Santa Catalina de Siena



sentía una tan grande impaciencia de morir, que casi perdía la razón. Llamaba a la muerte con palabras tiernas y amorosas, invitándola a no retardar más su venida. En cierta ocasión el Señor le permitió un profundo éxtasis, en el que experimentó el Cielo por unos instantes, y después de volver en sí lloró amargamente durante tres días y tres noches por verse privada de ese Sumo Bien.

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