El cristianismo fue la primera gran religión en desarrollar una visión holística de progreso. Agustín de Hipona es, junto a Platón y Aristóteles, el filósofo de progreso más influyente de la etapa premoderna. Este Padre de la Iglesia fue el primero en derivar de los escritos bíblicos una idea de progreso aplicable a toda la humanidad. En ‘La Ciudad de Dios’ (412-426), Agustín de Hipona marca diferencias entre el paganismo y el cristianismo y describe el tránsito del pagano desde el mundo terrenal – la ciudad de los hombres – hacia el mundo celestial o la ciudad de Dios. Para ser aceptado en la ciudad de Dios o, en otras palabras, para lograr la salvación, el hombre deberá limitar sus insaciables deseos para alcanzar la sabiduría moral. Aquellos que no logren esta sabiduría quedarán confinados en la ciudad de los hombres. Como señala Robert Nisbet, es gracias a teologos como Agustín de Hipona que la idea de progreso adquiere cuatro características constantes.
La primera, una concepción lineal del tiempo y la creencia de que la historia tiene un significado orientado hacia el futuro. Nótese la diferencia con la mirada de los griegos que se orientaban hacia el pasado para describir las trayectorias de progreso. Mientras los griegos miran hacia atrás, los cristianos comienzan a hacerlo hacia adelante.
En segundo lugar, es la doctrina cristiana la que aporta al secularismo moderno la idea de una sola humanidad y, por lo tanto, el carácter universal del progreso. En otras palabras, el progreso está al alcance de todos los seres humanos por igual.
Tercero, la idea de que el mundo puede y debe ser transformado, es decir, la necesidad del hombre de ejercer dominio sobre la naturaleza.
Por último, y quizás el aporte más importante de todos, la idea agustiniana de progreso proyecta un final inevitable – en términos seculares, una utopía – representado por la salvación de las almas.
Un mito ampliamente difundido por los progresistas es que, gracias a la introducción del método científico en el siglo 17, la tierra y el universo se convirtieron finalmente en objetos formales de estudio científico. Alain de Benoist afirma que esto es falso. Es con la Biblia que el mundo celestial, terrenal y su historia se convierten en objetos de estudio y conocimiento humano, tema que Santo Tomás desarrolla ampliamente en su Summa theologiae en el siglo 13.
Regresando a la Biblia, en Génesis, Dios asigna al hombre la misión de dominar la tierra. Aqui Dios aparece en la historia del hombre orientando el tiempo hacia el futuro, desde el momento de la creación hasta la segunda venida de Cristo. De esta manera, para los cristianos la historia tiene un final y ese final será bueno para quienes logren la salvación. Aquí se manifiestan los elementos descriptivos y axiológicos de la idea de progreso mencionadas previamente. Debido a que el universo y todo lo que este contiene ya ha sido creado siguiendo una temporalidad lineal, se elimina cualquier posibilidad de alzas y caidas en ciclos eternos como pensaron los griegos. El teólogo católico italiano Joaquín de Fiore (1135-1202) fue otro gran pensador del progreso cuyas contribuciones más importantes se dieron en la segunda mitad del siglo 12. Para de Fiore la historia de la Iglesia representa la historia de la humanidad y se compone de tres etapas.
La primera corresponde a la Edad del Padre’ o ‘La ley’ que se inicia con la creación.
La segunda etapa es la ‘Edad del Hijo’ o del evangelio que comienza con el nacimiento de Cristo.
La última etapa corresponde a la Edad del Espíritu Santo que empieza en el año 1000 y tendrá una duración de 1000 años. Durante estas tres etapas Joaquín de Fiore interpretó la historia de la Iglesia como una progresión hacia la perfección y es esta idea de perfección la que sería posteriormente reformulada en términos seculares como una aspiración, no de la iglesia, sino de la humanidad, tanto a nivel colectivo como individual
Nisbet, R. (1979) «The Idea of Progress: A Bibliographical Essay», Literature of Liberty, 7-37
Neo entes: Tecnología y cambio antropológico en el siglo 21. Miklos Lukacs de Pereny





