Categoría: Envidia

Purgatorio

Mateo 12,32: Jesús no condena la creencia de los judíos en una purificación después de esta vida, sino que la apoya y este texto es muestra clara de ello. Jesús habla del pecado contra el Espíritu Santo y dice que este no se perdona ni en esta vida ni en la otra. Lo que muestra claramente que hay dos tipos de pecados: Los que no se perdonan ni en esta vida, ni en la otra, y los que se perdonan en esta vida o en la otra. Esta purificación de los pecados en la otra vida, se conoce como Purgatorio.

LA TRADICIÓN DE LA ORACIÓN



La oración no se reduce al brote espontáneo de un impulso interior: para orar es necesario querer orar. No basta sólo con saber lo que las Escrituras revelan sobre la oración: es necesario también aprender a orar. Pues bien, por una transmisión viva (la sagrada Tradición), el Espíritu Santo, en la “Iglesia creyente y orante” (DV 8), enseña a orar a los hijos de Dios

La tradición de la oración cristiana es una de las formas de crecimiento de la Tradición de la fe, en particular mediante la contemplación y la reflexión de los creyentes que conservan en su corazón los acontecimientos y las palabras de la Economía de la salvación, y por la penetración profunda en las realidades espirituales de las que adquieren experiencia (cf DV 8).

Falta grave, no será perdonada



“Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro” (San Gregorio Magno, Dialogi 4, 41, 3). En el infierno ya no hay posibilidad de perdón, y al Cielo no entra nada manchado; por tanto, debe haber un lugar intermedio, de purificación, donde se perdonen pecados. Este es el purgatorio.


Verdadera Caridad


El que tiene verdadera y perfecta caridad, no se busca a sí mismo en cosa alguna; más sólo desea que sea Dios glorificado en todas las cosas. De nadie tiene envidia, porque ama algún placer particular, ni se quiere gozar en sí; más desea sobre todas las cosas gozar de Dios. A nadie atribuye ningún bien; más refierelo todo a Dios, del cual, como de primera fuente, emanan todas las cosas, y en quien finalmente todos los santos descansan con perfecto gozo. ¡Oh quién tuviese una centella de verdadera caridad! Por cierto que sentiría estar todas las cosas mundanas llenas de vanidad
Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

Amar

Quien ama mucho, hace mucho. Quien hace bien lo que tiene que hacer, mucho hace. Muy buena obra hace quien se preocupa más por ser útil al grupo donde vive, que por hacer sus propios antojos.
Muchas veces parece caridad lo que solamente es seguir las inclinaciones de la propia naturaleza.

Porque raras veces no están nuestras acciones maniobradas por las propias inclinaciones naturales, por el deseo de recompensas y de obtener ventajas

La petición de perdón



es el primer movimiento de la oración de petición (cf el publicano: “Oh Dios ten compasión de este pecador” Lc 18, 13). Es el comienzo de una oración justa y pura. La humildad confiada nos devuelve a la luz de la comunión con el Padre y su Hijo Jesucristo, y de los unos con los otros (cf 1 Jn 1, 7-2, 2): entonces “cuanto pidamos lo recibimos de Él” (1 Jn 3, 22). Tanto la celebración de la Eucaristía como la oración personal comienzan con la petición de perdón.

El retorno del hijo pródigo de Rembrandt

Van a él los que mueren en pecado mortal



«Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno»

La causa de la discordia


I Corintios 3:3 pues todavía sois carnales. Porque, mientras haya entre vosotros envidia y discordia, ¿no es verdad que sois carnales y vivís a lo humano?

Pena de sentido



“Se llama así porque el principal sufrimiento que de ella se deriva proviene de cosas materiales o sensibles. Afecta, ya desde ahora, a las almas de los condenados, y, a partir de la resurrección universal, afectará también a sus cuerpos.”[3]

La pena de sentido consiste principalmente en el suplicio del fuego (Mc 8,43; Mt 25,41), que atormenta no solamente los cuerpos, sino también las almas de los condenados. Además de esto, en virtud de la degradación indecible, del estado perpetuo de odio, de los suplicios horribles de quienes allí se encuentran – es decir, los demonios y los demás condenados-, su compañía continua, eterna, será por sí misma una tortura espantosa. Los sentidos internos estarán sujetos a imaginaciones y recuerdos más o menos torturantes, y los externos estarán privados de todo cuanto les pudiese agradar y proporcionar placer, nada de luz, de armonías, de suaves olores, de sensaciones suaves, de reposo corporal

Infierno



Mateo
25:41 Entonces dirá también a los de su izquierda: `Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles