¿Tres distintivos reales?



Claro: estaba el manto, la corona y faltaba la caña que, según Mateo (Mt 27,29), le fue puesta en la mano derecha (detalle que hace pensar en un testigo ocular y en un hecho difícil de olvidar). Fue así como la soldadesca se mofó de Jesús saludándolo al igual de como se hacía con el César: Salve, rey de los judíos –decían doblando sus rodillas (proskínesis) en señal de veneración, mientras lo escupían y golpeaban al hacerlo sentar en un «trono».

Pasada entonces la flagelación, Pilato decidió presentar al reo ante la multitud. «Os lo traigo para que veáis que no encuentro en él ningún motivo de crimen» (Jn 19, 4). «¡Ecce Homo! –he aquí al hombre– dijo» (Jn 19, 5), lo que equivalía a decir: «¡Mirad qué clase de payaso queréis que tome en serio para mandarlo a la cruz como si fuera un auténtico peligro para Roma!». Es decir, apelaba a la misericordia como falacia[75]; queriendo demostrar su falta de peligrosidad pensando que, ante tal caricatura de hombre, el pueblo se persuadiría.

Cristo, en traje de «rey», más parecía un payaso que un criminal. Y entonces, los sumos sacerdotes, incitando al pueblo (cfr. Mc 15,11) «hicieron que todos gritaran: “¡Crucifícale! ¡Crucifícale!”».

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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