LA IDENTIDAD DE GÉNėRø



Predisposiciones biológicas En primer lugar, hay que aclarar que los factores biológicos pueden predisponer, pero nunca determinar la conducta sexual de una persona. Los psiquiatras J. Michael Bostwick y Kari A. Martin, de la Clínica Mayo en los Estados Unidos, quienes estudiaron a personas “intersęxūâlęs” (nacidas con genitales ambiguos) y que a pesar de ser varones se los operó y crio como mujeres, afirmaban que pacientes adultos con disforia severa (trânsêxûalës) “no presentan ni un historial ni existen hallazgos objetivos que corroboren una causa biológica conocida para esa discrepancia cerebro- cuerpo”.[ 308] Por el contrario, pacientes “intersęxūâlęs” requieren una cuidadosa asistencia médica y psiquiátrica para evitar la disforia de género. Es más, estos investigadores encontraron criterios objetivamente discernibles e identificables a través de las cuales se imprime la identidad de la persona como hombre o mujer en el sistema nervioso y endocrino. Y estos doctores afirman que incluso en los casos en que los genitales externos no se desarrollen, es muy probable que los individuos actúen de acuerdo con su configuración cromosómica y hormonal. Una influencia más profunda en la conducta sexual la tienen los factores no biológicos, tales como el temperamento, la presión de los padres para actuar como el sexo opuesto durante años críticos de la formación (recuérdese el caso de Walter Heyer), la dinámica familiar, psicopatologías de los padres, las (malas) amistades y la curiosidad por la que un niño fantasea en convertirse en el sexo opuesto.[ 310] En general, los varones son más activos físicamente que las niñas. Cualquiera que haya tenido hijos de ambos sexos lo puede notar. Este tipo de temperamento tiene una base hormonal y genética, por lo que comúnmente los varones se van a comportar de una manera y las niñas de otras.[ 311] Pero también puede ocurrir que por distintas razones un varón sea tranquilo, no le guste jugar con intensidad física, jugar al combate físico y que por el contrario haya niñas que sean más “machonas” como se les dice popularmente.[ 312] Esto, en algunos casos, puede contribuir a que el niño o la niña se identifiquen con el sexo opuesto. ¿Por qué se da esto? En las primeras etapas de desarrollo, el niño experimenta muchísimas cosas por primera vez. Como la realidad y la vida humana es en sí compleja, el niño no comprende inmediatamente esta complejidad. Para el niño la realidad se encasilla generalmente en dos categorías simples, como decir “o es negro o es blanco”, sin colores intermedios. De esa manera, el niño puede pensar que el varón juega generalmente de tal manera y las niñas de otra como si eso fuese una propiedad esencial de lo que significa ser varón o niña. En esos casos, el varón puede deducir erróneamente que, si le gusta jugar de una manera que es más acorde a las niñas, entonces es porque debe ser niña. De hecho, en la práctica profesional con niños que padecen este trastorno, es común el escuchar niños que afirman: “debo ser niña porque no me gusta pelear o correr y la mayoría de mis amigos son niñas y me gusta jugar a la casa”.[ 313]

Pablo Muñoz Iturrieta Atrapado en el cuerpo equivocado La idęolögīa de gėnērø frente a la ciencia y la filosofía

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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