«Cuando las lei (las cartas de Isabel la Católica) (…) hice concepto de que eran tan parecidos estos dos naturales entendimientos y espíritus de la señora Reina y santa Teresa, que me pareció que si la santa hubiera sido Reina, fuera otra Católica doña Isabel; y si esta esclarecida princesa fuese religiosa (…) fuera otra santa Teresa.'»
: Juan 17, 17: la oración sacerdotal de Jesús, interpretación de la ordenación sacerdotal
Quedaron especialmente impresas en mi corazón la víspera de mi ordenación sacerdotal. Mientras que los sinópticos recogen fundamentalmente la predicación de Jesús en Galilea, Juan -que al parecer mantenia relaciones de parentesco con la aristocracia del Templo recoge principalmente el anuncio de Jesús a Jerusalén y menciona algunas cuestiones relativas al Templo y al culto. En ese contexto, la oración sacerdotal de Jesús cobra especial relevancia
Mi intención no es repetir aqui los diversos elementos que analicé en el segundo volumen de mi libro sobre Jesús. Querría centrarme únicamente en los versículos 17 y 18, que dejaron una huella especial en mí la víspera de mi ordenación sacerdotal: <Santifícalos en la verdad: tu palabra es la verdad. Lo mismo que Tú me enviaste al mundo, asi los he enviado yo al mundo> (n 17 17-18). El término <santo> expresa la naturaleza particular de Dios. Solo Él es Santo. El hombre se hace santo en la medida en que comienza a estar con Dios. Estar con Dios significa desechar todo lo que es únicamente el yo y hacerse uno con toda la voluntad de Dios. No obstante, esta liberación del yo puede resultar muy dolorosa y nunca se lleva a cabo de una sola vez. Aun así, el término <santifica> puede permitirnos comprender de un modo muy concreto la ordenación sacerdotal, en el sentido de que implica que el Dios vivo reclama de forma radical a un hombre para hacerle ponerse a su servicio. Cuando el texto dice <santificalos en la verdad>, el Señor suplica al Padre que incluya a los Doce en esa misión, que los ordene sacerdotes
<Santifícalos en la verdad>. Asimismo, da la impresión de que se quiere apuntar discretamente al rito de la ordenación sacerdotal del Antiguo Testamento, donde el ordenando quedaba fisicamente purificado por un lavado completo antes de revestirse de las vestiduras sagradas. Ambos elementos, tomados en conjunto, significan que asi es como el enviado se convierte en un nuevo hombre, No obstante, lo que en el ritual del Antiguo Testamento es una figura simbólica, se hace realidad en la oración de Jesús. El único lavado capaz de purificar realmente al hombre es la verdad, es el propio Cristo. Y es también la nueva vestidura a la que alude la vestidura externa cultual, <Santificalos en la verdad, significa: sumérgelos totalmente en Jesucristo para que se verifique en ellos lo que Pablo señala como la experiencia fundamental de su apostolado: <vivo, pero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí> (Ga 2, 20).
Fue así como la víspera de mi ordenación quedó profundamente impreso en mi alma lo que significa el hecho de ser ordenado sacerdote, más allá de todos los aspectos ceremoniales: significa que hemos de ser incesantemente purificados e invadidos por Cristo para que sea Él quien hable y obre en nosotros, y nosotros cada vez menos. Vi con claridad que el proceso que consiste en hacerse uno con Él y en renunciar a lo que solo nos pertenece a nosotros se prolonga toda la vida e incluye constantes liberaciones y renovaciones dolorosas Asi es como las palabras de Juan 17, 17 me han señalado el camino que he recorrido a lo largo de mi vida
Joseph Ratzinger Benedicto XVI Ciudad del Vaticano, monasterio Mater Ecclesiae 1 7 de septiembre de 2019
Por tanto, hemos de adherirnos a los que practican la paz con la piedad y no a los que desean la paz con disimulo, Porque Él dice en cierto lugar: Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí (Is. 29, 1 3; Mc. 7, 6; Mt 15, 8); y también: Bendicen con la boca, pero maldicen con su corazón (Sal. 62, 5). Y de nuevo Él dice: Le lisonjeaban con su boca, y con su lengua le mentian, pues sus corazones no eran rectos con él, ni se mantuvieron firmes en su pacto. Por esta causa enmudezcan los labios mentirosos, y callen los que profieren insolencias contra el justo (Sal. 31, 19). Y de nuevo: Arranque el Señor todos los labios lisonjeros, y la lengua que habla jactanciosamente; a los que han dicho: Engrandezcamos nuestra lengua; nuestros labios son nuestros, quién es señor sobre nosotros? A causa de la opresión del humilde y el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré, dice el Señor; le pondré en seguridad; haré grandes cosas por él. (Sal. 12, 4-6)
Clemente de Roma, Epistola a los Corintios Padres Apostólicos Siglo I
San Mateo 22:15-21 Entonces los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra. Y le envían sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: «Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas. Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?» Mas Jesús, conociendo su malicia, dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Mostradme la moneda del tributo.» Ellos le presentaron un denario. Y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Dícenle: «Del César.» Entonces les dice: «Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios.»
Cuando Jesús, en un momento simbólico, establecia su gran sociedad, no escogió como piedra fundacional a Pablo ni a Juan, el místico, sino a un pedante, a un cobarde; en definitiva, a un hombre. Y sobre esa piedra edificó su Iglesia, y las puertas del Infierno no han podido con ella. Todos los imperios y los reinos han caido, a causa de su debilidad nherente y continua, pues los fundaron hombres fuertes, sobre otros hombres fuertes. Pero esa otra cosa, la Iglesia cristiana histórica, se fundó sobre un hombre débil, y por eso es indestructible. Pues no hay cadena que sea más fuerte que el más débil de sus eslabones
Si les place interpretar únicamente del Padre estas palabras, ¿cómo pueden ser hechas todas las cosas por Él, como aqui se dice, y ser todas hechas por el Hijo, como lo afirma el Apóstol, escribiendo a los de Corinto cuando dice: Y un Señor, Jesucristo, por quien son todas los cosas; o como dice San Juan en su Evangelio: Todo ha sido hecho por Él. Si unas cosas fueron hechas por el Padre y otras por el Hijo, ya no fueron todas las cosas hechas por el Padre, ni todas por el Hijo. Luego si todas las cosas fueron hechas por el Padre y todas por el Hijo, las mismas cosas que fueron hechas por el Padre lo fueron también por el Hijo, y, en consecuencia, el Hijo es igual al Padre, y sus operaciones son indivisas. En efecto, si el Padre hizo al Hijo, esta creación no pertenece al Hijo, y. por consiguiente, ya no fueron hechas todas las cosas por el Hijo; mas la verdad es que todas las cosas fueron hechas por el Hijo; luego el Hijo no ha sido creado y juntamente con el Padre ha hecho todas las cosas que han sido hechas. A decir verdad, no silencia el Apóstol esta palabra, pues dice abiertamente: Quien siendo Dios en la forma, no codició el ser igual a Dios (Flp. 2, 6). Dios en este pasaje es propiamente el Padre, como en este otro lugar: La cabeza de Cristo es Dios (1 Co. 11,3).
De manera muy reciente, una nueva palabra ha irrumpido en nuestro vocabulario político: globalismo. A diferencia de la voz globalización, que apuntaba sobre todo a un fenómeno de tipo económico, la índole del, globalismo es incontrastablemente política. Con esta palabra se quiere indicar la novedad de un régimen político que convierte la totalidad del globo en su teatro de operaciones, y que se consolida mediante la sustraccion de la soberania nacional en favor de entidades supraestatales.
El globalismo se institucionaliza en organizaciones que, por definición, no tienen ni patria, ni territorio ni pueblo. Esas organizaciones a veces son completamente públicas, otras veces completamente privadas, pero en la mayoría de los casos son hibridaciones público-privadas. Esas organizaciones a veces se llaman Organizaciones Internacionales Públicas>, a veces se llaman < ONG> y a veces toman el nombre de <Foros globales>. Con independencia de la forma jurídica y la naturaleza específica con que se hayan constituido, todas ellas comparten una misma convicción: la de que, en el actual momento de la globalización, el mundo deberia ser gobernado por instituciones de carácter global. A esta inédita forma del poder político la han denominado <gobernanza global>. Al tomar el término gobernanza> del lenguaje de la administración de empresas, revelaron la privatización de lo político que está teniendo lugar en el seno del poder. Con arreglo al vocablo <global>, revelaron, a su vez, el alcance literalmente total de las pretensiones del régimen en construcción. Al llamarse a sí mismos <ciudadanos globales>, los actores globalistas reivindicaron para sí un estatus exclusivo y totalmente desconocido en el pasado, una nueva manera de relacionarse con el poder y de ejercerlo, que nada tiene que ver con el viejo ciudadano nacional, cuya identidad estaba anclada a un territorio y a una patria. Por medio de una invocación permanente a <la Humanidad> como objeto de la <gobernanza global> de los <ciudadanos globales>, expusieron, por fin, la índole antidemocrática del flamante régimen: el demos, el pueblo, siempre particular, cede ante un abstracto y universal sujeto en el que todos, por fin, somos <incluidos>
Globalismo, ingeniería social y control total en el Siglo XXI. Agustín Laje
Evangelio según san Mateo, 11: 7-10 Después que se marcharon ellos comenzó Jesús a hablar a las turbas acerca de Juan. «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿A una caña agitada por el viento? ¿A un hombre vestido de ropas delicadas? Mirad, los que visten ropas delicadas están en las casas de los reyes; ¿pero qué fuisteis a ver? ¿A un Profeta? Aun os digo y más que a un Profeta, porque éste es de quien está escrito: Mira: Yo envío a un ángel mío ante tu rostro, y éste preparará tu camino delante de ti»
Y no juzgue alguno que en la suntuosidad de los vestidos y en la riqueza de las habitaciones no hay pecado, porque si efectivamente no lo hubiera, jamás el Salvador hubiera aplaudido a Juan por sus vestidos groseros. Y jamás Pedro hubiera disuadido del deseo de tener vestidos preciosos a las mujeres, cuando dijo: «No en el vestido precioso» ( 1Pe 3,3 )
Un dolorido Juan Pablo II llamaría la atención en el año 1997 sobre cómo «la Iglesia y el Papa son los que siempre piden perdón, mientras otros permanecen callados», agregando seguidamente: «Tal vez esa sea la forma en que las cosas se tienen que dar». Otro tanto dice la Comisión Teológica (Memoria y Reconciliación, 6,3), refiriéndose al objetivo del Mea Culpa: «En el plano ecuménico, la finalidad de posibles actos eclesiales de arrepentimiento no puede ser otra que la unidad querida por el Señor. En esta perspectiva es aún más de desear que sean realizados en reciprocidad» Según los expertos entrevistados por Catholic News Service, Juan Pablo II, en su largo pontificado, realizó reconocimientos a distintos grupos -incluyendo a indigenas, iglesias cristianas y mujeres- en más de cien ocasiones, Las expresiones de pesar siempre fueron incondicionales y la Iglesia nunca esperó encontrar pedidos de perdón similares como respuesta. A su vez, el entonces cardenal Ratzinger advertía que «no se pueden cerrar los Ojos ante todo el bien que la Iglesia ha hecho en estos últimos dos siglos, devastados por las crueldades de los ateísmos», refriéndose a los 100 millones de cristianos asesinados por regimenes como el comunista (cifra traida por los mismos ex partidarios del régimen en la obra El libro negro del comunismo). Bien podriase incluir genocidios acallados como el de la masonería -mediante los jacobinos franceses- contra el pueblo campesino de la Vendée sólo por profesar la fe católica, asesinando -fusilando, ahogando, mutilando, torturando- a decenas de miles de niños, mujeres y sacerdotes, ascendiendo el número total de víctimas a más de 500.000. Cabe recordar también el perpetrado por las brigadas rojas contra los campesinos mexicanos y el pueblo español en las primeras décadas del siglo XX. Otros más recientes son los perpetrados por el bando aliado en la segunda gran guerra – Hiroshima, Nagasaki, Dresden, entre los más notorios- y los de EE.UU. e Israel en Medio Oriente hasta la actualidad. El martirologio y las postreras canonizaciones y beatificaciones autorizadas por la Iglesia no dejan mentir acerca de esta realidad.
Acongojado, se preguntaba el cardenal Giacomo Biffi: «¿A quién pedirá cuentas la humanidad por los innumerables guillotinados franceses de 1793 ajusticiados sin otra causa que a pertenencia a un grupo social? ¿A quién pedirá cuentas la humanidad por las decenas de millones de campesinos rusos asesinados por los bolcheviques?» En tanto, el historiador italiano Franco Cardini expresaba que «sería gratificante, por ejemplo, escuchar expresiones de pesar por parte de la Reina de Inglaterra ante el tratamiento que se les dio a los católicos en su pais, sin mencionar las numerosas persecuciones contra los lideres católicos en Francia, España y México [ ] Un examen de conciencia, o para usar un término menos católico, una reflexión histórica podria ser realizada por las iglesias protestantes que tuvieron sus propios problemas con los católicos o por los líderes ortodoxos rusos que en el pasado apoyaron las acciones represivas del gobierno zarista». Agrega que «tal vez los musulmanes deberian hacer su propia reflexión sobre las numerosas guerras santas proclamadas en el pasado», e indica que, actualmente, China podría comenzar a trabajar en su apologia por el actual trato que da a la Iglesia Católica
Finalmente advierte el pontifice que: «Lo que hay que evitar es que actos semejantes [el pedido de perdón] sean interpretados equívocamente como confirmaciones de posibles prejuicios respecto al cristianismo. Seria deseable, por otra parte, que estos actos de arrepentimiento estimulasen también a los fieles de otras religiones a reconocer las culpas de su propio pasado[.] La historia de las religiones [no se refiere aquí a la católica] está revestida de intolerancia superstición, connivencia con poderes injustos y negación de la dignidad y la libertad de conciencia». A continuación agrega: «Su petición de perdón [el de la Iglesia] no debe ser entendida como [.] retractación de su historia bimilenaria, ciertamente rica en terreno de caridad, de la cultura y de la santidad»
*El vaticanista Luigi Accattoli da cuenta, hasta 1997, de distintos pronunciamientos del pontífice -en algunos casos acompañados de un pedido de perdón- sobre las cruzadas, dictaduras, divisiones entre iglesias, la mujer, los judíos, Galileo, Guerra y paz, las guerras de religión, Hus, Calvino y Zwinglio, los indígenas, las injusticias, la inquisición, el integrismo, el Islam, Lutero, la mafia, el racismo, Ruanda, el cisma de Oriente, la historia del papado, la trata de negros, etc.
Vaticano, 11 marzo. Tomado de Agencia de Noticias ACI.
La Inquisición: Un tribunal de misericordia Cristián Rodrigo lturralde