Categoría: Capital

Un gallo impertinente o sabio

Un bello pensamiento sobre el gallo que cantó a Pedro:
Y en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo afuera, lloró amargamente» (Mt 26, 74-75).
Hay que atrapar de nuevo aquel gallo. Aunque sea molesto, insoportable, embarazoso. Mejor dicho, precisamente porque es fastidioso.
Y por favor, que nuestra hipocresía no llegue a insinuar que ha sido educado con métodos anticlericales, que forma parte de una conjura contra nosotros.
Procuremos ser serios, al menos el viernes santo. Si hay una conjura, es la nuestra. La conjura de nuestra mediocridad, de nuestra diplomacia, para estrangular la palabra de Cristo.
Pretendemos ser unos campeones de la fe, siendo así que eludimos regularmente las duras exigencias del evangelio.
Queremos que se nos reconozca como modelos de fidelidad, aunque buscamos todos los posibles (e imposibles) caminos para eludir los compromisos decisivos.
Ese gallo presumido debería ser una especie protegida en la Iglesia.
Deberíamos pedirle que no deje de cantar, de denunciar sin piedad nuestros fallos, nuestras faltas, nuestros achaques.
Es el gallo el que, como centinela vigilante, lanza la alarma contra nuestra alianzas con la noche, la hipocresía, la mentira, los manejos.
Es el gallo el que «nos recuerda» las muchas esperanzas que hemos defraudado, los pobres a los que hemos traicionado, los mártires por causa de la justicia que no sabemos o no queremos reconocer, las mujeres que seguimos ignorando (y bastaría ir a buscarlas precisamente allí donde nosotros, hombres valientes y aguerridos, no hemos sabido estar).
Ese gallo debería estar de guardia permanente en la Iglesia. Para levantarnos del sueño. Para encendernos la cara de vergüenza (la única luz, quizás, que nos permite caminar en la oscuridad en que nos movemos). Para hacer que broten en nuestros ojos aquellas lágrimas, que son las únicas que nos permiten percibir de nuevo al Condenado.
Pedro, ayúdanos a salvar «tu» gallo y nuestro gallo, aunque no esté dispuesto a celebrar triunfos.
Cuando perdemos la cara (y no sólo la cara), ese gallo impertinente nos recuerda que, después de golpearnos necesariamente el pecho, se nos concede la gracia de poder levantar la mirada al Crucificado.
Pedro, ¿me equivoco si me atrevo a sospechar que también se nos ha dado a nosotros el gallo, como herencia del Maestro, como un elemento fundamental para la custodia del rebaño?

1er mandamiento

Yo, el Señor, soy tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto» (Ex 20, 2-5) «Está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, sólo a él darás culto» (Mt 4, 10).

Aborto

Mateo

18:5  «Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe
18:6  Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar.

Tribulación

Romanos 5

5:3  Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia;
5:4  la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza,
5:5  y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado

Padre NORMAN WESLIN †

¿Quién ha dicho que Cristo este año no sale?

¿Quién ha dicho esas historias?,
¿Que el Cristo este año no sale?,
si está vestido de blanco,
de azul, en los hospitales…

¿Quién dice que el Nazareno
no puede hacer penitencia,
si están todos atendiendo
a enfermos en las urgencias?

De pronto puedo mirar un poco más allá del miedo y del dolor de tantos

¿Cómo que Jesús Caído
no saldrá el Miércoles Santo?
Mírale tú en nuestros médicos
que caen rendidos, exhaustos,
con humildes cireneos
ayudando a cada paso:
celadores, enfermeras, administrativas,
codo a codo, sin descanso.

Un Cristo, que está aquí, que ya vencedor, camina junto a nosotros

Igual que en la Borriquita
pasó Jesús por la tierra,
nuestros héroes camioneros
pasan las noches en vela
para abastecer mercados
de barrio, farmacias, tiendas…

Y de pronto aquellos que daba por sentado,
que incluso alguna vez acusé,
salen a jugarse la vida por nosotros

Ejército, Guardia Civil, Policía…
patrullan calles desiertas,
y no están con sus familias
sino cuidando a las nuestras.
Y lejos de las ciudades,
Jesucristo está doblado sobre los surcos de tierra,
se hace a la mar en un barco,
tiende cables, cava pozos
o pastorea el ganado.

Nadie diga que el Señor
no está en las calles presente,
cuando en las iglesias solitarias
los sacerdotes celebran Misa diariamente.

Nadie diga que el Cautivo
no va a salir este año, mientras haya una voz buena
llamando al que está encerrado.

Nadie diga que el Gran Poder
no va en su anda,
cuando tantas vidas orantes
se ofrecen y aman.

No lo hace solo
con cansancio en la mirada,
con buen humor, sin fallarnos,
también Cristo está presente
en cualquier supermercado,
reponiendo estanterías
o a pie de caja cobrando.

Jesús viene en un camión
de blanco y verde pintado,
recoge nuestros desechos
y se va sin ser notado.

Porque el amor que vivimos es comunitario

Cuando veo a tanta gente
que a los suyos ha enterrado,
siento que también salió
la Piedad del barrio bajo,
la Virgen de las Angustias
con su Hijo en el regazo.

Y aunque a todos nos asuste
el pasar por el Sepulcro,
ahí está la fortaleza
de Aquel que ha vencido al mundo.

Porque no se trata de estar romantizando
Tal vez no haya procesiones
con imágenes talladas
pero ya ves, Cristo sale
al encuentro de tu alma,
en mil rostros escondido,
sin cirios y sin campanas.

Que aunque no haya procesiones
por España en primavera,
seguirá oliendo el incienso
que pone su gente buena.

El amor salta las tapias,
el corazón no se encierra;
será una «Semana Santa»
más que nunca, y verdadera.

Diez mandamientos

El Decálogo forma una unidad orgánica en la que cada “palabra” o “mandamiento” remite a todo el conjunto. Transgredir un mandamiento es quebrantar toda la ley (cf St 2, 10-11)

Vida eterna

“¿Qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?” — “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mt 19, 16-17)