Et incarnatus est


La Divina Misericordia ha merecido del género humano una gratitud infinita desde el día en que por causa de nuestra salvación el Verbo bajó del Cielo y por obra del Espíritu Santo encarnó en el purísimo seno de la Santísima Virgen. Este es el misterio que el sacerdote adora, cuando en el Credo pronuncia las palabras: Et incarnatus est, y hace genuflexión.

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