Categoría: Orden Sacerdotal

San Antonio de Padua con el Niño Jesús


Antonio de Pereda (1611–1678)

La oración



supone un esfuerzo y una lucha contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador. El combate de la oración es inseparable del “combate espiritual” necesario para actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo: Se ora como se vive porque se vive como se ora

En el combate de la oración debemos hacer frente a concepciones erróneas, a diversas corrientes de mentalidad, a la experiencia de nuestros fracasos. A estas tentaciones que ponen en duda la utilidad o la posibilidad misma de la oración conviene responder con humildad, confianza y perseverancia

Las dificultades principales en el ejercicio de la oración son la distracción y la sequedad. El remedio está en la fe, la conversión y la vigilancia del corazón

Antigua y Nueva Alianza


En el Evangelio de Lucas, Jesús se refiere al cáliz eucarístico como la “Nueva Alianza en mi Sangre” (22,20). Evoca las palabras de Moisés en Éxodo 24, 6-8: “Esta es la sangre de la alianza”; pero Cristo las combina con el oráculo de Jeremías -muy posterior a aquellas- referido a la promesa divina: Mirad que vienen días -oráculo del Señor- en que pactaré una nueva alianza con la casa de israel y la casa de Judá (Jr 31, 31)La “Nueva Alianza” de Jeremías iba a ser como la alianza rota del Sinaí (Jr 31, 32). El profeta aclaró (Jeremías 30-33) que, con la “Nueva Alianza”, se alcanzaría un nuevo nivel de intimidad con Dios (31, 33 -34); además de lograrse la reunificación del Reino dividido (31, 31), así como la restauración de la Casa de David (30, 9,33, 14-26), y de la alianza de David (33, 19-21) Eso era una gran noticia, una buena noticia, que sintoniza plenamente con las palabras de Jesús en la institución.
La fe es razonable (Scott Hahn)

El Reino de Dios


Algunos sugieren que Jesús emplea pan y vino como metáfora para explicar su inminente sacrificio. Pero, si fuera así, el pan y el vino no servirían. Estos elementos no resultan como metáfora, !porque sería el pan y el vino, y no la muerte de Cristo, la que requeriría explicación!. Las palabras de Jesús no son tanto una explicación o una enseñanza, cuando una acción, una declaración que origina lo que expresa; al igual que el “hágase la luz” o alguna de las promesas de la alianza. El discurso de Jesús no se produce después del acontecimiento, sino que origina el acontecimiento.Lo que está implícito en la Última Cena se torna explícito en el relato de Emaús , donde la presencia visible del Señor se diluye con la distribución de los trozos de pan (24, 31) ¿porqué ocurrió esto? Porque, a la luz de Lucas 22, 19, la presencia de Jesús se identificó entonces con el pan. De manera que el rey mesiánico se “dió a conocer”, a los discípulos “en la fracción del pan” (24, 35). Más tarde, Lucas conecta su propia experiencia litúrgica con la Última Cena de Jesús, al incluirse Él mismo entre aquellos que se reunieron el primer día de la semana para “partir el pan” (Hechos 20, 7)De la Última Cena y de la escena de Emaús, los cristianos -a lo largo de la historia- han aprendido que el Cristo resucitado está realmente presente en el pan eucarístico que compartimos juntos.Dónde está la Eucaristía, allí está el rey. Y dónde está el Rey allí está el Reino
La fe es razonable (Scott Hahn)

Sobre el Santo Sacrificio


La Misa, es una embajada cotidiana enviada a la Santísima Trinidad, para poner a sus pies un obsequio de inestimable valor, por el cual reconocemos su soberanía y manifestamos nuestra sumisión. La vida y la muerte del Salvador le son ofrecidas cada día. Es el tributo diario que le paga la Iglesia militante, con la cooperación de la Iglesia triunfante; es el homenaje por el cual son honrados por toda criatura su soberano poder, su sabiduría y su bondad
Marchant, Candel Myst T. IV, lect 19
Seminario Nuestra Señora de Guadalupe

El Reino de Dios

Ardientemente he deseado comer esta pascua con vosotros, antes de padecer, porque os digo que no la volveré a comer hasta que tenga su cumplimiento en el Reino de Dios. Y tomando el cáliz, dio gracias y dijo: Tomadlo y distribuidlo entre vosotros; pues os digo que a partir de ahora no beberé el fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios (Lucas 22, 15-18)

Jesús recalca aquí que, de alguna manera, la Cena se relaciona con el Reino y con la llegada de éste; y también con el hecho de que el Reino está llegando a ese momento. Asocia el Reino con el comer y beber, como se observa en algunos versículos posteriores, al asegurar a sus discípulos que ellos “comerán y beberán… a mi mesa en mi Reino (v. 30). Aquellos dos declaraciones enmarcan el relato de la Cena, y establecen una promesa: comer y beber con Jesús será manifestación de la presencia del reino. Pocos días después, Cristo resucitado como con los discípulos. Al compartir esa comida, Jesús les ofrece garantías de que el Reino ya estuvo presente allí realmente.

La fe es razonable (Scott Hahn)

Papa Urbano IV y el Milagro de Orvieto

en 1263, había en Bolsena, Diócesis de Orvieto, Italia, un sacerdote que, después de haber pronunciado sobre el pan las palabras de la consagración, cediendo a la instigación de Satanás, se puso a dudar de la transubtanciación. Este desgraciado se decía a sí mismo: No siento nada, no veo el menor indicio de cambio! No, no es cierto que Jesucristo esté bajo esta apariencia. No contento con alimentar esta duda, llegó a negar positivamente la presencia real de Jesucristo, cayendo así en una verdadera herejía. No obstante esto, continuó diciendo Misa y consagrando. Un día, al elevar la Hostia después de la consagración, la Sangre corrió como una lluvia que cae de las nubes. Ya se considerará el estupor del sacerdote al ver este espectáculo; permaneció inmóvil, muy emocionado, y se percibió que esta lluvia misteriosa venía de la Hostia. El pueblo veía el mismo milagro y exclamaba: !Oh Preciosa Sangre!, Oh Sangre Divina! ¿Cuál es la causa de tu efusión? Oh Lluvia Sagrada, corre sobre nuestras almas, purificados de nuestros pecados! Unos se daban golpes de pecho, otros derramaban lágrimas ardientes.

Al oír los clamores del pueblo, el sacerdote volvió en sí, bajó la santa Hostia y quiso colocarla sobre el corporal, pero éste quedó tan humedecido, que apenas encontró un lugar seco donde pudiera depositarla. Ante semejante manifestación, los ojos de su alma se abrieron, reconoció su falta, se arrepintió sinceramente de su incredulidad, y continuó la celebración de los divinos misterios con tal abundancia de lágrimas, que varias veces se vio en la necesidad de suspender sus oraciones. Después de la comunión dobló el corporal lo mejor que pudo, con objeto de que el prodigio quedase oculto; más cuando terminó la Misa los fieles fueron a interrogarle para cerciorarse de si era verdad lo que habían visto. El sacerdote se vió obligado a enseñarles el corporal, y al verlo, los asistentes cayeron de rodillas, golpeándose el pecho e implorando la Divina Misericordia. Este acontecimiento tan extraordinario atrajo gran número de curiosos a Bolsena. Urbano IV lo supo, y ordenó que el celebrante fuese con el corporal a Orvieto, donde él estaba. El desgraciado eclesiástico fué temblando, se prosternó ante el Papa pidiéndole perdón, le contó sus dudas pasadas, la efusión de la preciosa Sangre, y le mostró como prueba los vestigios sobre el corporal. El Papa, sobrecogido de emoción se arrodilló y besó el lienzo milagroso. Urbano IV hizo construir más tarde una iglesia magnífica en Bolsena, en honor de la preciosa Sangre, y ordenó que una procesión recorriese la ciudad, el día del aniversario de este prodigio. El milagroso corporal se ve hoy todavía en la catedral de Orvieto. Este admirable suceso fue una de las principales razones para que el Papa confirmase la institución de la fiesta del Santísimo Sacramento.

Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem)

Santo Sacrificio de la Misa

San Francisco de Asís: “El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote”

Santo Sacrificio de la Misa

Si conociéramos el valor de La Santa Misa nos moriríamos de alegría


El santo cura de Ars, San Juan María Vianney

Los ausentes


El sacerdote no dice solamente. “Este es el cáliz de mi sangre”, sino que añade: “Derramada por vosotros y por muchos otros, para la remisión de los pecados”. Así como las primeras palabras han sido cumplidas infaliblemente, las últimas deben serlo también. “Por vosotros y por muchos otros”, es decir , por vosotros que asistís a la Misa, por los ausentes, por aquellos que la hacen celebrar, por todos aquellos que asistirían si pudiesen, (pero que se los impide la enfermedad, el cautiverio o negocios importantes), con tal que se unan al sacrificio o que se encomienden a él, ¡Qué sublime misterio!
Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem)