Practiquemos la caridad

(la caridad atrae misericordia y la bendición de Dios)

Sólamente el padre Querubín, un superior de corazón muy bondadoso, llegó a conmoverse por la insistencias de Fray Claudio para que se reiniciara la distribución de comida a los pobres (detenida temporalmente por la guerra) aunque el convento no se encontraba en condiciones holgadas. El buen padre superior, sacaba algo a la parca comida de los religiosos y se lo daba a fray Claudio para distribuirlo. Confiaba en la ayuda de la Divina Providencia, y esta no le falló nunca a los religiosos y a los pobres

En efecto los conventos franciscanos son en parte como el mar que recibe agua de todos los ríos y la distribuye por toda la tierra

Esta distribución diaria proporcionaba a Fray Claudio las satisfacciones más suaves de su vida penitente. La caridad era el ansia y poesía de su corazón

En un pésimo día de invierno, con el viento helado y torbellinos de nieve, oye el sonido de la campanilla acolchada de nieve y tirada por un brazo cansado. Con una sola túnica, los pies descalzos, hinchados y agrietados, por amor a su Dios bondadoso, corre temblando a la puerta. Se encuentra frente a un pobre viejo hambriento y muerto de frío. El soplo nuboso de la tramontana de los Pre-Alpes lo sacudió !Pobre Viejo! Sin Casa y sin pan!

Fray Claudio, sosteniéndole amorosamente, lo introduce en un lugar bien abrigado y corre a la cocina, de donde vuelve al instante, sonriente, trayendo un plato bien caliente. Y mientras aquel iba reanimandose un poco, él lo miraba con honda ternura, diciendo para si. Pobrecito! ¿de qué le sirve haber comido? Con este frío glacial se le ve la carne amoratada debajo de esos trapos. San Francisco no lo dejaría marchar así. Hay que vestirle… Y una vez conseguido el permiso de su padre superior Fray Claudio encontró en casa de una familia conocida algo para vestir a aquel hombre abandonado , en el cual veía a su Jesús. Y mientras se preocupaba en vestir a los demás, no se daba cuenta del frío que penetraba en sus huesos, ni en la nieve que entraba en sus sandalias helándole los pies desnudos

La alegría del alma no le permitía advertir las exigencias de su cuerpo martirizado

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sobre Fray Claudio Granzotto

Más allá del Arte (Epifanio Urbani)

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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