Categoría: Espiritualidad

De la fervorosa enmienda en toda nuestra vida

Tienes que esmerarte y dedicarle con esfuerzo a trabajar por Dios, recordando a menudo para qué has sido creado, y para qué has venido al mundo.

No fué para conocer, amar y servir a Dios, y llegar a ser una persona espiritual?

Llénate pues de deseos de progresar en la vida espiritual, pues en breve pronto recibirás el premio de tus fatigas, y en la otra vida ya no habrá dolor ni temor.

21:4 Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado.
(Apocalipsis)

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

Sacrificios en el Antiguo Testamento


En la antigua Ley había cuatro especies de sacrificios: el holocausto o sacrificio de Latría, por el cual se reconocía la soberana Majestad de Dios. El sacrificio de alabanza, o sea Eucaristía por el cual le daban gracias por sus beneficios. El Sacrificio Impetratorio, para implorar su socorro, el Sacrificio expiatorio, en en cual Dios era honrado como Juez, se ofrecía por la remisión del pecado y expiación de la culpa. Cada uno de estos sacrificios tenía su rito particular.


Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem)

Vanidad

Supongamos que hasta ahora hayas vivido gozando de honras y placeres, ¿de qué te habrá servido todo eso si ahora en este momento tuvieras que morir? “Te reclamarán el alma”. “Insensato y necio quien atesora riquezas para sí y no se enriquece en orden a Dios (Lucas 12)

Recuerda que todo es vanidad, menos el amar y servir a Dios y hacer lo que Él manda “De muchas cosas te preocupas, pero sólo una es necesaria (Lucas 10, 41)

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

Papa Urbano IV y el Milagro de Orvieto

en 1263, había en Bolsena, Diócesis de Orvieto, Italia, un sacerdote que, después de haber pronunciado sobre el pan las palabras de la consagración, cediendo a la instigación de Satanás, se puso a dudar de la transubtanciación. Este desgraciado se decía a sí mismo: No siento nada, no veo el menor indicio de cambio! No, no es cierto que Jesucristo esté bajo esta apariencia. No contento con alimentar esta duda, llegó a negar positivamente la presencia real de Jesucristo, cayendo así en una verdadera herejía. No obstante esto, continuó diciendo Misa y consagrando. Un día, al elevar la Hostia después de la consagración, la Sangre corrió como una lluvia que cae de las nubes. Ya se considerará el estupor del sacerdote al ver este espectáculo; permaneció inmóvil, muy emocionado, y se percibió que esta lluvia misteriosa venía de la Hostia. El pueblo veía el mismo milagro y exclamaba: !Oh Preciosa Sangre!, Oh Sangre Divina! ¿Cuál es la causa de tu efusión? Oh Lluvia Sagrada, corre sobre nuestras almas, purificados de nuestros pecados! Unos se daban golpes de pecho, otros derramaban lágrimas ardientes.

Al oír los clamores del pueblo, el sacerdote volvió en sí, bajó la santa Hostia y quiso colocarla sobre el corporal, pero éste quedó tan humedecido, que apenas encontró un lugar seco donde pudiera depositarla. Ante semejante manifestación, los ojos de su alma se abrieron, reconoció su falta, se arrepintió sinceramente de su incredulidad, y continuó la celebración de los divinos misterios con tal abundancia de lágrimas, que varias veces se vio en la necesidad de suspender sus oraciones. Después de la comunión dobló el corporal lo mejor que pudo, con objeto de que el prodigio quedase oculto; más cuando terminó la Misa los fieles fueron a interrogarle para cerciorarse de si era verdad lo que habían visto. El sacerdote se vió obligado a enseñarles el corporal, y al verlo, los asistentes cayeron de rodillas, golpeándose el pecho e implorando la Divina Misericordia. Este acontecimiento tan extraordinario atrajo gran número de curiosos a Bolsena. Urbano IV lo supo, y ordenó que el celebrante fuese con el corporal a Orvieto, donde él estaba. El desgraciado eclesiástico fué temblando, se prosternó ante el Papa pidiéndole perdón, le contó sus dudas pasadas, la efusión de la preciosa Sangre, y le mostró como prueba los vestigios sobre el corporal. El Papa, sobrecogido de emoción se arrodilló y besó el lienzo milagroso. Urbano IV hizo construir más tarde una iglesia magnífica en Bolsena, en honor de la preciosa Sangre, y ordenó que una procesión recorriese la ciudad, el día del aniversario de este prodigio. El milagroso corporal se ve hoy todavía en la catedral de Orvieto. Este admirable suceso fue una de las principales razones para que el Papa confirmase la institución de la fiesta del Santísimo Sacramento.

Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem)

Sufrir con paciencia


Grande y saludable purgatorio tiene ya en este mundo la persona que sabe sufrir con paciencia, y que al recibir un mal trato le entristece más el pecado que comete el otro que la ofensa que ha recibido; que reza cariñosamente por quienes le ofenden, y perdona de todo corazón sus ofensas, que si le sucede ofender a otros se apresura a pedirles perdón y a presentarles excusas; que se inclina más fácilmente a compadecerse que a disgustarse.


Prefiero la misericordia al sacrificio (Mateo 9,13), y que frecuentemente se hace violencia para lograr que el cuerpo y lo sensible sean dirigidos por la voluntad y el espíritu

Es mejor purificarse ahora de los pecados y luchar por dominar los propios vicios que esperar a purificarse de ellos en la otra vida, “porque entonces no saldrás de la cárcel hasta haber pagado el último céntimo de tu deuda (Mateo 5,25)


Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

El Juicio y los castigos que esperan a los pecadores


En todo lo que haces, dices y piensas, mira el fin que te espera, y cómo estarás ante aquel severo Juez, a quien nada se oculta, que no se ablanda con regalos ni admite excusas mentirosas, sino que fallará estrictamente dando a cada uno lo justo.
O desdichado e imprudente pecador, ¿qué responderás, al que conoce perfectamente todos tus pecados, tú que sientes temblor y te acobardas al ver un superior disgustado?
¿Por qué no te previenes para el día del Juicio cuando nadie podrá disculpar o defender a nadie? Porque cada uno tendrá ya suficiente preocupación con la carga de sus pecados. Tu trabajo es ahora provechoso, tus peticiones de perdón son ahora escuchadas, tus súplicas son atendidas y tus sufrimientos te sirven para purificarte de tus pecados
Ahora, hermanos, lo que os digo es que el tiempo que nos queda es corto (1 Corintios 7)


Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

Reflexiones sobre la muerte

Que puedas decir con San Pablo:

4:6 Porque yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.
4:7 He competido en la noble competición, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe
4:8 Y desde ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel Día me entregará el Señor, el justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su Manifestación
2 Timoteo 4

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

Reflexiones sobre la muerte

Procura ahora vivir de tal modo que a la hora de la muerte más tengas que alegrarte que aterrarte, más tengas alegría que temor

Ejercítate ahora en morir a todo lo que sea simplemente mundano, para que comiences en aquel entonces a Vivir con Cristo

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

La meditación



Meditar lo que se lee conduce a apropiárselo confrontándolo consigo mismo. Aquí se abre otro libro: el de la vida. Se pasa de los pensamientos a la realidad. Según sean la humildad y la fe, se descubren los movimientos que agitan el corazón y se les puede discernir. Se trata de hacer la verdad para llegar a la Luz: “Señor, ¿qué quieres que haga?”

Los métodos de meditación son tan diversos como diversos son los maestros espirituales. Un cristiano debe querer meditar regularmente; si no, se parece a las tres primeras clases de terreno de la parábola del sembrador (cf Mc 4, 4-7 15-19). Pero un método no es más que un guía; lo importante es avanzar, con el Espíritu Santo, por el único camino de la oración: Cristo Jesús

La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en lbas convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo. La oración cristiana se aplica preferentemente a meditar “los misterios de Cristo”, como en la lectio divina o en el Rosario. Esta forma de reflexión orante es de gran valor, pero la oración cristiana debe ir más lejos: hacia el conocimiento del amor del Señor Jesús, a la unión con Él

Reflexiones sobre la muerte

Si tuvieras una conciencia limpia no temerías a la muerte
Mejor fuera huir del pecado y evitarlo, que tratar de huir de la muerte y querer ahuyentarla
Si hoy no estarías preparado para morir ¿Lo estarás mañana?, el dia de mañana es incierto y no es seguro ¿cómo sabes tú que mañana si vivirás?

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)