San Lucas 18:9-14 A algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás les dijo esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: `¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias.’ En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: `¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’ Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado.»
San Juan 12:24-26 En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.
Ha sido un honor y una alegría compartir algunas verdades básicas y esenciales de la fe católica con ustedes a través de esta serie de Cartas Pastorales. Hoy me gustaría discutir la séptima y última verdad que enumeré en mi Carta Pastoral del 22 de agosto de 2023:
El sufrimiento puede traer una soledad profunda a veces. Sin embargo, es esta soledad la que puede hacernos llegar, más allá de la comodidad terrena, a Aquel que nos llama a participar en el misterio del sufrimiento con Él. Jesús eligió entrar en nuestra soledad haciéndose humano. Experimentó una profunda soledad en el Huerto de Getsemaní, donde sufrió su agonía mientras se preparaba para su muerte inminente, e incluso sus discípulos no permanecieron despiertos con él (cf. Mt 26, 36-45). En la cruz Jesús gritó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué has ¿Abandonado?» (Mat. 27:46). Por su Pasión, Jesús soportó la soledad última para llenar nuestra soledad con su presencia, y en nuestro sufrimiento, está profundamente presente.
Que Dios Todopoderoso te bendiga, y que recibas el fortalecimiento, la sanidad y la perseverancia que Nuestro Señor desea para ti al ofrecerle tus sufrimientos.
Sigo siendo tu humilde padre y siervo,
Reverendísimo Joseph E. Strickland Obispo de Tyler
hubo un tiempo, como decía el papa León XIII, en que la <filosofia del evangelio gobernaba los estados> (Immortale Dei, 9). cQué gobernante moderno? A qué presidente actual se lo puede llegar a ver siquiera haciendo lo que los antiguos gobernantes cristianos?
A lo largo de toda la Edad Media se suceden numerosos ejemplos de reyes y reinas y de otros miembros de familias regias de vida especialmente piadosa, muchos de ellos santos, que destacaron también por su caridad con los necesitados
San Fernando, Fernando IIl el Santo de Castilla y León (1199-1252), destacó por el buen trato hacia los moros vencidos en sus ingentes campañas de la Reconquista española, mientras que en la repoblación de las tierras ganadas favoreció un reparto equitativo de las propiedades (sistema de repartimientos). Fue generoso en las limosnas y apoyó las iniciativas benéficas en sus reinos; precisamente emprendió una labor de moderación de los precios y del gasto estatal y municipal, y promovió lo mismo entre los demás sectores del reino, de cara a poder hacer frente a las necesidades nacidas de la Reconquista y de la repoblación, así como para poder financiar construcciones, las obras de caridad en favor de los pobres y la redención de cautivos.
Llamado «el Santo» (Peleas de Arriba, 1199 o 24 de junio de 1201-Sevilla, 30 de mayo de 1252), fue rey de Castilla desde 1217 hasta 1252, y de León, del 1230 al 1252. Hijo de Berenguela, reina de Castilla, y de Alfonso IX, rey de León, unificó dinásticamente los reinos castellano y leonés, que permanecían divididos desde 1157 cuando Alfonso VII el Emperador, a su muerte, los repartió entre sus hijos, los infantes Sancho y Fernando.
La obra representa la última comunión del rey Fernando M de Castilla (+ 1252), apodado el Santo, que falleció en la ciudad de Sevilla el día 30 de mayo de 1252. obra de José Gutiérrez de la Vega (1832)
Evangelio según san Mateo, 10: 23- 23 «Cuando os persiguieren en una ciudad, huid a otra. Porque os digo, en verdad, que no habréis acabado de instruir todas las ciudades, antes de que llegue el Hijo del hombre». (v. 23)
Pudo muy bien haberles aconsejado que se valiesen de sus manos, para no caer en las manos de sus perseguidores. Pero esto ni lo mandó ni lo aconsejó, porque quiso que no dejaran esta vida de esa manera aquellos a quienes prometió que El mismo iría a prepararles la mansión eterna y es bien claro, que, a pesar de los muchos ejemplos que puedan oponer los que no conocen a Dios, esto no es lícito a los que creen en un solo Dios verdadero
q.57 a.5; q:106 a.1 ad 1; 3, q.10 a.2; In Sent. 2 d.11 q.2 a.1.2; 3 d.14 a2 q.» 2; 4 d.45 q:3 a.1; d.14 q:2 a.5; De Verit. q8 a.4; q:20 a.4.5; Cont Gentes 3, 56.59.
Objeciones por las que parece que quienes ven a Dios en esencia lo ven todo en Dios: 1. Dice Gregorio en IV Dialogo.’9 ;Qué no verán quienes ven a quien todo lo ve? Pero Dios lo ve todo. Luego quienes ven a Dios, todo lo ven. 2. Más aún. Asimismo, quien ve un espejo, ve todo lo reflejado en él. Pero todo lo que se hace o puede ser hecho resplandece en Dios como en un espejo; pues El todo lo conoce en Sí mismo, Luego quien ve a Dios ve todo lo que existe o puede ser hecho, 3. Todavía más. Como se dice en el II De Anima: quien entiende lo dificil entiende lo fácil. Pero todo lo que Dios hace o puede hacer es menos que su esencia. Luego todo el que entiende a Dios puede entender todo lo que Dios hace o puede hacer. 4. Por último. La criatura racional desea conocer naturalmente todas las cosas. Así, pues, si viendo a Dios no lo conociera todo, su deseo natural quedaría insatisfecho. De este modo, viendo a Dios no sería feliz. Esto es contradictorio. Luego, viendo a Dios, todo se sabe, En cambio está el hecho que los ángeles ven a Dios en su esencia, y, sin embargo, no lo conocen todo. Pues los ángeles inferiores son purificados de su ignorancia por los superiores, como dice Dionisio en el c.7 Cael. hier.? Ignoran también lo que vaya a pasar, así como lo que se mueve en el corazón, pues conocerlo sólo le corresponde a Dios. Luego quienes ven la esencia de Dios no lo ven todo.
Solución. Hay que decir: El entendimiento creado, al ver la esencia de Dios, no ve en ella todo lo que Dios hace o puede hacer. Ya que resulta evidente que, si se vieran en Dios otras cosas, se verían tal como están en El. Y todas las cosas están en Dios como el efecto está virtualmente en su causa. Así, pues, las demás cosas son vistas en Dios como el efecto en su causa. Pero también resulta evidente que, cuanto más perfectamente se ve una cosa, tantos más efectos suyos se pueden ver en ella. Pues quien tiene un entendimiento muy capaz, si se le propone un principio demostrativo, deduce de él muchas conclusiones, algo para lo que un entendimiento más débil precisaría que se las explicasen una por una. Así, pues, aquel entendimiento puede conocer en la causa todos los efectos; y quien comprehende totalmente la causa, conoce también todas las motivaciones de los efectos. Como quedó demostrado (a.7), ningún entendimiento creado puede comprehender totalmente a Dios. Por tanto, ningún entendimiento creado, al ver a Dios, puede conocer todo lo que Dios hace o puede hacer. Eso sería comprehender todo su poder. Pero aquellas cosas que Dios hace o puede hacer, algún entendimiento tanto más las conocerá cuanto más perfectamente vea a Dios.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Gregorio habla de la suficiencia del objeto, esto es, de Dios, que, en cuanto tal, contiene y da a conocer suficientemente todas las cosas. Sin embargo, de ello no se deduce que todo aquel que ve a Dios conozca todas las cosas, porque a El no se le comprehende perfectamente 2. A la segunda hay que decir: Quien ve un espejo, no necesariamente tiene que ver todo lo que allí se refleja, a no ser que con su vista abarque todo el espejo. 3. A la tercera hay que decir: Ver a Dios es más que ver todas las cosas; sin embargo, ver a Dios de forma que en El se conozcan todas las cosas, es más que verle de modo que se conozcan muchas o pocas, pero no todas. Pues ya quedó demostrado (sol.) que el ver muchas cosas en Dios depende del modo más o menos perfecto de verle. 4. A la cuarta hay que decir: Es deseo de la criatura racional conocer las cosas que perfeccionan el entendimiento. Estas cosas son los géneros y las especies, las razones de ser, y todo esto lo verá en Dios aquel que vea la esencia divina. Por otra parte, conocer lo singular, los hechos y pensamientos, no pertenece a la perfección del entendimiento creado, ni tampoco es una tendencia de su deseo natural; como tampoco conocer lo que todavía no existe pero puede ser hecho por Dios. Sin embargo, si se viera a Dios sólo, que es fuente y principio de todo ser y verdad, de tal forma colmaría su deseo natural de saber, que no desearía ninguna otra cosa, y sería feliz. Por eso dice Agustin en V Confess.?»: Desgraciado el hombre que todo lo conoce (todo lo creado) pero a Ti te ignora. Feliz quien te conoce, aunque ignore todo lo demás. Y quien te conoce a Ti y a todo lo demás, sólo por conocerte a Ti es feliz, no por lo demás.
San Mateo 13:44-52 «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel. «También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra. «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí.» Y él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas.»