Dios todopoderoso y eterno, mira compasivo nuestra debilidad y extiende sobre nosotros tu mano poderosa. Por Jesucristo nuestro Señor
Evangelio
Para comulgar dignamente (año 681)
(Sermón sobre la Santa Sínaxis) San Anastasio Sinaita
Para comulgar dignamente (año 681)
(Sermón sobre la Santa Sínaxis) San Anastasio Sinaita
Grande es nuestra miseria, carísimos. Porque debiéramos tener
el espíritu encendido, atento en la oración y en la súplica,
principalmente en la celebración del misterio eucarístico, y estar
llenos de temor y temblor en la presencia del Señor mientras se
celebra la Misa. Sin embargo, ni siquiera le ofrecemos el Sacrificio
con pura conciencia, con espíritu contrito y humillado, sino que
durante la Santa Sínaxis terminamos nuestros asuntos públicos y
la administración de muchos y vanos negocios.
Hay gentes que no se preocupan en pensar con qué pureza y
con qué dolor de sus pecados se han de acercar a la Sagrada
Mesa, sino qué vestidos se han de poner. Otros vienen, pero no se
dignan permanecer hasta el fin, sino que preguntan a los demás
en qué punto va la Misa y si llega ya el tiempo de la Comunión; y
entonces rápidamente, como los perros, saltan, arrebatan el
místico pan y se marchan. Otros, presentes en el templo de Dios,
no están quietos ni un momento, y se dedican a conversar
prestando mas atención a las habladurías que a la oración. Otros
no se preocupan absolutamente nada de su conciencia, ni de
limpiar las manchas de sus pecados por medio de la penitencia, y
van acumulando pecados sobre pecados (…).
Pues dime: ¿con qué conciencia, con qué estado de alma, con
qué pensamientos te acercas a estos misterios, si en tu corazón te
está acusando tu misma conciencia? Contéstame: si tuvieras las
manos manchadas de estiércol, ¿te atreverías a tocar con ellas las
vestiduras del rey? Ni siquiera tus mismos vestidos tocarías con las
manos sucias, antes bien, te las lavarías y enjugarías
cuidadosamente, y entonces los tocarías. Pues, ¿por qué no das a
Dios ese mismo honor que concedes a unos viles vestidos?
Entrar en la iglesia y honrar las imágenes sagradas y las
veneradas cruces, no basta por sí solo para agradar a Dios, como
tampoco lavarse las manos es suficiente para estar completamente
limpio. Lo que verdaderamente es grato a Dios es que el hombre
huya del pecado y limpie sus manchas por la confesión y la
penitencia. Que rompa las cadenas de sus culpas con la humildad
del corazón, y así se acerque a los inmaculados misterios.
Quizá diga alguno: no me es grato llorar y dolerme. ¿Por qué?
Porque no meditas, porque no piensas, porque no ponderas el
terrible día del juicio. Con todo, si no puedes llorar, al menos
manten un porte grave y respetuoso; echa lejos de ti el orgullo,
ponte en la presencia del Señor y, con los ojos vueltos a la tierra y
con espíritu contrito, reconócete pecador. ¿No ves cómo los que
están en la presencia de un rey terreno, que muchas veces es un
impío, se comportan ante él con reverencia?
Permanece, pues, ante Dios con paz y compunción; confiesa tus
pecados a Dios por medio de los sacerdotes. Condena tus propias
acciones y no te avergüences, porque hay una vergüenza que
conduce al pecado y una vergüenza que es honor y gracia (Sir 4,
25). Condénate a ti mismo delante de los hombres, para que el
juez te declare justo delante de los ángeles y delante de todo el
mundo.
Pide misericordia, pide perdón, pide la remisión de tus culpas
pasadas y verte libre de las futuras, para que puedas acercarte
dignamente a tan grandes misterios, para participar con pura
conciencia del cuerpo y sangre de Cristo, para que te sirvan de
purificación y no de condenación. Oye a San Pablo, que dice:
pruébese a sí mismo el hombre, y así coma de aquel pan y beba
de aquel cáliz. Porque quien lo come y bebe indignamente, come y
bebe su propia condenación, no haciendo el discernimiento del
cuerpo del Señor. Por eso hay entra vosotros muchos enfermos y
achacosos y mueren bastantes (1 Cor 11, 28 ss.). ¿Comprendes
ahora cómo la enfermedad y la muerte provienen, con mucha
frecuencia, de acercarse indignamente a los divinos misterios?
Pero, tal vez dirás: ¿pues quién es digno? También caigo yo en
la cuenta de esto. Y, sin embargo, serás digno con tal de que
quieras. Reconócete pecador; apártate del pecado, huye de la
maldad y de la ira. Practica obras de penitencia. Revístete de
templanza, de mansedumbre y de longanimidad. De los frutos de la
justicia saca compasión y entrañas de misericordia para los
necesitados, y entonces te habrás hecho digno.
Oración
Confírmanos, Señor, en el espíritu de penitencia con que hemos empezado la Cuaresma, y que la austeridad exterior que practicamos vaya siempre acompañada por la sinceridad de corazón. Por nuestro Señor Jesucristo
Evangelio
Buscad el bien, no el mal, y viviréis; y el Señor estará con vosotros.
EVANGELIO
Mt 9, 14-15.
Cuando les sea arrebatado el esposo, entonces ayunarán.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
EN aquel tiempo, os discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán».
Palabra del Señor
Gracia
Oración
Señor, que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestras obras, para que nuestro trabajo comience en ti, como en su fuente, y tienda siempre a ti, como a su fin. Por nuestro Señor Jesucristo
Evangelio
Convertíos –dice el Señor–, porque está cerca el reino de los cielos.
EVANGELIO
Lc 9, 22-25.
El que pierda su vida por mi causa la salvará.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día». Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».
Palabra del Señor
Oración
Señor, fortalécenos con tu auxilio al empezar la Cuaresma, para que nos mantengamos en espíritu de conversión; que la austeridad penitencial de estos días nos ayude en el combate cristiano contra las fuerzas del mal. Por nuestro Señor Jesucristo
Evangelio
No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor.
EVANGELIO
Mt 6, 1-6.16-18.
Tu Padre, que ve en los secreto, te recompensará.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».
Palabra del Señor

