Pena de sentido



“Se llama así porque el principal sufrimiento que de ella se deriva proviene de cosas materiales o sensibles. Afecta, ya desde ahora, a las almas de los condenados, y, a partir de la resurrección universal, afectará también a sus cuerpos.”[3]

La pena de sentido consiste principalmente en el suplicio del fuego (Mc 8,43; Mt 25,41), que atormenta no solamente los cuerpos, sino también las almas de los condenados. Además de esto, en virtud de la degradación indecible, del estado perpetuo de odio, de los suplicios horribles de quienes allí se encuentran – es decir, los demonios y los demás condenados-, su compañía continua, eterna, será por sí misma una tortura espantosa. Los sentidos internos estarán sujetos a imaginaciones y recuerdos más o menos torturantes, y los externos estarán privados de todo cuanto les pudiese agradar y proporcionar placer, nada de luz, de armonías, de suaves olores, de sensaciones suaves, de reposo corporal

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