La preocupación por el restablecimiento de la unión atañe a la Iglesia entera, tanto a los fieles como a los pastores» (cf UR 5). Pero hay que ser «conocedor de que este santo propósito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la una y única Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad humana». Por eso hay que poner toda la esperanza «en la oración de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre para con nosotros, y en el poder del Espíritu Santo» (UR 24).
