Pena de muerte

Su mención del buen ladrón me recuerda a una objeción común. La gente afirma que es cruel matar a un prisionero y más misericordioso dejarle vivir. ¿Cree usted que esto es verdad? ¿Se convertirían más criminales si vivieran más? Tenemos el ejemplo del buen ladrón en el caso del siglo XX de Claude Newman, un asesino, que en el año 1943 estaba en el corredor de la muerte en Vicksburg, Mississippi. Al principio no creía y era no católico, pero experimentó la conversión a la fe católica a través de la Medalla Milagrosa. Tuvo una muerte santa como un católico devoto. Dio testimonio de la legitimidad y del valor expiatorio de la pena de muerte15. Se puede citar el caso del siervo de Dios Jacques Fesch (1930- 1957), un asesino que pasó más de tres años en una celda de castigo. Experimentó una profunda conversión antes de su ejecución, guillotinado en París. Dejó cartas y notas espirituales muy edificantes. Dos meses antes de su ejecución escribió: «aquí es donde la Cruz y el misterio del sufrimiento aparecen. Toda la vida tiene en esta pieza de madera su centro… ¿no crees que cualquier cosa que haces en el pequeño tiempo que se te ha dado de vida en la tierra, cualquier cosa que merece la pena está marcada con el sello del sufrimiento? No hay más ilusiones, sabes con certeza que todo lo que tiene este mundo para ofrecerte es falso y engañoso y como los sueños más fantásticos de una niña de seis años. Después la desesperación te invade y tú intentas evitar el sufrimiento que se te pega a los talones y que te abrasa, pero cualquier forma en que lo hagas es un rechazo de la Cruz. ¡No existe ninguna esperanza genuina de paz y salvación fuera de Jesucristo crucificado! Feliz el hombre que entienda esto». El 1 de octubre de 1957 a las 5: 30 subió al cadalso. «Que cada gota de la sangre que voy a verter sea aceptada por Dios como sacrificio—escribió— que sirva para borrar los pecados mortales». En su última anotación en el diario escribió: «en cinco horas veré a Jesús» 16. También sabemos por la vida de Santa Teresita del Niño Jesús que ella adoptó a su primer pecador, el asesino Pranzini quién en 1887 fue sentenciado a muerte. Escribe en su autobiografía La Historia de un alma, «Al día siguiente de su ejecución, cayó en mis manos el periódico La Croix. Lo abrí apresuradamente, ¿y qué fue lo que vi…? ¡Las lágrimas traicionaron mi emoción y tuve que esconderme… Pranzini no se había confesado, había subido al cadalso, cuando de repente, se volvió, cogió el crucifijo que le presentaba el sacerdote y besó por tres veces sus llagas sagradas…! … Había obtenido “la señal” pedida. ¿No se había despertado en mi corazón la sed de almas precisamente ante las llagas de Jesús, al ver gotear su sangre divina?» 17.

Athanasius Schneider. Christus vincit!

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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