Journal of Medical Ethics



«Por lo tanto, afirmamos que matar a un recién nacido puede ser éticamente aceptable en todas las circunstancias donde también lo sean para el aborto. Tales circunstancias incluyen los casos donde los recién nacidos tienen el potencial de tener (por lo menos) una vida aceptable pero ponen en riesgo el bienestar de la familia.»

filósofos italianos Alberto Giubilini y Francesca Minerva quien también es una entusiasta ◦transhumanista. Más allá de eufemismos en el título de su trabajo, ambos autores argumentaron que es moralmente permisible asesinar neonatos, aún si están completamente sanos y tienen altas posibilidades de vivir bien. Justifican este crimen porque consideran que los bebés recién nacidos no son personas ya que carecen de la madurez suficiente para valorar sus propios ⁃intereses. También aprueban el asesinato de seres inocentes si estos se convierten en ‘cargas’ de diversa índole para sus madres y/o familias. Como era de esperar, las respuestas a esta grotesca apología al infanticidio no tardaron en llegar pero el artículo de marras refleja la profunda crisis moral y epistemológica de la civilización occidental.

Giubilini, A. and Minerva, F. (2013) «After-Birth Abortion: Why Should the Baby Live?» Journal of Medical Ethics, 39(5): 261-263.

En tiempo de guerra…

Oración

Perdóname, ¡oh buen Jesús! Reconozco mis culpas y tu bondad inmensa al borrarlas con tu preciosa Sangre. Te amo sobre todas las cosas y prometo serte fiel hasta la muerte

Evangelio

San Lucas 11:27-28
Estaba él diciendo estas cosas cuando alzó la voz una mujer de entre la gente y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» Pero él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan.»

Palabra del Señor

La libertad de predicar la verdad

La libertad de predicar la verdad

Evangelio según san Mateo, 10: 32- 33 «A todo el que me confesare, pues, delante de los hombres, también le confesaré Yo delante de mi Padre, que está en los cielos; y al que me negare delante de los hombres, también le negaré Yo delante de mi Padre, que está en los cielos». (vv. 32- 33)

Después de disipar el Señor el temor que tanto angustiaba el alma de sus discípulos, vuelve de nuevo a darles fuerzas con las cosas que han de conseguir; no solamente les desvanece todo temor, sino que los eleva, con la seguridad de mayores recompensas, en la libertad de predicar la verdad, diciendo: «A todo el que me confesare delante de los hombres, confesaré Yo también delante de mi Padre, que está en los cielos»

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,3

Caridad



Evangelio según san Mateo, 10: 29- 31 «¿ Por ventura no se venden dos pájaros en un cuarto, y sin embargo, no cae ninguno de ellos sobre la tierra sin el consentimiento de vuestro Padre? También todos los cabellos de vuestra cabeza están contados. No temáis, porque vosotros sois mejores que muchos pájaros». (vv. 29- 31)

Porque perseverar en Cristo, es perseverar en su fe, en aquella fe que se realiza por la caridad ( Gál 5 )

San Agustín, de civitate Dei, 21,25

¿Cómo convertir a franceses, italianos o alemanes en colaboradores de una potencia extranjera (inglesa), con la que, además, los conflictos resultaban permanentes?

¿Cómo convertir a franceses, italianos o alemanes en colaboradores de una potencia extranjera (inglesa), con la que, además, los conflictos resultaban permanentes?

Sencillamente, ofreciéndoles algo más: conexiones políticas a nivel internacional; posibilidades para muchos de promoción social, profesional o académica; prestigio, poder, y, sobre todo para algunos, un conocimiento superior que, supuestamente, iluminaba a quienes se introducían en sus logias.  Estos masones continentales se convertían, quizá sin plena consciencia muchas veces, en un peligro para sus Estados y, en el caso de los católicos para la propia Iglesia a la que pertenecían. Así lo dijeron, los papas autores de las primeras condenas contra la secta y El racionalismo radical y escéptico de la Ilustración filosófica

IGLESIA Y MASONERÍA. LAS DOS CIUDADES. Alberto Bárcena

Sobre la riqueza en los templos

Sobre la riqueza en los templos

Dios mismo ordenó los adornos y la magnificencia del Tabernáculom (Ex 25,3): <He aquí, dice el Señor, lo que los israelitas deben ofrecerme: el oro, la plata, el bronce (..)>; Jesucristo bajado a la tierra para enseñarnos a adorar a Dios en espíritu y en verdad, no ha vituperado en ninguna parte la magnificencia del templo ni el aparato de las ceremonias; ha llamado al templo, como los judios, la casa de Dios, el lugar santo; dice que el oro y los demás dones son santificados por el templo en que son ofrecidos (Mt 23,1 7); no desaprobaba, pues, las riquezas de este edificio (…). Cuando Constantino ya cristiano hizo construir iglesias, hubiera sido conveniente que economizase gastos, y que hiciese chozas, mientras que habitaba en palacio? Dijo sin duda como David (I Re, 7,2): <Habito yo una casa de cedro; ¿es justo que el arca de Dios esté bajo tiendas?, y razonó bien>

A. BERGIER, Diccionario de teología (V. 4), Primitivo Fuentes, Madrid 1846, 324.

Monaguillo

Oración

Te alabo y te doy gracias, porque como manso cordero recibiste sobre tus hombros el madero de tu suplicio, para expiar en él mis pecados y los del mundo entero