Monoteísmo inicial de Ludwig Feuerbach



La religión no se origina con Dios -como plantea la tesis del monoteísmo inicial- sino con el hombre. Es él quien crea a los dioses para relacionarse consigo mismo o sentirse protegido. Pero no existen tales dioses, solo se trata de ideas. Por tanto, no es Dios quien ha creado al hombre sino el hombre quien ha creado a Dios a su imagen y semejanza.


Respuesta: Esta es la objeción de la teoría subjetiva sobre origen de la religión. De acuerdo con este enfoque Dios es un mero producto de la psicología humana y, en consecuencia, la naturaleza de la religión es en última instancia ilusoria.

La formulación más famosa de esta teoría la realizó el filósofo alemán Ludwig Feuerbach en su obra La Esencia del Cristianismo (1841). Básicamente lo que nos dice Feuerbach es que Dios no es más que una idea creada por la mente humana. Es el hombre el que crea a Dios a su imagen y semejanza atribuyéndole sus propias cualidades y reflejando en Él aquello que necesita y desea pero que no puede lograr directamente por sí mismo. De este modo, la religión nace de la alineación humana y Dios surge como producto de la necesidad que tiene el hombre de un Ser Superior. Por tanto, “lo que se consideraba objetivo, ahora se considera subjetivo (…) lo que se contemplaba y veneraba como Dios se reconoce ahora como algo humano. (…) La esencia divina no es más que la esencia humana”.

La teoría subjetivista de Feuerbach puede enseñarnos cosas interesantes sobre la naturaleza humana, pero no explica satisfactoriamente el origen de la religión o de dónde proviene ese profundo deseo que tiene el hombre de relacionarse con un Dios. Puede ser que el hombre tenga en sí una idea subjetiva de lo que es Dios y proyecte cualidades sobre Él, pero de ahí no se sigue que no exista ningún Ser objetivo independiente de su pensamiento y que es Dios (y más aún cuando la existencia de este Ser ya ha sido establecida con anterioridad por medio de argumentos independientes). Creerlo sería tanto como decir que los alimentos son meros productos de nuestra mente cuando tenemos hambre, cuando lo real es todo lo contrario: experimentamos hambre justamente porque estamos constituidos de un modo tal que requerimos objetivamente de alimentos, los cuales existen independientemente de si tenemos hambre o no. En consecuencia, el gran error de Feuerbach consiste en ver una causa donde en realidad hay un efecto, una mera idea donde en realidad hay un profundo hecho. Es perfectamente compatible con el teísmo postular que Dios creó al hombre con la necesidad de relacionarse con Él. El deseo que el hombre tiene de Dios viene del hecho de que procede de Él y tiene espíritu de modo que, aun cuando existe como un ser del mundo material, tiene impulsos trascendentes hacia lo espiritual. Por tanto, cuando el hombre se re- liga con Dios no se está empobreciendo o alienando, como pensaría Feuerbach, sino que más bien se engrandece, pues está realizando plenamente su esencia.

Ludwig Feuerbach, La Esencia del Cristianismo, Ed Trotta, Madrid, 2002, pp. 53-54.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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