Categoría: Soberbia

Santa y pecadora

San Lucas prescindió de estas mujeres para presentar inmaculada la serie de la estirpe sacerdotal. Pero la decisión de San Mateo no es sin razón y justicia, puesto que al anunciar la generación de Cristo según la carne, que tomaba sobre sí los pecados de todos, sujeto a los ultrajes y sometido a los sufrimientos, no creyó que pudiera considerarse ajeno a su santidad el rehusar la afrenta de un origen manchado. Tampoco pensó que su Iglesia debiera avergonzarse por estar formada por pecadores, naciendo El de pecadores. Finalmente, para bosquejar ya en sus antepasados el beneficio de la redención y que nadie creyese que la mancha de origen pueda ser impedimento para la virtud, ni se jactase insolentemente de la nobleza de su persona

San Ambrosio, in Lucam, 3

¿Cuántos soldados detuvieron a Cristo?



Hay un detalle importante en el prendimiento, que normalmente se soslaya al leer los relatos de la Pasión. San Juan en su relato menciona, junto con los servidores del Sanedrín, la speira (o «cohorte» en latín) con su jefe (xiliaryos, en griego), que comandaba la tropa. Una speira romana estaba compuesta de alrededor de seiscientos (600) hombres (enorme cantidad para Getsemaní, un huerto pequeño) pero absolutamente necesaria para detener a alguien que desde hacía tiempo los judíos querían apresar sin poder lograrlo (cfr. Lc 4, 28-29). Se debe afirmar, entonces que la tropa que detiene a Cristo no es simplemente un pequeño grupo como muchas veces se ve en los cuadros, sino una verdadera cohorte de soldados romanos (o policía extranjera, federal) bajo las
órdenes del Jefe del Templo, junto con la «policía local» o los servidores del Sanedrín. Es por ello que el Mesías recrimina a los jefes de las tropas: «todos los días estaba yo en medio de vosotros en el Templo y vosotros no me prendisteis» (Mt 26, 55), haciendo mención claramente a esa policía «federal» dirigida por los sanedritas del Templo que, luego de prenderlo lo condujeron a casa de Anás y Caifás. Dicho lo anterior, algunos autores como Blinzler, concluyen a favor de la legalidad formal del prendimiento de Jesucristo, pues resaltan el hecho de que quienes lo llevaron a cabo estaban al servicio del Sanedrín, la más alta autoridad judía con cuyo consentimiento y voluntad se llevó a cabo

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

MI AMOR ESTÁ CRUCIFICADO



De nada me servirían los placeres terrenales ni los reinos de este mundo. Prefiero morir en Cristo Jesús que reinar en los confines de la tierra. Todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel que por nosotros murió y resucitó. Se acerca ya el momento de mi nacimiento a la vida nueva. Por favor, hermanos, no me privéis de esta vida, no queráis que muera; si lo que yo anhelo es pertenecer a Dios, no me entreguéis al mundo ni me seduzcáis con las cosas materiales; dejad que pueda contemplar la luz pura; entonces seré hombre en pleno sentido. Permitid que imite la pasión de mi Dios. El que tenga a Dios en sí entenderá lo que quiero decir y se compadecerá de mí, sabiendo cuál es el deseo que me apremia.
El príncipe de este mundo me quiere arrebatar y pretende arruinar mi deseo, que tiende hacia Dios. Que nadie de vosotros, los aquí presentes, lo ayude; poneos más bien de mi parte, esto es, de parte de Dios. No queráis a un mismo tiempo tener a Jesucristo en la boca y los deseos mundanos en el corazón. Que no habite la envidia entre vosotros. Ni me hagáis caso si, cuando esté aquí, os suplicare en sentido contrario; haced más bien caso de lo que ahora os escribo. Porque os escribo en vida, pero deseando morir. Mi amor está crucificado y ya no queda en mí el fuego de los deseos terrenos; únicamente siento en mi interior la voz de una agua viva que me habla y me dice: “Ven al Padre”. No encuentro ya deleite en el alimento material ni en los placeres de este mundo. Lo que deseo es el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, de la descendencia de David, y la bebida de su sangre, que es la caridad incorruptible.
No quiero ya vivir más la vida terrena. Y este deseo será realidad si vosotros lo queréis. Os pido que lo queráis, y así vosotros hallaréis también benevolencia. En dos palabras resumo mi súplica: hacedme caso. Jesucristo os hará ver que digo la verdad, él, que es la boca que no engaña, por la que el Padre ha hablado verdaderamente. Rogad por mí, para que llegue a la meta. Os he escrito no con criterios humanos, sino conforme a la mente de Dios. Si sufro el martirio, es señal de que me queréis bien; de lo contrario, es que me habéis aborrecido.
Acordaos en vuestras oraciones de la Iglesia de Siria, que, privada ahora de mí, no tiene otro pastor que el mismo Dios. Sólo Jesucristo y vuestro amor harán para con ella el oficio de obispo. Yo me avergüenzo de pertenecer al número de los obispos; no soy digno de ello, ya que soy el último de todos y un abortivo. Sin embargo, llegaré a ser algo si llego a la posesión de Dios, por su misericordia.
Os saluda mi espíritu y la caridad de las Iglesias que me han acogido en el nombre de Jesucristo, y no como a un transeúnte. En efecto, incluso las Iglesias que no entraban en mi itinerario corporal acudían a mí en cada una de las ciudades por las que pasaba

De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Romanos.
(Caps. 6,1-9, 3: Funk 1, 219-223)

JOB ERA FIGURA DE CRISTO



Job, en cuanto nos es dado a entender, hermanos muy amados, era figura de Cristo. Tratemos de penetrar en la verdad mediante la comparación entre ambos. Job fue declarado justo por Dios. Cristo es la misma justicia, de cuya fuente beben todos los bienaventurados; de él, en efecto, se ha dicho: Los iluminará un sol de justicia. Job fue llamado veraz. Pero la única verdad auténtica es el Señor, el cual dice en el Evangelio: Yo soy el camino y la verdad.
Job era rico. Pero, ¿quién hay más rico que el Señor? Todos los ricos son siervos suyos, a él pertenece todo el orbe y toda la naturaleza, como afirma el salmo: Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes. El diablo tentó tres veces a Job. De manera semejante, como nos explican los Evangelios, intentó por tres veces tentar al Señor. Job perdió sus bienes. También el Señor, por amor a nosotros, se privó de sus bienes celestiales y se hizo pobre, para enriquecernos a nosotros. El diablo, enfurecido, mató a los hijos de Job. Con parecido furor, el pueblo farisaico mató a los profetas, hijos del Señor. Job se vio manchado por la lepra. También el Señor, al asumir carne humana, se vio manchado por la sordidez de los pecados de todo el género humano.
La mujer de Job quería inducirlo al pecado. También la sinagoga quería inducir al Señor a seguir las tradiciones corrompidas de los ancianos. Job fue insultado por sus amigos. También el Señor fue insultado por sus sacerdotes, los que debían darle culto. Job estaba sentado en un estercolero lleno de gusanos. También el Señor habitó en un verdadero estercolero, esto es, en el cieno de este mundo y en medio de hombres agitados como gusanos por multitud de crímenes y pasiones.
Job recobró la salud y la fortuna. También el Señor, al resucitar, otorgó a los que creen en él no sólo la salud, sino la inmortalidad, y recobró el dominio de toda la naturaleza, como él mismo atestigua cuando dice: Todo me lo ha entregado mi Padre. Job engendró nuevos hijos en sustitución de los anteriores. También el Señor engendró a los santos apóstoles como hijos suyos, después de los profetas. Job, lleno de felicidad, descansó por fin en paz. Y el Señor permanece bendito para siempre, antes del tiempo y en el tiempo, y por los siglos de los siglos

De los tratados de san Zenón de Verona, obispo
(Tratado 15, 2: PL 11, 441-443)

Dirigirnos al Padre



Este don gratuito de la adopción exige por nuestra parte una conversión continua y una vida nueva. Orar a nuestro Padre debe desarrollar en nosotros dos disposiciones fundamentales:

El deseo y la voluntad de asemejarnos a él. Creados a su imagen, la semejanza se nos ha dado por gracia y tenemos que responder a ella «Es necesario acordarnos, cuando llamemos a Dios “Padre nuestro”, de que debemos comportarnos como hijos de Dios» (San Cipriano de Cartago, De Dominica oratione, 11) «No podéis llamar Padre vuestro al Dios de toda bondad si mantenéis un corazón cruel e inhumano; porque en este caso ya no tenéis en vosotros la señal de la bondad del Padre celestial» (San Juan Crisóstomo, De angusta porta et in Oratione dominicam, 3) «Es necesario contemplar continuamente la belleza del Padre e impregnar de ella nuestra alma» (San Gregorio de Nisa, Homiliae in Orationem dominicam, 2)

Un corazón humilde y confiado que nos hace volver a ser como niños (cf Mt 18, 3); porque es a “los pequeños” a los que el Padre se revela (cf Mt 11, 25): «Es una mirada a Dios y sólo a Él, un gran fuego de amor. El alma se hunde y se abisma allí en la santa dilección y habla con Dios como con su propio Padre, muy familiarmente, en una ternura de piedad en verdad entrañable» (San Juan Casiano, Conlatio 9, 18) «Padre nuestro: este nombre suscita en nosotros todo a la vez, el amor, el gusto en la oración y también la esperanza de obtener lo que vamos a pedir ¿Qué puede Él, en efecto, negar a la oración de sus hijos, cuando ya previamente les ha permitido ser sus hijos?» (San Agustín, De sermone Domini in monte, 2, 4, 16)

Alegraos!!



Así pues, por la Oración del Señor, hemos sido revelados a nosotros mismos al mismo tiempo que nos ha sido revelado el Padre (cf GS 22): «Tú, hombre, no te atrevías a levantar tu cara hacia el cielo, tú bajabas los ojos hacia la tierra, y de repente has recibido la gracia de Cristo: todos tus pecados te han sido perdonados. De siervo malo, te has convertido en buen hijo. Eleva, pues, los ojos hacia el Padre que te ha rescatado por medio de su Hijo y di: Padre nuestro. Pero no reclames ningún privilegio. No es Padre, de manera especial, más que de Cristo, mientras que a nosotros nos ha creado. Di entonces también por medio de la gracia: Padre nuestro, para merecer ser hijo suyo» (San Ambrosio, De sacramentis, 5, 19)

Las tres causales del aborto



1) Violación (aborto Sentimental o psicológico): No es justo que pague un inocente por un culpable. Hijo de un violador y de una mamá asesina. Nunca la suma de dos males va a producir un bien. No podemos abrir la brecha de que algunos sentimientos puedan acabar con la vida, pues esta es inviolable. No puede haber ningún argumento para violar la vida. La solución puede ser la adopción.

2) Malformación del bebé o aborto eugenésico: concepción y mentalidad perversa, utilitarista y hedonista, donde solo tiene valor lo útil y lo bello, la persona ya no tiene valor por sí misma, sino en virtud de su utilidad y belleza: ¿Si puedo matar al bebé en el vientre, por qué no lo puedo matar afuera?

Debemos evitar el término “calidad de vida” en lo que se refiere a la concepción de la vida de las personas, pues la expresión “calidad” solo se aplica a las cosas y no a las personas, existen vidas con mejores o peores condiciones, pero no con mayor o menor calidad de vida; la calidad de vida no hay nada que la pueda hacer mayor o menor, la vida siempre tendrá calidad en sí misma, por sí misma vale. Existe una inconsistencia de pensamiento: ¿si estás de acuerdo con el aborto y la eutanasia por qué no entonces asesinar también a los que han nacido y han dejado de ser sanos, útiles y hermosos? “La solución para la enfermedad no es al asesinato del enfermo”. Los diagnósticos prenatales frecuentemente son equivocados, estos métodos diagnósticos muchas veces persiguen fines utilitaristas y hedonistas.

3) Peligro de muerte de la madre (aborto terapéutico): El aborto nunca será terapéutico. ¿Serías capaz de matar a uno para curar al otro? Esto es un eufemismo. La tecnología y la medicina han avanzado enormemente, y se debe siempre intentar salvar ambas vidas. Solo para mencionar un ejemplo, en Medellín, cuidad de Colombia, hoy en día se hacen cirugías intrauterinas en las cuales se operan a los bebés con malformaciones graves antes de nacer y pueden nacer completamente normales.

La principal consecuencia de la mentalidad proabortista, tan difundida en la sociedad, es el hecho de que la vida humana ya no pueda concebirse como un valor absoluto, sino como algo que depende de la voluntad de otro hombre que se encuentra en una situación ventajosa. Se pone la autonomía personal por encima del derecho a la vida; absurdo, pues la vida es el fundamento de todos los derechos, si no se vive, no se poseen derechos; si no se vive, no se tiene autonomía personal. En una sociedad que se vale acabar con la vida de otro en nombre de la libertad, todo se vale ¿quién pondrá el límite?

Para fariseos y presbiteros actuales



«La lucha contra el fariseísmo, ese “pecado contra el Espíritu Santo” que le impedía su manifestación mesiánica y hería terriblemente su amor a los hombres y a los pobres y a los débiles… sin contar su amor al Padre –y a la Verdad. Ésa es la clave de su carácter, quizá la principal, la que engloba todos los rasgos de su espléndida personalidad humana (…). En efecto, ésa es la esencia del fariseísmo (…): crueldad, soberbia religiosa y resistencia a la Fe. Pero Cristo desde la cruz pudiera responderles: «Creed en Mí y bajaré de la cruz». En efecto, cuando los judíos crean en Él, y los gentiles hayan caído en el pecado de muerte, bajará Cristo de su larga Cruz, que es toda la historia de la Iglesia (…). Los fariseos son «religiosos profesionales»… como el profesionalismo de la religión (…) es solamente el primer grado del fariseísmo en todo caso (…). El segundo: la religión se vuelve instrumento, profesión (…). El tercero: la religión se vuelve instrumento de ganancia, de honores, poder o dinero»[22]

Padre Castellani

Los fariseos



formaban parte de un partido político-religioso que se mantenía en la más estricta observancia de la ley. Con gran influencia sobre el pueblo de clase media, desempeñaban un importante papel en el Sanedrín como grandes conocedores de la teología y del derecho. La mayoría de los escribas (segunda cámara) integraban el partido fariseo, siendo indispensables por su conocimiento legal. Eran los abogados de la pequeña burguesía y defendían, como sucede a menudo, al mejor postor. San Juan nos dice que muchos hombres del Sanedrín creían en Jesús, pero no se atrevían a manifestarlo por causa de los fariseos, para no ser excomulgados, como el caso de Nicodemo, sanedrita muy prestigioso y escriba al mismo tiempo que hasta se animó a enfrentar a sus cofrades: «¿Acaso nuestra ley condena a un hombre antes de oírle y sin averiguar lo que hizo?», pero ellos le respondieron: «¿También tú eres galileo? Investiga y verás que de Galilea no ha salido profeta alguno» (Jn 7, 51-52)

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Felipenses

2:5  Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo:
2:6  El cual, siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios
2:7  sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre,
2:8  se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz.
2:9  Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre