Nueva evangelización



Si usted pudiera implementar sólo tres pautas para una nueva evangelización, ¿cuáles serían? Realmente, el programa es uno: Cristo mismo. La nueva evangelización es la salida de la crisis actual en la Iglesia. En primer lugar, debemos aumentar e intensificar la vida de oración en la Iglesia a todos los niveles. Esto significa restaurar la centralidad de la adoración a Dios, a Cristo. Significa restaurar la centralidad de la Eucaristía y del Sacramento de la Confesión. Adorar a Cristo en la Eucaristía es el primer y el mejor medio de evangelización. No podemos evangelizar si no damos a Cristo el honor debido, especialmente en la Eucaristía. Debemos renovar con toda seriedad el culto eucarístico. Esto es indispensable. Una de las herramientas más eficientes e importantes de la nueva evangelización es precisamente esta: difundir la belleza y la dignidad de la alabanza a Dios, es decir, dar a conocer la importancia del primer mandamiento de Dios, porque el hombre fue creado, principalmente, para adorar a Dios con todo su ser y para darle gloria.

Oración, adoración, y alabanza tienen un poder sobrenatural… Exactamente. Un poder sobrenaturalmente atractivo. En segundo lugar, debemos proclamar de nuevo la verdad del Evangelio, las verdades básicas de la fe católica, de forma clara y sencilla, no de una manera abstracta o académica. Debemos evitar esas formulaciones y terminologías abstractas que hoy día abundan en la Iglesia. A los jóvenes no se llega ni por la verborrea, ni por formulaciones abstractas. Debemos enseñarles el catecismo tradicional de una forma clara, inequívoca y simple. Ya tendremos tiempo después de guiarles a una reflexión teológica más profunda. Volviendo a la llamada universal a la santidad del Concilio Vaticano II, en tercer lugar, debemos promover el esfuerzo profundo y serio para alcanzar la santidad en la vida ordinaria. Para mí, estas tres realidades deben estar unidas inseparablemente: la renovación de la adoración en la liturgia eucarística, la doctrina católica con una catequesis sana y veraz, y su implementación en la vida ordinaria. La lex orandi, la fe celebrada, tiene primacía teniendo en cuenta el fin último del hombre que ha sido creado para alabar a Dios. La lex orandi, sin embargo, debe reflejar fielmente la lex credendi, la fe profesada, porque la fe es la base y la roca de toda nuestra vida. Después viene la lex vivendi: debemos llevar la fe y la experiencia de la liturgia a nuestra vida cotidiana. En la evangelización, tenemos que enfatizar formas prácticas y concretas de vivir la moral cristiana, como nuevas criaturas, evitando cometer pecados mortales. Y para ello, debemos poner nombre a estos pecados. También debemos ayudar a los jóvenes a superar sus adicciones a internet, a la pornografía y al resto de males espirituales que están tan expandidos hoy en día. Estos tres puntos (lex orandi, lex credendi, lex vivendi) son un camino concreto para la nueva evangelización. Debemos hacer el camino de la nueva evangelización menos académico y abstracto

Athanasius Schneider. Christus vincit!

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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