San Mateo 13:44-52 «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel. «También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra. «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí.» Y él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas.»
San Lucas 15:1-10 Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos.» Entonces les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra? Cuando la encuentra, se la pone muy contento sobre los hombros y, llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.’ Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión. «O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.’ Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»
San Lucas 14:16-24 Él le respondió: «Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: `Venid, que ya está todo preparado.’ Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: `He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses.’ Y otro dijo: `He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses.’ Otro dijo: `Me acabo de casar, y por eso no puedo ir.’ «Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, el dueño de la casa, airado, dijo a su siervo: `Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, a ciegos y cojos.’ Dijo el siervo: `Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio.’ Dijo el señor al siervo: `Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa.’ Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena.»
San Juan 19:31-37 Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado -porque aquel sábado era muy solemne- rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
¿Todos los hombres son salvados automáticamente por Cristo? Cristo murió por todos los hombres en el sentido que todos tienen la posibilidad de obtener su salvación. Nadie está excluido. Pero para que un hombre pueda de hecho salvarse, se necesita que acepte la gracia que Cristo le ha merecido y que le ofrece. Si la rechaza, queda en un estado de perdición y será condenado eternamente (salvo su conversión antes de su muerte).
¿Dónde se puede encontrar éste error de salvación universal? La salvación universal, es decir, la tesis según la cual todos los hombres tienen no solamente la posibilidad de ser salvados, sino que están salvados de hecho, es enseñada por el cardenal Wojtyla en el retiro del que hemos hablado. Esto es lo que dijo: El nacimiento de la Iglesia que tuvo lugar en la Cruz, en el momento mesiánico de la muerte redentora de Cristo, fue en esencia el nacimiento del hombre y de todos los hombres, del hombre que -lo sepa o no, lo acepte o no en la fe- se encuentra ya en la nueva dimensión de su existencia. Esta nueva dimensión, San Pablo la define simplemente por la expresión In Christo, en Cristo1. Y además: Todos los hombres desde el comienzo hasta el fin del mundo han sido salvados y justificados por Cristo y por su Cruz.
¿Qué implican éstas palabras del Cardenal Wojtyla? Si todo hombre «que lo sepa o no, lo acepte o no en la fe», posee el ser en Cristo y es salvado, se sigue que, según el cardenal, todos están salvados y que no habrá condenados
¿Juan Pablo II continuó favoreciendo este error después de su elección al soberano pontificado? Convertido en papa, Juan Pablo ll escribió en su primera encíclica Redemptor hominis: Se trata de cada hombre, porque cada uno ha sido incluido en el misterio de la redención, y Jesucristo se ha unido a cada uno, para siempre, a través de éste misterio [..]; el hombre en toda la plenitud del misterio del que se ha vuelto participante en Jesucristo, y que se vuelve participante cada uno de los cuatro mil millones de hombres vivos en nuestro planeta desde el instante de su concepción cerca del corazón de su madre. Si todo hombre desde el instante de su concepción está unido para siempre a Cristo, ique necesidad tiene de ser bautizado y de pertenecer a la Iglesia visible?.
¿Podemos pensar verdaderamente que Juan Pablo lI haya querido predicar la salvación universal? Reflexionemos el hecho de que este papa quiso hacer cardenal a Hans Urs von Balthasar, un teólogo que compartía la opinión de que el infierno está vacío
Cardenal Karol WOJTYLA, EI signo de contradicción, París, Fayard, 1979. Q 123 Redemptor hominis 13, 3 DC 76 (1979), p. 301-323
Catecismo de la crisis de la iglesia. Matthias Gaudron
Evangelio según san Mateo, 10: 11- 15 «En cualquier ciudad o villa en que entrareis, preguntad qué persona digna se encuentra en ella, y permaneced en ella hasta vuestra marcha. Saludad, al entrar en la casa, con las palabras: La paz sea en esta casa. Y si efectivamente fuere digna aquella casa, vuestra paz vendrá sobre ella, y si no lo fuera, vuestra paz se volverá a vosotros. Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, sacudid el polvo de vuestros pies, y marchaos de la casa o de la ciudad. Os digo en verdad, que Sodoma y Gomorra serán tratadas en el día del juicio con menos rigor que esta ciudad». (vv. 11- 15)
No debe creerse de que por las anteriores palabras del Señor: «Digno es el operario de su sustento», ya todas las puertas quedaban abiertas a los discípulos. Les manda, por el contrario, que tengan mucha prudencia en la elección de la hospitalidad, por las palabras: «En cualquier ciudad o aldea en que entrareis, informáos primero de quién habita en ella»
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 32,5
Evangelio según san Mateo, 10: 9- 10 «No queráis poseer en vuestros cintos oro, ni plata, ni dinero: no llevéis en vuestros viajes alforja, ni dos túnicas, ni calzado, ni báculo, porque el operario merece que se le alimente». (vv. 9- 10)
O bien: el Señor nos previene que no tengamos atados nuestros pies con las ligaduras de la muerte, a fin de estar desnudos al entrar en la tierra santa, ni llevar báculo, que se podría convertir en serpiente, ni apoyarnos en defensa alguna de la carne. Porque el bastón y semejantes apoyos son cañas frágiles, que se rompen al menor esfuerzo y hieren la mano que se apoya en ellos