La mujer «mal pagada»



A las genderistas, pese a lo que afirman, no les interesa que las mujeres ejerzan profesiones masculinas como técnicos, mecánicos, basureros o albañiles. A las fēmįnïstās de género no les interesa eso de ninguna manera. En este ámbito, por tanto, no se exigen cuotas para las mujeres ni «ir a medias». Sin embargo, a las fēmįnïstās de género les molesta enormemente que se gane más dinero con las profesiones típicamente masculinas que con las típicamente femeninas.

Porque, con modelos tradicionales o sin ellos, la mayoría de las mujeres (incluidas y especialmente las genderistas) siguen queriendo hacer algo con la gente, con los medios de comunicación o algo creativo. Con total independencia de que el mercado, la sociedad, la economía o alguien en absoluto lo necesite o siquiera desee gastar dinero en ello voluntariamente. Por eso se difunde una y otra vez el cuento genderista de la mujer discriminada y, por tanto, con peores ingresos. Es uno de los argumentos más populares de las genderistas y fēmįnïstās para denunciar la supuesta desigualdad e injusticia entre los géneros. Todos los años, por ejemplo, las genderistas celebran el «Día de la Igualdad Salarial», el día hasta el que las mujeres tienen que trabajar para obtener el mismo salario que los hombres.

En 2019, cayó el 18 de marzo. Las mujeres ganan un 25% menos que los hombres. Así es. Y con toda la razón. Simplemente eligen profesiones que pagan menos. Y eso no tiene nada que ver con la discriminación. Un ejemplo: en Alemania, un soldador gana una facturación anual de hasta 40 000 euros, una peluquera apenas la mitad. Puede parecer malvado e injusto que las personas que son técnicos, ingenieros y trabajadores manuales (también mujeres) tengan más demanda y ganen más, pero esto no se debe ni al malvado patriarcado, ni a ningún modelo anticuado, ni a la opresión de las mujeres, ni mucho menos a los codiciosos capitalistas masculinos, sino a la simple ley de la oferta y la demanda, así como a las necesidades y prioridades humanas. O dicho de forma más sencilla: si la calefacción de gas se estropea en invierno y apenas queda dinero en la cuenta bancaria, el 99.9% de las personas probablemente se decidirá por contratar a un plomero para que repare la calefacción (la proporción de mujeres que se dedican a este trabajo en Alemania ronda aproximadamente el 1%) y no por un nuevo corte de pelo (la proporción de mujeres en la profesión de peluquería es de aproximadamente el 90%). Esto también se aplica a las genderistas más progresistas.

A ellas también, como todos sabemos, no les gusta congelarse. Y precisamente por eso los plomeros (también el 1% de mujeres que se dedican a ello) ganan más de media que los peluqueros (sean hombres o mujeres), porque su servicio y sus habilidades tienen un valor y una utilidad mucho mayor (por tener una mayor demanda y una menor oferta) para la mayoría de la gente que un corte de pelo. No hay nada sexista ni discriminatorio en ello

Las raíces ocultas de la agenda de gènęrø: El plan maestro para una sociedad asêxû@da. Alejandro Kaiser

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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