Napoleón Bonaparte

se burlaba del cardenal católico amenazándolo: «Eminencia, ¿no sois conscientes de que tengo poder para destruir la Iglesia católica?». A lo que el cardenal respondió: «Majestad, los clérigos católicos nos hemos esforzado en destruirla durante los últimos ochocientos años. No hemos tenido éxito, y usted tampoco lo tendrá»

El transbordo ideológico en el catolicismo social



Con el objeto de trazar la historia de la Teología de la Liberación, nos interesan mayormente las corrientes progresistas: aquellos sectores del catolicismo social que, abriéndose a las influencias revolucionarias, comenzaron a deslizarse a la izquierda, hasta confluir en el socialismo. En sus aspectos sociopolíticos, la Teología de la Liberación es hija de este proceso. Un caso significativo es el del conde francés Albert de Mun, figura central de un vasto movimiento llamado Oeuvre des Cercles Catholiques d’Ouvriers (Obra de los Círculos Católicos de Obreros). La amplitud de su migración doctrinal- del tradicionalismo al socialismo- lo convierte en un ejemplo emblemático del tipo del desliz ideológico hacia la izquierda que se verificó en amplios sectores del catolicismo social. De Mun era monárquico legitimista. Su lema era Guerra a la Revolución! Tales declaraciones de fe ultramontana, sin embargo, ocultaban una carencia de fundamentos doctrinales.

El compromiso social del noble francés estaba guiado por un generoso, aunque vago y romántico, deseo de ayudar a los pobres, más que por sólidos principios derivados de un buen conocimiento de la doctrina católica. El vacío doctrinal, sumado a un acentuado optimismo respecto del progreso industrial, hizo que la Oeuvre, y con ella muchos sectores del catolicismo social, cayeran presa de un astuto proceso de transbordo ideológico que los condujo gradualmente hacia la izquierda. Arrastrados por este proceso, estos sectores comenzaron a sostener posiciones compartidas con la izquierda. En un primer momento se trataba de coincidencias estratégicas más que doctrinales. Poco a poco, mientras se racionalizaban las coincidencias, las ideas socialistas comenzaron a difundirse hasta convertirse en dominantes. Es el resultado de una astuta estratagema de propaganda revolucionaria, aun hoy utilizada, y que el pensador católico brasileño Plinio Corrêa de Oliveira ha llamado «transbordo ideológico inadvertido»

Plinio CORRÉA DE OLIVEIRA, Trasvase ideológico inadvertido Diálogo. Speiro, Madrid 1970.

¿Eres Tú?



Evangelio según san Mateo, 11: 2- 6 Y habiendo oído Juan en la cárcel las obras de Cristo, envió a dos de sus discípulos, y le dijo: «¿ Eres Tú el que has de venir o esperamos a otro?» Y respondiendo Jesús, les dijo: «Id y anunciad a Juan lo que habéis oído y lo que habéis visto: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados, y bienaventurado el que no fuere escandalizado en Mí». (vv. 2- 6)

No pregunta, pues, como si no lo supiera, sino de la manera con que preguntaba Jesús: «En dónde está Lázaro» ( Jn 11 ), para que le indicaran el lugar del sepulcro, a fin de prepararlos a la fe y a que vieran la resurrección de un muerto; así Juan, en el momento en que había de perecer en manos de Herodes, envía a sus discípulos a Cristo, con el objeto de que, teniendo ocasión de ver los milagros y las virtudes de Cristo, creyesen en El y aprendiesen por las preguntas que le hiciesen. Que efectivamente los discípulos de Juan habían tenido cierta envidia contra Cristo, lo demuestra la pregunta siguiente, de que ya se ha hablado: «¿ Por qué nosotros y los fariseos ayunamos con frecuencia y tus discípulos no ayunan?» ( Mt 9,14 )

San Jerónimo

Los orígenes del Temple



La historia se remonta hacia el año 1099, época gloriosa para la Cristiandad en que los cruzados habían recuperado Tierra Santa caida en manos de los musulmanes cuatrocientos años antes.  Durante los cuatro siglos de ocupación, la convivencia entre cristianos y moros había sido, con sus más y sus menos, tolerable, permitiéndose la afluencia de peregrinos llegados desde Europa, para visitar la tierra de Cristo; sin embargo, la invasión de los turcos selyúcidas convertidos hacía poco a la fe de Mahoma y fervorosos como todo neoconverso, había cambiado el panorama, haciendo que la convivencia pacífica desapareciese. La no tolerancia de los <infieles> y la persecución contra los cristianos, fue el detonante de lo que se dio en llamar las Cruzadas, con la consiguiente reconquista y reinado cristiano de los Santos Lugares, que durará hasta 1291, fecha trágica si las hubo. Este marco histórico no sólo hará que nazcan nuevas órdenes religiosas como los templarios y hospitalarios (1113), sino que hasta una nueva espiritualidad laical en el seno de la sociedad: una espiritualidad de lucha y de conquista por el reinado de Cristo. Con la toma de Jerusalén, los peregrinos europeos seguros de caminar ahora por tierras locales retomarían sus viajes más allá del Mediterráneo para satisfacer un voto o cumplir una promesa. Los cruzados eran la garantia de su seguridad; pero eso no duraría mucho tiempo. Sucedía que también los cruzados eran una especie de peregrinos guerreros; muchos de ellos habían hecho voto de ir a la Cruzada y, una vez terminadas las batallas, volvían a sus hogares dejando los Santos Lugares reconquistados.

Esto llevaba a que, sin seguridad visible, los caminos de peregrinación se convirtiesen en verdaderas <zonas liberadas> para el pillaje y el vandalismo; el ojo del amo siempre engorda el ganado… La seguridad entonces era nuevamente necesaria; fue así como, conscientes de esta situación, algunos nobles caballeros decidieron conformarse mediante un voto solemne, para defender a los peregrinos que visitasen aquellas tierras. Entre ellos, los franceses Hugo de Payns y Godofredo de Saint- Audemar fueron los primeros en tomar la resolución (en 1119); no se trataría simplemente de una guardia o milicia cristiana, sino que se le agregaría una característica que cambiaría por completo la sustancia: serían religiosos. No se trataba, en efecto, de militares que se santificaban con las prácticas religiosas, sino de religiosos que lo hacían por medio de la milicia armada. los votos de castidad, pobreza y obediencia, se le añadiría entonces, uno más: el de la defensa armada de los peregrinos. Tal fue la decisión y el ansia de defender a los más débiles que, cinco o seis años después, ya eran nueve los miembros de la más alta alcurnia dispuestos a emprender la aventura; uno de ellos era, ni más ni menos, Andrés de Montbard, tío del gran San Bernardo, abad de Claraval. Ya en Jerusalén, los primeros < Pobres Caballeros de Cristo> (ese fue el nombre que se impusieron) luego de hacer sus votos ante el patriarca, recibieron del rey Balduino II, la posesión de la explanada del Templo (1119- 1120) y, posteriormente, de la Torre de David, primera residencia real que se identificaba con el antiguo Templo de Salomón y que los musulmanes habían convertido en la mezquita Al-Aksa. Fue por este enorme templo que, con el correr de los años recibirían el nombre de <templarios> adoptando su propia cruz que se haría famosa ( ) Quienes elegían esta vocación, se encontraban jerárquicamente distribuidos según el origen: en primer lugar los nobles caballeros, encargados de ir al frente en la batalla como era costumbre en la Edad Media; en segundo lugar los sargentos y escuderos que se incorporaban como ayudantes; luego los sacerdotes y clérigos como responsables del servicio religioso y, por último, los artesanos criados y ayudantes que obraban como hermanos legos de la orden. Tal era el fervor por <cruzarse>, que en pocos años el Temple vio engrosadas sus filas como un reguero de pólvora. Basta con visitar alguna vez el Santo Sepulcro de Jerusalén para ver grabadas infinidad de cruces templarias o cruzadas en su interior, grabadas por los guerreros que allí llegaban.

Pero la incipiente orden contaría además con una ayuda <extra> pues, como dijimos más arriba, el famosísimo San Bernardo, predicador de cruzadas y fundador de monasterios, por su parentesco con uno de los primeros caballeros, se ocuparía en persona de reunirse en audiencia con el Papa Honorio II, convocando ni más ni menos que un Concilio en Troyes (Francia, 1128) donde se regularían los detalles de la Nova Militia. El furor causado por los caballeros y la protección prestada a los peregrinos, haría que se convirtiesen rápidamente en los religiosos à la mode de las Cruzadas; en efecto, la ayuda que prestaban a la Cristiandad no era menor, al garantizar las peregrinaciones sin contratiempos, por lo que, en 1139 el papa Inocencio II les concedió una bula (Omne datum optimum) concediéndoles la independencia y la exención del diezmo para las diócesis en que se encontrasen, cosa que no agradó demasiado a ciertos prelados apegados a las cosas de este mundo. No olvidemos ambos detalles. Pero veamos ahora las virtudes de estos monjes- caballeros y su vida cotidiana

JAVIER OLIVERA RAvasI, Que no te la cuenten I, Buen combate, Buenos Aires 2013, 71-96.
DANIEL-Rors, La Iglesia de la Catedral y de la Cruzada, Luis de Caralt, Barcelona 1956;
HAROLD LAMB, Historia de las Cruzadas (2 vol), Juventud Argentina, Buenos Aires 1954;
Régine Pernoud, Los hombres de las Cruzadas, Swan, Madrid, 1987;
HILLAIRE BELLOC, Las Cruzadas, Emecé, Buenos Aires 1944.
ANDRÉ V AUCHEZ, La espiritualidad del occidente medieval, Cátedra, Madrid 1985, 89-113.

Sentado a la mesa da alimento a tu cuerpo, da lectura a tu espíritu y da oración a tu corazónTeolepto de Filadelfia

El progreso como religión



Si el siglo 18 es considerado el siglo del progreso mediante la razón, el siglo 19 lo fue del progreso mediante la ciencia. Esta interpretación adquiere más fuerza con la irrupción del darwinismo. El progreso, que a partir de la modernidad es concebido como desarrollo y bienestar material, impone este sello durante la Revolución Industrial, período que comprende la segunda mitad del siglo 18 y la primera del siglo 19. La narrativa de progreso industrial es una narrativa económica en la que la mecanización de la producción es impulsada por tecnologias a vapor y el desarrollo de las industrias textiles y ferroviarias desencadena un acelerado proceso de urbanización y crecimiento económico. No obstante, si bien este crecimiento económico fue frenético, no llegó a todos y esto generó diferentes interpretaciones sobre el supuesto alcance universal del progreso

Uno de los primeros en advertir los potenciales efectos de la abundancia en la naciente sociedad de consumo fue el economista político y clérigo anglicano Thomas Robert Malthus (1766-1834). En 1798 Malthus publicó «Ensayo sobre el principio de la población» donde alertó sobre la incompatibilidad entre un ilimitado crecimiento demográfico y limitados recursos alimentarios. Según Malthus, llegará un punto en que la velocidad de crecimiento de la población supere la oferta disponible de alimentos lo que derivaría en un futuro de hambre, miseria y violencia. Este escenario, conocido como la «trampa maltusiana’ constituye uno de los pilares argumentales de la sesgada y multimillonaria agenda medioambientalista

Neo entes: Tecnología y cambio antropológico en el siglo 21. Miklos Lukacs de Pereny

Ecce Agnus Dei, ecce, qui tollit peccáta mundi

Oración

Te adoro, Señor, porque eres mi creador y te anhelo porque eres mi último fin; te alabo porque no te cansas de hacerme el bien y me refugio en Ti, porque eres mi protector

Evangelio

San Mateo 16:13-19
Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»

Palabra del Señor

Fruto de los celos



Porque como está escrito: Y aconteció después de unos días, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda al Señor. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró el Señor con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no prestó atención a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces el Señor dijo a Caín: iPor qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si has ofrecido rectamente y no has dividido rectamente, įno has pecado? iCalla! Con todo esto, él se volverá a ti y tú te enseñorearás de él. Y dijo Caín a su hermano Abel. Salgamos a la llanura. (Gn. 4 3-8) Y aconteció que estando ellos en la llanura, Cain se levantó contra su hermano Abel y lo mató. Veis, pues, hermanos, que los celos y la envidia dieron lugar a la muerte del hermano. Por causa de los celos, nuestro padre Jacob tuvo que huir de delante de Esaú su hermano. Los celos fueron causa de que José fuera per- seguido a muerte, y cayera incluso en la esclavitud. Los celos forzaron a Moisés a huir de delante de Faraón, rey de Egipto, cuando le dijo uno de sus paisanos: iQuién te ha puesto por juez entre nosotros? Quieres matarme, como ayer mataste al egipcio? (Ex. 2, 14; Hch. 7, 27; Lc. 12, 14) Por causa de los celos Aarón y Miriam tuvieron que alojarse fuera del campamento. Los celos dieron como resultado que Datán y Abiram descendieran vivos al Hades, porque hicieron sedición con- tra Moisés el siervo de Dios. Por causa de los celos David fue envidiado no sólo por los filisteos, sino perseguido también por Saúl [rey de Israel].

Clemente de Roma, Epistola a los Corintios
Padres Apostólicos Siglo I