Naturaleza

26 Y ahora tú, Señor, que eres Dios, le has prometido estos bienes a tu servidor. 27 Por eso, dígnate bendecir la casa de tu servidor, para que ella permanezca siempre en tu presencia; porque lo que tú has bendecido, Señor, queda bendito para siempre”. 1 Cro 17,26

Amor

En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande todas es el amor. 1 cor 13.13. Nada mas importante que el amor. (Recuerden Juan 1 -no sobre que es el amor sino Quien-) este atleta en plena competencia decidió pedirle matrimonio a su novia. Nada mas importó, nada….

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Por su propia voluntad el Padre nos engendró por medio del Evangelio, para que fuéramos, en cierto modo, primicias de sus criaturas.
Aleluya.

EVANGELIO
Mt 13,31-35.

El Reino de los Cielos se parece a la levadura.

croce_vangelo.pngLectura del santo Evangelio según San Mateo.

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente:
–El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.
Les dijo otra parábola:
–El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada.
Así se cumplió el oráculo del profeta:
«Abriré mi boca diciendo parábolas;
anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».

Palabra del Señor

Oración

Oh Dios, protector de los que en ti esperan, sin ti nada es fuerte ni santo; multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros, que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor Jesucristo

Testimonios

«¡Sé un José para ella!», por Tom Mealey
Cuando recién nos casamos, mi esposa Misty y yo éramos la típica pareja no religiosa. Confiábamos en la anticoncepción hormonal. Pero por sus malos efectos secundarios, eso no duró mucho.

Misty se enteró de la Planificación Familiar Natural (PFN) por medio de una amiga católica. Reconozco que desconfié de todo ese “abracadabra” con termómetros en las oscuras horas del amanecer y observaciones que se anotaban con símbolos enigmáticos en la gráfica de la PFN. Todo eso cambiaría de forma sorprendente una vez que nos acostumbramos al estilo de vida de la PFN.

Antes de tener hijos, Misty había sido atea y yo un agnóstico. Con nuestro primer hijo, el milagro de la vida nos produjo un despertar espiritual.

Nos dimos cuenta de que el Espíritu Santo ya nos había guiado a una vida católica. Sin embargo, incluso después de nuestra conversión, la PFN enriqueció la relación entre nosotros y con Dios de maneras que nunca habíamos esperado.

Estudiamos la “teología del cuerpo” en la catequesis de Juan Pablo II y nos entusiasmamos por vivir nuestra fe y compartirla. Fue emocionante aprender las razones poderosas en las que se basan las hermosas enseñanzas de la Iglesia sobre el sexo y el matrimonio.

Para mi gran sorpresa, también aprendí que mi esposa agradecía enormemente mi deseo de entender cómo funcionaba su cuerpo. Compartí la responsabilidad de planificar nuestra familia y también encontré formas diferentes para expresarle mi afecto e intimidad cuando teníamos buenos motivos para postergar un embarazo. Esto fortaleció nuestro matrimonio y me hizo un mejor marido y padre.

Cuando nos hicimos católicos, supe que quería ser el guía espiritual de nuestra familia, pero no comprendía qué implicaba eso además de llevar a nuestros hijos a misa los domingos.

Por medio de la PFN y la Sagrada Escritura, descubrí que tenía la posibilidad de elegir qué tipo de hombre quería ser.

Con frecuencia culpamos a Eva por comer la fruta prohibida. Pero en el Génesis aprendemos que después de comer un bocado, ella le ofreció el fruto a Adán que estaba con ella. Adán no la frenó y le dijo: “Esto es una mala idea, vayámonos de aquí”. Adán no protegió a su esposa, sino que se quedó quieto y callado mientras la serpiente la convenció de que renunciara al estado de santidad y quebrantara su relación con Dios.

Pero también existió San José. Cuando José obedeció al ángel que le dijo que llevara a María a su casa, aceptó la deshonra pública y la vergüenza de una prometida embarazada. José sacrificó su honor personal y su buena fama para obedecer a Dios y proteger a María y a Jesús.

Un marido tiene una opción clara: puedes ser un Adán para su esposa o puedes ser un José.

El hombre puede quedarse quieto y callado y permitir que su esposa sufra las consecuencias físicas y espirituales de la anticoncepción. O puede defender la virtud, el cuerpo y el alma de ella usando la PFN.

Hoy en día, se acepta la anticoncepción y es lo que se espera. Cualquier hombre que se prive de ella y prefiera la PFN corre el riesgo de caer en el ridículo y ser criticado. Pero como nos enseñó San José, hay cosas más importantes que la opinión de los demás. ¡Ojalá que los maridos elijamos ser un José para nuestras esposas

Santos

Oración

El que ama a Dios por lo que recibe de él su fe tiene fecha de caducidad.

Iglesias

San Cristobal Acasaguastlan.  El Progreso. Guatemala. Finaliza su construcción en 1654. Mañana cumple 360 años

Oración

Oh Dios, protector de los que en ti esperan, sin ti nada es fuerte ni santo; multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros, que podamos adherirnos a los eternos. Por Jesucristo nuestro Señor

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.
Aleluya.

EVANGELIO
Mt 13,44-52.

Croce  Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
–El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separaran a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?
Ellos le contestaron:
–Sí.
Él les dijo:
–Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.

Palabra del Señor