¿Dios existe?



5 vias Santo Tomás de Aquino
2 vía, consideración

El argumento de la segunda vía incurre en una contradicción interna insalvable pues primero nos dice que “todo tiene una causa” y luego nos dice que hay algo que no tiene causa y ese algo es Dios. En todo caso, si se mantiene el principio de que “todo tiene una causa”, todavía podría preguntarse “¿ Y qué causó a Dios?”, y luego “¿ Qué causó a aquello que causó a Dios?” y así hasta el infinito. Mas como no se puede extender la cadena hasta el infinito se nos dirá que hay que detenerla en Dios. Pero ¿por qué habríamos de detenerla ahí?, ¿no podemos acaso detenerla ya en el mundo material mismo? No hay razón, pues, para pensar que Dios es necesariamente la Primera causa. Luego, no se prueba la conclusión de la segunda vía. Respuesta: Evidentemente esta objeción se basa en una mala compresión (por no decir ignorancia) del punto de partida de la segunda vía tomista. En primer lugar, Santo Tomás de Aquino en ningún momento dice que “todo tiene una causa” sino simple y llanamente que “hallamos que en este mundo de lo sensible hay un orden determinado entre las causas eficientes” (7). Por otra parte, como ya se ha aclarado en la explicación de la primera premisa, la definición que hemos tomado del principio de causalidad no es que “todo tiene causa” sino más bien que “todo ente contingente tiene causa” o “todo lo que comienza a existir tiene causa”. Pero Dios no es contingente ni ha comenzado a existir pues es, por definición, Subsistente y Eterno. Por tanto, no requiere de una causa (al menos en el sentido de “causa eficiente”). No hay, pues, ninguna “contradicción interna insalvable” en el argumento tomista. No obstante, todavía hay quienes ignorando todo el trasfondo metafísico de las cinco vías tomistas se obstinan en el error y preguntan “¿ Pero entonces qué causó a Dios?” Patético ejemplo de ello es el filósofo Bertrand Russell quien decía: “Cuando era joven y debatía muy seriamente estas cuestiones en mi mente, había aceptado el argumento de la Primera Causa, hasta el día en que, a los 18 años, leí la Autobiografía de John Stuart Mill, y hallé esta frase: ‘Mi padre me enseñó que la pregunta ¿Quién me hizo? no puede responderse, ya que inmediatamente sugiere la pregunta ¿Quién hizo a Dios?’. Esa sencilla frase me mostró, como todavía pienso, la falacia del argumento de la Primera Causa. Si todo tiene que tener alguna causa, entonces Dios debe tener una causa” (8). No señor Russell, a Dios no lo hizo nadie. Él es el Ser Subsistente. Existe por sí mismo, por su propia Esencia y, por tanto, no requiere de otro para existir. No hay, pues, razón para que Él se pregunte “¿ De dónde soy yo?” como pretendía Kant (9). En todo caso podemos decir que Dios tiene razón de ser, no causa. Su razón de ser es Él mismo. Por tanto, si se quiere hablar de causa, de lo más que se podría hablar sería de una “causa formal” aristotélica (entendiendo que en este caso Dios se identificaría totalmente con su “forma” al ser Forma Pura y Subsistente) pero nunca, en ningún sentido, de algo parecido a la “causa eficiente” (como si el ser de Dios fuera configurado materialmente por otro). Finalmente, la objeción nos dice que, en todo caso, de requerirse una Primera causa ésta no tiene por qué ser necesariamente Dios puesto que podemos sin ningún problema detener la cadena de causalidad en el mundo material mismo. En particular, ésta es una objeción que viene desde Hume. En sus Diálogos sobre la religión natural él nos dice: “¿ Cómo, pues, podemos satisfacernos en lo que se refiere a la causa de ese Ser, que supones es el Autor de la Naturaleza, o, según tu sistema antropomórfico, el mundo ideal al que refieres el mundo material?

¿No tenemos acaso idéntica razón para referir ese mundo ideal a otro mundo ideal, o sea, a un nuevo principio inteligente? Mas si nos detenemos aquí, ¿qué es lo que nos hace llegar a este punto? ¿Por qué no detenernos en el mundo material?” (10). A esta crítica hay que responder que el mundo material no puede de ningún modo ser la Causa incausada. ¿Por qué? Porque presenta las dos características que hacen necesario que un ser tenga una causa: 1) es contingente (como probaremos en la explicación de la primera premisa de la tercera vía), y 2) ha comenzado a existir (como probaremos en la respuesta a la quinta objeción de la presente vía). En cambio Dios es por definición Subsistente y Eterno, de modo que tiene su razón de ser en Sí mismo y, por consiguiente, se hace innecesario referirlo a otro Dios o a “otro mundo ideal”. Queda, pues, en pie la segunda vía.

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

John Stuart Mill

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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