en su libro titulado «Dicen que ha resucitado» (la continuación de «¿ Padeció bajo Poncio Pilato?»), ha sacado del olvido una obra del padre Antonio Persili[ 95], sacerdote italiano de Tívoli y gran conocedor del griego bíblico que estudió durante años los siguientes pasajes evangélicos acerca de la Resurreción: «Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó» (Jn 20, 4- 8). La pregunta que se hacía Persili (y que nos hicimos nosotros más de una vez) era: ¿qué es lo que había visto San Juan para que le llamara tanto la atención al punto de llegar a creer? ¿Un simple par de lienzos? ¿Por qué no creyó, más bien, que se habían robado el cuerpo del Señor?
¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi
