El Estado moderno también ha monopolizado
la educación. Así, ha procurado barrer con toda
instancia educativa que no se someta a su más
estricto control. Incluso las escuelas y universidades privadas, en las que muchos suponen que hallarán libertad, se deben en última instancia al cumplimiento de requisitos curriculares y burocráticos. De ahí que esos ambientes resulten, por lo general, igualmente asfixiantes. La más perniciosa de todas estas instituciones educativas para el Estado ha sido la familia, a la que hoy todos los gobiernos progresistas la combaten sin descanso,
La última excusa para estas embestidas ha sido
de índole sexual (y no podía ser de otra manera)
En el nombre de los <d3rech0s s3xvales> y de la
<3ducªción s3xval>, que es algo que se supone
a priori, que los padres de familia no pueden
otorgar, los hijos han sido estatizados. Con lenguaje encantador, al niño estatizado se le llama <sujeto de derecho> y, en el nombre de los <derechos> (tampoco podía ser de otra manera), la casta política da rienda suelta al adoctrinamiento más deleznable contra los
hijos de los demás
