Lo que vió el Profeta

Sabemos que los santos están en la gloria. Es razonable preguntarnos, sin embargo, como viven ahora, y cuáles son los límites de su conocimiento y de su actividad. El Apocalipsis nos da algunas respuestas.
Juan el Profeta podía ver los cielos porque él había entrado en esa nube de gloria. Al recibir aquella visión, “caí en éxtasis una domingo y oí detrás de mí una gran voz, como una trompeta (Ap 1, 10). Entre los huéspedes del cielo, vio una multitud de santos y distinguió tres categorías: mártires, vírgenes y confesores. Su primer encuentro con los mártires, es particularmente elocuente:
“Ví debajo del altar a las almas de los inmolados a causa de la palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron. Clamaron con gran voz: Señor Santo y Veraz! ¿Para cuándo dejas el hacer justicia y vengar nuestra sangre contra los habitantes de la tierra?. Entonces se les dio a cada uno una túnica blanca y se les dijo que aguardaran todavía un poco, hasta que se completase el número de sus hermanos y compañeros de servicio que iban a ser inmolados como ellos (Ap 6, 9-11)

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