¿Loco, mentiroso o Dios?Jesús no era un loco

¿Loco, mentiroso o Dios?
Jesús no era un loco

Analicemos la primera posibilidad: que Jesús fuera un loco. Como hemos dicho, de ser ese el caso, Jesús no sería cualquier loco sino más loco aún que los que se creen Napoleón Bonaparte o Isabel I. ¡Creerse Dios!: ese sí es el extremo de la locura.

Pero antes de poner a Jesús entre la fila de los orates debemos examinar cuestión: ¿es razonable pensar que Jesús estaba loco? Pareciera que no. Primero, por el carácter mismo de Jesús. Es en verdad impresionante ver cómo mantiene siempre el equilibrio emocional, incluso en las situaciones más adversas. No importa cuántos o cuán grandes sean los problemas y persecuciones, Jesús siempre se mantiene como el sol por encima de las nubes. Pese a la constante oposición del poder político y religioso de su época, y hasta de su propio pueblo, Jesús siempre se muestra seguro y magnánimo. Así, por ejemplo, en el momento más crucial, poco antes de la crucifixión, cuando el guardián del templo le tira una bofetada, Jesús sin inmutarse le responde: “Si he dicho algo malo, dime en qué ha consistido; y si lo que he dicho está bien, ¿por qué me pegas?” (Juan 18: 23).

No se muestra aquí Jesús como un disociado sino como un hombre sereno, que es consciente de la situación, pero que la maneja. Pero no solo está el tema de su equilibrio emocional sino también el de su agudeza mental. Es cierto que varios locos pueden exhibir una gran inteligencia en determinados aspectos, pero lo hacen de modo disonante al contexto. Jesucristo, en cambio, siempre da las respuestas más inteligentes y certeras con atención al contexto, dejando en jaque a sus opositores e impresionados a los espectadores. Para probar lo anterior basta con citar un ejemplo, un ejemplo relativo a la cuestión de los impuestos. Dice el Evangelio de Lucas: “Mandaron a unos espías que, aparentando ser hombres honrados, hicieran decir a Jesús algo que les diera pretexto para entregarlo al gobernador. Estos les preguntaron: ‘Maestro, sabemos que lo que tú dices y enseñas es correcto, y que no te basas en las apariencias. Tú enseñas a vivir de veras como Dios exige. ¿Está bien que le paguemos impuestos a César, o no?’” (Lucas 20: 20-22). Aquí ponen a Jesús en un muy grave dilema. Si dice que sí es lícito pagar impuestos al César la gente lo repudiará porque lo verá como alguien que está de acuerdo la opresión que padecían los judíos a manos del Imperio Romano (en aquella época el pueblo hebreo había sido conquistado por Roma). Pero si dice que no, inmediatamente lo arrestarían por oponerse a la ley del Imperio. ¿Qué hizo Jesús entonces? “Jesús, dándose cuenta de la mala intención que tenían, les dijo: ‘Muéstrenme una moneda. ¿De quién es la cara y el nombre que aquí está escrito?’ Le contestaron: ‘Del César’. Jesús les dijo: ‘Pues den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios’” (Lucas 20:23-25). ¿Es acaso esta la respuesta de un orate? ¿No es acaso una muestra de absoluta inteligencia y cordura? No es raro, pues, que, admirados de sus respuestas, sus opositores no hayan podido responderle (cfr. Lucas 20:26).

Finalmente, la hipótesis de que Jesús era un loco resulta altamente implausible dado el hecho de la credibilidad de su ministerio. Los manicomios están llenos de gente que se cree Julio César, Galileo, Einstein, Napoleón, el Primer Ministro o incluso Jesucristo. Pero nadie les cree. No engañan a nadie más que a ellos mismos y uno que otro compañero de sala de la misma condición. Pero ¿por qué no convencen a nadie? Porque no parecen para nada lo que dicen ser. Sin embargo, ese no fue el caso de Jesús.

Él hizo afirmaciones extraordinarias, pero su carácter, palabras y acciones también fueron extraordinarios. No parecía un desequilibrado ni un advenedizo. De hecho, O. Quintín Hyder, psiquiatra de Nueva York, analizó los registros del comportamiento, personalidad y relaciones interpersonales de Jesús para detectar síntomas de desórdenes psiquiátricos y concluyó su estudio señalando que la evidencia no apoya la opinión de que Jesús estaba loco. Por el contrario, Él parecía tener cualidades de excelente salud mental. Por consiguiente, no parece en absoluto razonable pensar que Jesús estaba loco

Jon A. Buell and O. Quintín Hyder, Jesus: God, Ghost or Guru?, Ed. Zondervan, Grand Ra-
pids, 1978, p.102

Jesús entre los doctores, fresco de Giotto (1306). Capilla Scrovegni, Padua.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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