San Juan 18:33-37 Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Respondió Jesús: «¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?» Pilato respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?» Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí.» Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres rey?» Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.
es una creación de nuestra modernidad política,; es el producto de un saber-poder muy concreto. Fue parido a finales del siglo xvll por el acontecimiento político más importante de la Modernidad: la Revolución francesa. A lo largo del siglo xix, fue dando forma a sus doctrinas más características (socialismo, marxismo, eugenismo, racismo, sociologismos), y contempló el impresionante desarrollo del Estado nación por doquier. En el siglo xx, el ingeniero social fue el gran protagonista de la desmesura totalitaria. Habiendo descubierto, según él, la <clave> de la historia, ya fuera en la clase social o en la raza – lo mismo da-, reclamó la totalidad del poder para bajar el paraiso a la tierra. Todo lo que logró, por cierto, fue traer el infierno al reino de los vivos
Pero en nuestro siglo xxi, el ingeniero social vuelve a la carga, aunque armado con un lenguaje novedoso, con nuevas y variopintas ideologías, con tecnologías que parecen de ciencia ficción, apoyándose en nuevas formas de legitimidad, en nuevas instituciones y, sobre todo, articulando la pretensión más desquiciada que le hemos conocido hasta la fecha: gobernar sobre el globo entero, gobernar los asuntos de <la Humanidad>
Globalismo, ingeniería social y control total en el Siglo XXI. Agustín Laje
Evangelio según san Mateo, 11: 7-10 Después que se marcharon ellos comenzó Jesús a hablar a las turbas acerca de Juan. «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿A una caña agitada por el viento? ¿A un hombre vestido de ropas delicadas? Mirad, los que visten ropas delicadas están en las casas de los reyes; ¿pero qué fuisteis a ver? ¿A un Profeta? Aun os digo y más que a un Profeta, porque éste es de quien está escrito: Mira: Yo envío a un ángel mío ante tu rostro, y éste preparará tu camino delante de ti»
La palabra griega ángel corresponde a la latina nuntius, mensajero. Con razón, pues, se llama ángel aquel que había venido a traer un mensaje de los cielos y que debía conservar en el nombre la dignidad que desempeñó en sus obras
No sería justo ni conveniente atribuir la responsabilidad de la confusión que existe sobre el tema sólo a los medios de comunicación, pues su efectividad sería menor si los pastores de la Iglesia redoblaran sus esfuerzos oportuna y pacientemente para dilucidar la cuestión a su rebaño y al mundo, y si los historiadores, a su vez, se abocaran a la investigación científica en vez de calcar antiguos apriorismos. Lo mismo cabe decir sobre algunos vaticanistas, incluso aquellos de filiación católica -a los que se presupone mejor entendidos-, que fallan en la interpretación de este gran tema, intencionadamente o no, así como fallan en la interpretación de los gestos pontificios en general.
Esta grave pasividad, silencio o subestimación en torno a esta situación ha contribuido sin dudas a robustecer la creencia popular de que el Mea Culpa pontificio supuso, en menor o mayor medida, un pedido de perdón general por todo cuanto hizo la Iglesia en el pasado. El mayor obstáculo que suele encontrar el católico para comprender rectamente estas cuestiones es, frecuentemente, el mismo católico desinformado o sin suficiente formación. Muchos de esos católicos, es cierto, proceden sin mala fe, pero arriban, al fin, al mismo puerto que los malintencionados. Para ilustrar mejor esta realidad, imaginemos un caso por demás práctico y cotidiano, el de un joven que, con el objeto de dilucidar sus dudas e inquietudes frente a estos hechos, se aventura a buscar respuestas. ¿Con qué se encuentra?
⁃ La ignorancia del sacerdote. Comenzará dirigiéndose, naturalmente, a su parroquia. Difícilmente encontrará respuesta en el sacerdote, ajeno, por lo general, a la trama de estos asuntos espinosos. Fuera del sacerdote ¿a quién más podrá recurrir?, teniendo en cuenta que la bibliografía existente, al menos la que propone objetivamente este tema, es dificil de hallar, si no imposible. Podrá suceder que nuestro joven, desilusionado ante la falta de respuestas y dando por verídico el refrán que dice «el que calla otorga», termine por aceptar aquello a lo que en un principio daba poco crédito. Pero podrá suceder también que, poco amigo del conformismo y las vaguedades, persista en su loable búsqueda de la verdad. Es aquí cuando tarde o temprano se topará con aquel personaje que Leonardo Castellani, en Iengua de Tango, denominó «el católico mistongo» – El católico de buena voluntad, pero equivocado. Como tal se puede definir a aquel que, en aras de la paz, llevado de un confuso y mal comprendido espíritu ecuménico , entiende que la caridad cristiana sugiere dar crédito a todo cuanto exijan otras religiones y detractores varios, sin oponer reparos; a olvidar el pasado y desistir de su investigación, aun si esto pudiera significar la confirmación de antiguos prejuicios contra la Iglesia. Invita, festeja y exhorta un pedido de perdón indiscriminado e injustificado, creyendo que de esta forma se verá favorecida la imagen de la Iglesia frente al mundo, sosteniendo al unísono que «la fuerza debe ser condenada categóricamente, sin distinciones de tiempo o circunstancia». En tal concepción Se advierten, ante todo, cuatro graves yerros.
Primero, que no se puede faltar a la verdad a fin de agradar a otros, menos todavía si a partir de tal gesto pudiera desprenderse una condena, implícita o explícita, total o parcial, hacia una institución y la memoria de cuantos en ella procedieron íntegramente.
Segundo, que esta concepción de condenar a la fuerza por la fuerza misma se opone totalmente a la doctrina universal y bimilenaria del Magisterio de la Iglesia, que advierte la legitimidad, cuando no la obligación, en ciertos casos y bajo ciertas condiciones y circunstancias, de la guerra justa y la legítima defensa. Recordemos que el mismo «Papa de la paz». Juan Pablo II, siempre reconoció este derecho.
Tercero, que al pretérito debe juzgárselo dentro de SU propio contexto histórico.
Cuarto y último, no se debe temer al pasado, máxime si no hay razón para ello. Ningún favor hará nadie a la Iglesia retractándose de dos mil años ciertamente ricos en frutos de santidad No sólo se miente por lo que se dice sino también por lo que se calla,
Nuestro joven, convencido de la voluntad autocrítica y conciliatoria de la Iglesia, confirmará su adhesión y amor filial. Pero este amor no es suficientemente legítimo si no es razonado, si nace desde la ignorancia y por razones equivocadas: no ama verdaderamente aquel que sólo reconoce su grandeza, sino aquel que informado e interesado por sus problemas, ante la injusticia asiste al amado y ante sus errores le insta a repararlos. Si éste es el caso, entonces será cuestión de tiempo para que ceda al tercer escollo; si es que tuvo la suerte de no haberlo cruzado antes que al mistongo.
– El «católico» de mala voluntad, informado y equivocado. A diferencia de los primeros, suele contar con los conocimientos y la evidencia suficiente para probar, justamente, lo contrario de lo que afirma. Precisamente por esto los denominamos «católicos» de mala voluntad. Se encuentran generalmente enrolados en el denominado «movimiento tercermundista» o de la teologia de la liberación, corriente condenada terminantemente por Juan Pablo II y Benedicto XVI. Pero, más ampliamente, en todas las variantes del progresismo. Tal el caso del cardenal -y teologo – Von Balthasar, que en el año 1965 acusaba a la Iglesia Católica de «bautismos forzosos, tribunales de la Inquisición, autos de fe, noches de San Bartolomé, conquistas de continentes extranjeros a sangre y fuego para llevar, con motivo de una explotación brutal, el mensaje de la religión y la cruz y del amor, injerencias indeseadas y totalmente necias en problemas derivados del avance de la ciencia, bandos y excomuniones dictados por una autoridad espiritual que actúa y quiere ser reconocida como política […] Acciones penosas sin fin». Cosas más inverosimiles, y por supuesto infundadas. sostendrá el aún vigente teólogo apóstata Hans Küng, llegando a sugerir el número de brujas quemadas por la Inquisición en ¡9 millones!, cifra que ni en su centésima parte llegaron a insinuar los más exaltados enemigos de la Iglesia Católica. El del «católico» Küng es uno de los casos más evidentes de esta mala voluntad a conciencia. Bastará decir que recientemente, en entrevista al diario alemán Frankfurter Rundschau y la emisora Deutschlandfunk (recogida por el diario español El Pais, 2 1-4-10), ha pedido, junto a otras organizaciones «católicas», explícita y enérgicamente, la dimisión del Papa.
Si bien estas voces radicales son fácilmente rebatibles por la investigación científica y aun por el sentido común más elemental, resultan de una particular peligrosidad para los católicos por provenir justamente de la misma Iglesia. Y, en rigor de verdad, no son muchos los católicos en capacidad y tiempo de discernir apropiadamente entre lo cierto y lo falso, ni tampoco aquellos que distinguen oportunamente entre el magisterio de la Iglesia y las voces particulares y aisladas. iSerá suficiente que lo haya dicho un obispo, cardenal o teólogo de entre cien mil para darle crédito!
Para poder entender lo que a priori pareciera incomprensible -esto es como un obispo o cardenal atribuye a «su» misma Iglesia peores crímenes que los imaginados por sus adversarios?- hay que comprender, primero, la existencia de una contra-iglesia; de un «magisterio paralelo» en su mismo seno. Que esto fue y sigue siendo una realidad no es algo que haya sido observado y denunciado sólo por sectores que podrían ser calificados como propensos a la exageración.
El mismo Pablo VI había reconocido explícitamente un proceso de autodemolición en la Iglesia, advirtiendo que «el humo de Satanás» había entrado en ella, en clara alusión al progresismo que por diestra y siniestra se iba acomodando, especialmente en tiempos del Concilio Vaticano II. La actualidad ofrece ejemplos concretos de esta realidad, casos de teólogos, obispos, cardenales y sacerdotes que no sólo se atreven a dudar del magisterio pontificio, desobedeciéndolo sin ningún tipo de reparos, isino a atacarlo abiertamente! Asi, se encuentran algunos de ellos apoyando, por acción u omisión, la práctica del aborto, los «matrimonios» homogenéricos, la desnaturalización del sacerdocio y postulados contrarios a la doctrina católica. Hace poco tiempo, en marzo de 2010, monseñor Giampaolo Crepaldi, arzobispo de Trieste y Presidente del Observatorio Internacional Cardinale Van Thuân, denunció esta situación. Por cierto, no fue el primero. Al respecto convendrá consultar asimismo los voluminosos y documentados trabajos del historiador español Ricardo de la Cierva, donde prueba de modo categórico la infiltración del marxismo dentro de la Iglesia Católica a partir de los años 30
Si se pidiera alguna voz insospechada, ninguna mejor que la del rabino Yehuda Levin, líder religioso de un grupo de 800 rabinos ortodoxos. Hace unos años, defendiendo la posición de Benedicto XVI frente al tradicionalismo, dijo: «Me doy cuenta que es muy importante llenar los bancos de la Iglesia Católica no con católicos culturales o izquierdistas que contribuyen destruir a la Iglesia y corromper: SUS valores [..] Esta corrupción tiene un efecto contagioso en todas y cada una de las comunidades religiosas en el mundo». Tampoco es esta la primera vez que se encuentran observaciones similares en las voces honestas de autoridades de otras religiones El escepticismo en cuanto a la religión es probablemente mayor que nunca antes. Supone grave imprudencia no tomar plena e inmediata conciencia sobre la necesidad de instruir debidamente en la verdad histórica a todos cuantos forman parte del Cuerpo Místico de Cristo. No es pretensión de este libro llevar a cabo esa tarea, que exige mucha capacitación y por cierto excede sus límites. Pero sin ánimo regalista, y a modo de humilde aporte, se harán notar uno o dos aspectos de importancia.
Como se ha dicho, no es imperativo al sacerdote ser un experto en Historia de la Iglesia, pues le bastaria con saber las generalidades del caso y luego, si fuera necesario, para profundizar los temas, remitir a los entendidos, que sin duda los hay. Asimismo, por ejemplo, podría ser conveniente que cada diócesis organizara periódicamente seminarios, de asistencia obligatoria, sobre los lugares más Comunes de estas leyendas negras. Los concurrentes podrían estar sujetos a una evaluación anual a cargo de un legado designado por el pontífice o el Magisterio quien decidiría, de acuerdo a las calificaciones, las medidas a tomar en cada caso particular Si no se tomaran medidas al respecto, serán, seguramente, más almas las que se alejen de la salvación, creyendo confirmados los prejuicios contra su Iglesia.
*Manifiesto, entre otros casos, en su discurso pronunciado en la Karlsplatz, Viena, el 12 de septiembre de 1983, en ocasión al 300 aniversario de la batalla de viena. Dice, entre otras cosas: «Aquí, en Viena, queremos rendir homenaje al Rey Juan I Sobieski porque defendió a la patria amenazada por el enemigo y se esforzó por defender a Europa, a la Iglesia y a la cultura cristiana, cuando estas se encontraban ante peligro de muerte [.] Recordamos a los ejércitos, a las ordenes del rey, sobre todo a nuestros compatriotas, que con la caballería combatieron en Viena. Recordamos y rendimos honor al sacrificio y valentia con que vinieron; por medio de ellos venció Dios». Cit. en Revista Cabildo, Buenos Aires, abril del 2000, p.25.
Hans Urs Von Balthasar, Chi e il cristiano?, Queriana, Brescia, 1996, p.13.
Luigi Acattoli, ob.cit.P.20.
*Aunque en rigor no podremos decir que actuara el cardenal concientemente en mala voluntad, pues, a pesar de haber sido un teólogo polémico, será, parece, uno de los teólogos preferidos de Juan Pablo II. El problema surge cuando este teólogo se aventuro a hablar sobre temas históricos prescindiendo de los archivos sobre el tribunal de la Inquisición, cuales tenía a su entera disposición; y es aquí, en este asunto, que, sin desmedro de sus valiosísimos aportes teológicos, se expide en similares términos que los más conocidos libelistas anticatólicos. La personalidad contradictoria de este cardenal es caracteristica en la que prácticamente todos sus biógrafos coinciden
Giampaolo Crepaldi, Los antipapas y los peligros del magisterio paralelo, 22 de marzo de 2010, cfr.zenit.org.
El reino de Dios siempre ha existido: ¿por qué pues pedimos que venga? 1/3
Debemos responder que esto puede entenderse de tres maneras
1. En primer lugar porque algunas veces un rey tiene tan sólo el derecho del reino o del señorio; y sin embargo aún no se declara el dominio de ese mismo reino porque la gente del reino aún no se le sujeta. Luego su reinado o dominio se declarará cuando la gente del reino se le sujete, Ahora bien, por sí mismo y por su naturaleza Dios es el Señor de todo Daniel 7, 14:»A Él se le dio el poder, el honor y el reino». Es necesario, por lo tanto, que todo le esté sometido. Pero esto no se ha realizado aún, sino que se realizará al fin del mundo. 1 Corintios 15, 25: «Él debe reinar hasta que ponga a todos sus enemigos a sus pies». Por lo cual pedimos y decimos: «Venga a nos tu reino».
Y esto lo pedimos en cuanto a tres cosas: que los pecadores se conviertan y sean salvados por la gracia de Dios; que los pecadores sean castigados en la vida presente para su conversión para que escapen el castigo eterno; que los pecadores contumaces en impenitencia final sean castigados; y la muerte destruida.
Porque los hombres están sometidos a Cristo de dos maneras: o voluntariamente, o a la fuerza. Como, en efecto, la voluntad de Dios es de tal manera eficaz que se tiene que cumplir totalmente y Dios quiere que todas las cosas se le sometan a Cristo, una de esas dos maneras será necesaria: o sea, que o el hombre haga la voluntad de Dios sometiéndose uno a sus mandatos, y esto es lo que hacen los justos; o que Dios haga con todos su propia voluntad castigándolos, y esto hará con los pecadores y con sus enemigos. Lo cual será en el fin del mundo. Salmo 109, 1: cuando «ponga a tus enemigos de escabel de tus pies»
Por lo cual les es dado a los santos (los justos que viven en el estado de gracia santificante) el pedir que venga el reino de Dios, o sea, que se le sometan aquéllos totalmente. Mas para los pecadores contumaces es algo horrible, porque el pedir que venga el reino de Dios no es sino que por voluntad de Dios se les someta a los suplicios. Amós 5, 18: «¡Ay de los [pecadores] que ansian el día del Señor!» Pero con esto se destruirá la muerte. En efecto, como Cristo es la vida, en su reino no puede existir la muerte, que es lo contrario de la vida. Por lo cual se dice en 1 Corintios 15, 26: «El último enemigo en ser destruido será la muerte» Y esto ocurrirá en la resurrección. Filipenses 3, 21:»Transformará nuestro vil cuerpo en un cuerpo semejante al suyo glorioso»
Comentarios sobre el Padre Nuestro y los Diez Mandamientos. Santo Tomás de Aquino
Haz que mi alma tenga hambre de Ti, Pan de los Angeles, alimento de las almas santas, Pan nuestro de cada día, lleno de fuerza, de toda dulzura y sabor, y de todo suave deleite
San Mateo 16:13-19 Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»
Esta petición proviene del don de piedad. La bienaventuranza de la humildad Como está dicho, el Espíritu Santo hace que amemos, deseemos y pidamos rectamente
Y primeramente causa en nosotros el temor por el que tratamos de que sea santificado el nombre de Dios. Otro don es el don de piedad. La piedad es propiamente un afecto tierno y devoto al Padre, y también a todo hombre que se halle en la miseria Como Dios es ciertamente nuestro Padre, no solamente debemos reverenciarlo y temerlo, sino que también debemos tenerle un amor tierno y delicado. Y este afecto es el que nos hace pedir que venga el reino de Dios. Tito 12-13:»Vivamos en este siglo con piedad y justicia, aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria del gran Dios»
Comentarios sobre el Padre Nuestro y los Diez Mandamientos. Santo Tomás de Aquino
Indudablemente, la Masonería, encontró el mejor ambiente para su crecimiento en los círculos ilustrados europeos. Logias y salones se influyeron mutuamente en varios aspectos; es difícil establecer quien tuvo mayor peso en ese proceso interactivo; salvo en una cuestión: la religiosa
En ese campo, la influencia de la Masonería se impuso, en cuanto a las últimas creencias. De ahí, el gran desarrollo de las ciencias ocultas o la extensión del mito ilustrado del progreso indefinido, de claro origen cabalístico: para la cábala <la idea de progreso es equivalente a la de historia, es decir, la historia es el movimiento de regeneración ilimitada a partir del pecado>. Es innegable que la mayor parte de los philosophes eran contrarios a la Revelación; solo hay que conocer someramente la obra de autores como La Mettrie, Holbach o Voltaire para comprenderlo. Uno de los colaboradores de la Enciclopedia, Du marsais, escribía: <El verdadero filósofo es el hombre que se ha liberado a si mismo de los prejuicios impuestos por la educación religiosa, que reconoce que la religión no es más que una pasión humana nacida de la admiración, del temor o de la esperanza>. El espíritu enciclopedista, marcado por el deísmo inglés, era contrario, en su conjunto a toda fe revelada. Uno de sus primeros autores, Toland, ha dejado escrito:
Creer en la divinidad de las Escrituras, o en el significado de cualquier pasaje de las mismas, sin pruebas racionales o de una evidente consistencia, es de una credulidad inaudita y una opinión temeraria
Deísmo y racionalismo radical, en definitiva, son denominador común en la obra de los ilustrados; el ateísmo incluso aparece en la última generación, con Holbach. Pero acaso eso solamente no justificaría el odio a la religión, particularmente la católica, que aparece en algunos de ellos. Este es el caso de Frangois-Marie Arouet, llamado Voltaire, precisamente el sumo sacerdote de aquel <partido> de los filósofos; el más admirado de todos enamorado a su vez de Inglaterra. Y Lo resumia en la abreviatura Ecr. I ‘inf, (Écrasez l’infámé) presente en sus escritos. Ese odio, contrario realmente a la razón, única guía, supuestamente, de aquellos hombres, podria explicarse desde la experiencia de alguien que despues de ingresar en una secta que maquina contra la Iglesia, y pasar por el estamos hablando de alguien, que aparte de ser deista, se inició en una de las principales logias de Francia, la parisina de Las Nueve Hermanas, creada el 11 de marzo de 1776; la misma a la que perteneció Benjamín Franklin, que llegó en ella a ser Venerable, y tantos personajes como iremos viendo enseguida. Voltaire no se limitaba a rechazar la fe como el resto de ilustrados radicales; <acuñó el lema blasfemo Aplastad al infame, que no es otro que Cristo> consiguiente proceso iniciático, con rituales como los descritos, llega a adorar a otra realidad distinta de Dios, sea – en un primer momento-, el Ser Supremo sea Lucifer, el hombre o uno mismo, al final del recorrido, Alguien que, en realidad, ha renunciado a su propia racionalidad.
Ese es el componente que añadía la Masonería al deísmo inglés, al racionalismo llevado hasta el extremo. Si no lo aprendió en su logia, en la que ingresó tarde, lo llevó a ella. Pero entonces ¿cómo llegó hasta ahí?
Hay que decir que Voltaire abandonó la Masonería y murió cristianamente, confesado y pidiendo perdón a Dios y a la Iglesia por escrito, como algunos otros masones famosos; tal es el caso de Manuel Azaña aunque este último no estuviera ya en condiciones de escribir nada ni se lo hubieran permitido los masones que le pagaban el hotel de Montauban. Entre ambos masones, reconciliados con la fe a última hora, es evidente. Uno no hubiera existido sin el otro; al menos sin la generación de <hermanos> ilustrados que hizo posible la de los republicanos españoles, con gran perjuicio para las almas de muchos; pero a la vez con tantos mártires como enviaron al Cielo; y desde allí defienden a la Iglesia.
La Masonería estaba plenamente consolidada en Francia a mediados del siglo XVIII: si bien al principio la conexión británica era evidente hasta en las denominaciones, en 1756 se impuso. Pero en cualquier caso, especulaciones aparte, el daño estaba hecho: suprimiendo el Cristianismo, los philosophes eliminaron la ley natural. Rousseau había afirmado: < Puesto que la naturaleza no produce ningún derecho, quedan pues las convenciones como base de toda autoridad legitima> y < La voluntad general es siempre recta>, a lo que León XIII responderia en el siguiente siglo: <la naturaleza de la libertad humana, [..] incluye la necesidad de obedecer a una razón suprema y eterna, que no es otra que la autoridad de Dios>. Actualmente, es obvio que impera la teoría rousseauniana, tan adecuada para justificar cualquier atropello en nombre de un pueblo al que no se consulta en cuestiones vitales; un pueblo, además, ya muy trabajado desde hace generaciones por el poder masónico para que no presentara resistencia a sus designios. «Gran Logia de Francia», que se transformó en «Gran Oriente de Francia» en 1773 con el duque de Orleans como primer gran Maestro hasta 1793 que fue guillotinado>,
Con la constitución del Gran Oriente se abría la puerta a la Masonería <irregular>, que dejaba de aceptar la totalidad de los landmarks originarios; se iniciaba una Masonería revolucionaria que no dejaría de radicalizarse con el paso del tiempo. Para complicar más la cuestión, en 1785, al ser suprimida en Baviera su orden, llegaban a Francia los primeros Illuminati; justo a tiempo para el cambio de era. La fragmentación de la Masonería estaba en marcha e iría a más, generando diferentes rituales, polémicas internas que acabarían originando nuevas ramas, progresivamente más irregulares y revolucionarias. Aunque las clases dirigentes francesas no percibieran el peligro que encerraba aquella eclosión masónica
José Antonio Ullate, o. c., p. 157
César Chesnau Dumarsais, El filósofo
Alberto Bárcena, La Guerra de la Vendée. Una cruzada en la Revolución, p. 30
«La Revolución Francesa», en Javier Paredes (dir.), Historia Universal Contemporánea, capítulo 4, pp. 91-146
Robert Shackleton, o. c. p. 330
Ricardo de la Cierva, La Masonería Invisible.., p. 69
*<«Yo me he confesado con el sacerdote (.) y si Dios dispone de mí, muero en la santa religión católica, en la que he nacido, esperando de la misericordia divina que se digne perdonar todas mis faltas y que si he escandalizado a la Iglesia pido perdón a Dios y a ella» (firmado: Voltaire, 2 de marzo de 1778).Cf. texto completo en Guillermo Buhigas LOs protocolos. .-Memoria histórica, Sekotia, Madrid, 2008, 288-289″, en Manuel Guerra, Masonería.., p. 137
*El obispo de Montauban, monseñor Pierre-Marie Théas, habló con Azaña, ya muy enfermo, en octubre de 1940, revelando después las circunstancias de su conversión: <A esta pregunta: ¿desea usted el perdón de sus pecados?, respondió: Sí>, En 1952 añadió el obispo: <Recibió con plena lucidez el sacramento de la penitencia, que yo mismo le administré, Hablando del crucifijo que le presentó, dijo también: <lo cogió de mis manos, lo acercó a sus labios, besándolo amorosamente por tres veces y exclamando cada vez: iJesús, piedad y misericordia! Este hombre tenía fe. Su primera educación cristiana no había sido inútil …>, El 3 de noviembre, por último, le administró la extremaunción. Ver Gabriel Verd, S.., «La conversión de Azaña», en Razón y Fe, 1986.
El cónclave papal de 1914 se reunió once días después de la muerte del papa Pio X. Antes de esto, un nacionalista bosnio-serbio-yugoslavo llamado Gavrilo Princip asesinó al archiduque austro-húngaro Franz Ferdinand en Sarajevo el 28 de junio de 1914. La crisis de julio dividió a Europa en dos coaliciones: por un lado Gran Bretaña, Francia y Rusia y por el otro Alemania, el impero austro-húngaro e Italia. El cónclave de 1914 reunió a cardenales de ambos bandos enfrentados así como de todas las naciones Participaron y votaron cincuenta y siete cardenales. Ocho no pudieron asistir debido a enfermedad o distancia, como los dos cardenales americanos y el cardenal canadiense, que llegaron tarde para la votación. El cónclave duró cuatro días y hubo diez votaciones. Inicialmente, tres cardenales resultaron favorecidos.
El cardenal Domenico Serafini era el sucesor moral de Pio X. Era un decidido ultraconservador y deseaba continuar con los protocolos antimodernistas de Pío X.
Al otro lado se situaba el cardenal liberal Pietro Maffi, de Pisa.
Situado entre Serafini, a la derecha, y Maffi, a la izquierda, se encontraba el candidato de compromiso: el cardenal Giacomo della Chiesa, de Bolonia
Los tres cardenales contaban con el mismo apoyo. En la quinta votación, el progresista Maffi perdió apoyo y dejó la carrera por la elección a Serafini y della Chiesa. Los seguidores de Maffi cambiaron gradualmente hacia della Chiesa, y en la décima votación, della Chiesa obtuvo la mayoría de los dos tercios reque rida. Hubo un recuento posterior porque della Chiesa habia ganado la mayoría de dos tercios tan sólo por un voto, y el piadoso cardenal Rafael Merry del Val se dio cuenta de que si della Chiesa había votado por sí mismo, la votación era in- válida. Cuando se comprobaron los votos quedó claro que della Chiesa no había votado por sí mismo. La elección, por tanto, era firme, El cardenal della Chiesa, elegido a la edad de cincuenta y nueve años, tomó el nombre de Benedicto XV. Fue conocido como Il Piccoletto, o «el pequeñito», y tuvieron que subirle rápidamente el dobladillo de la sotana papal para adaptarla a su estatura. Inmediatamente declaró que la Santa Sede permanecería neutral en la Primera Guerra Mundial, a la que denominó «el suicidio de Europa» La guerra había interrumpido el trabajo misionero católico en el mundo. El papa Benedicto XV trató de revitalizar las misiones. En 1917, promulgó el Código de Derecho Canónico iniciado por Su predecesor, Pío X. Canonizó a santa Juana de Arco y santa Margarita María de Alacoque. Aprobó la fiesta de María Mediadora de todas las gracias autorizando una Misa y el Oficio bajo este título en las diócesis de Bélgica, Y lo más importante, el papa Benedicto continuó su lucha contra el modernismo con su Ad beatissimi Apostolorum. También mantuvo las excomuniones impuestas al modernismo por Pio X a pesar de las afrmaciones iniciales que sostenían que era un teólogo moderado. El papa Be- nedicto XV murió de neumonia el 22 de enero de 1922 . Su pontificado es conocido no tanto por su liderazgo como por lo que sucedió durante su reinado. Hacia el final de la guerra, del 13 de mayo al 13 de octubre de 1917, se apareció Nuestra Señora en Fátima, Portugal. Algunos teólogos e historiadores han relacionado la carta pastoral del papa Benedicto XV del 5 de mayo de 1917 con el comienzo de las apariciones de Fátima ocho días después. En su carta, el papa agregó formalmente el título de «Reina de la paz» a las letanías lauretanas, y pedía el fin de la Guerra Mundial por la intercesión de la Santísima Virgen María:
Nuestra voz suplicante, invocando el final del gran conflicto, el suicidio de la Europa civilizada, fue y ha sido desde entonces, ignorada.Es más, parecía que la oscura marea del odio se hacía mayor y más fuerte en las naciones be- ligerantes, empujando a otras naciones a su espantosa locura, multiplicando la ruina y las masacres. Sin embargo, nuestra confianza no ha menguado. Elevemos, por tanto, a María, que es Madre de Misericordia y todopoderosa por gracia, desde todos los rincones de la tierra, en los majestuosos templos y las capillas más pequeñas, desde los palacios y las ricas mansiones de los grandes, así como desde las más humildes moradas… desde los campos . los mares ensangrentados, la pía, devota invocación y llevemos hasta ella el grito angustiado de madres y esposas, el gemido de niños inocentes, el suspiro de todos los corazones nobles: que mueva Su tierna y benigna solicitud para traer a este mundo asolado la deseada paz. Benedicto XV, Carta del 27 de abril de 1915
Es milagroso y providencial que, ocho días después, comenzasen las visiones de Fátima y que, ese mismo dia, el papa Benedicto XV consagrase a Eugenio Pacelli como obispo. Eugenio Pacelli se convertiria en el papa Pio XII y, como tal sería conocido como el papa de Fátima
TAYLOR R. MARSHALL. INFILTRACIÓN, EL COMPLOT PARA DESTRUIR LA IGLESIA DESDE DENTRO