Indulgencias



«La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos» (Catecismo, 1471).

La Indulgencia plenaria: Borra toda la pena merecida por el pecado. Para obtenerla se deben cumplir las siguientes condiciones:

Confesión.

Comunión.

Oración por el Papa.

Obra que produzca indulgencia plenaria (esto lo determina la Iglesia); veamos algunas:

Tres días de Retiro.

Rezar el Rosario meditado en comunidad.

Asistir a una primera comunión.

Hacer el Santo Viacrucis.

Bendición urbi et orbi, etc.

Renuncia a todo afecto al pecado, incluso venial.

Estas indulgencias se aplican a sí mismo o a un alma del purgatorio, no a otro vivo. Los consagrados las damos a María, nuestra Madre y tesorera, para que sea ella quien las administre y las de a las almas que más lo necesitan.

La Indulgencia parcial, como su nombre lo indica, borra solo una parte de la pena merecida por el pecado, depende del acto concreto que se realice para obtenerla. Son muchas las formas de ganarla

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