Libre albedrío y Dios



un ser humano, por más poderoso que se crea, no podrá por sí mismo volar si es que se tira de un edificio. Él no es la causa primaria de su ser y movimiento. Sus capacidades y limitaciones fueron configuradas por otro y le están ya dadas. Y ello justamente nos lleva al último punto de la objeción, según el cual no se prueba la conclusión de la primera vía porque no es necesario atribuirle a un agente sobrenatural aquello que hacemos (los seres humanos) por libre albedrío. Si ello se dice únicamente en sentido operacional, es decir, solo en referencia a cómo realizamos nuestros actos libres, concedido. Pero si se dice en sentido metafísico, es decir, en referencia al fundamento primero de nuestros actos libres, negado. ¿Por qué? Porque nuestro libre albedrío no se fundamenta ontológicamente a sí mismo. Clara evidencia de ello es el hecho, bastante irónico por cierto, de que si tenemos libre albedrío es simplemente porque “está allí” ¡sin que hayamos elegido tenerlo! Nuestro libre albedrío es una capacidad de libre autodeterminación, correcto. Pero es una capacidad que ha sido configurada por otro. En ese sentido Santo Tomás de Aquino, ya anticipándose a tal tipo de objeción, escribía que “lo que se hace deliberadamente, es preciso reducirlo a una causa superior al entendimiento y voluntad humanos, porque éstos son mudables y contingentes, y lo mudable y contingente tiene su razón de ser en lo que es de suyo inmóvil y necesario, según hemos dicho” (11). Es cierto que operamos distintas cosas con nuestro libre albedrío pero no nos lo hemos dado a nosotros mismos. En otras palabras: no hemos elegido tener la potencia o capacidad de elegir, sino que nos ha sido dada por otro. Luego, hasta el propio libre albedrío requiere un fundamento ontológico antecedente. Por tanto, críticas como la del filósofo australiano Graham Oppy, quien dice que la aceptación de este argumento “implica rechazar las defensas del libre albedrío” (12), quedan fuera de lugar. Este argumento no requiere que rechacemos el libre albedrío, simplemente que seamos conscientes del hecho de que, dado que no nos dimos nuestro propio libre albedrío, la existencia de este como potencia espiritual en nuestro ser requiere de la acción de algún ente anterior

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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