Rasgarse las vestiduras



El gesto de indignación de rasgarse las vestiduras, ya fuese espontáneo o fingido, constituía un acto obligado, con una reglamentación específica, sobre todo ante casos de blasfemia. Incluso Marcos (Mc 14, 64) acompaña el acto con un: «Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?», y Mateo (Mt 26, 65) dice: «¡Ha blasfemado!» Evidentemente estamos ante una relación entre la causa (la expresión de blasfemia) y el efecto (rasgarse las vestiduras) que no resulta de la fantasía de los evangelistas, sino de las normas religiosas y jurídicas de la época

el hecho que sirvió de base jurídica a la sentencia del tribunal, fue el testimonio mesiánico de Jesús sobre sí mismo. Esta primera sentencia del Tribunal es fundamental en el proceso, pues de ella deriva la responsabilidad de los judíos en la crucifixión. Blinzler cree que el Sanedrín dictó una formal sentencia de muerte: «y todos sentenciaron que él era reo de muerte» (Mc 14, 64). Vale tener en cuenta que la palabra griega katekrinon no se refiere a un simple veredicto sino a una verdadera sentencia, de allí que (Mt 27, 3) cuando Jesús fuese conducido a Pilato, Judas se arrepintiese al oír que, su maestro, había sido sentenciado (katekrite).

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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