Las Epopeyas Homéricas y el Evangelio de Marcos



En realidad, el Evangelio de Marcos no puede ser considerado histórico ya que es evidente que se trata de una de las muchas “emulaciones homéricas” de la Antigüedad. En efecto, si tomamos como referencia las obras de Homero (especialmente la Odisea) nos encontramos no solamente mucha similitud en expresiones concretas sino también innumerables paralelos: Jesús y Odiseo son descritos como carpinteros que pasaron muchas penurias; tanto Jesús como Odiseo ocultan su verdadera identidad; los apóstoles Santiago y Juan son llamados “hijos del trueno” equivalentemente a Cástor y Pólux, hijos de Zeus (” dios del trueno”), en la mitología griega; el que Jesús camine sobre el agua no es más que la proyección de lo correspondiente en la obra para el caso del dios Hermes; Jesús purificó el Templo y Odiseo mató a los pretendientes de su esposa que se habían aprovechado de su casa; y cuando Odiseo llega uno de estos pretendientes lo saluda con la palabra “Salve” que es exactamente la palabra usada en el episodio análogo cuando Jesús es conducido al Gólgota y un soldado romano le dice “Salve, rey de los judíos”. Luego, no se prueba la conclusión de la primera vía. Respuesta: Básicamente esta es la objeción planteada por Dennis MacDonald en su libro Las Epopeyas Homéricas y el Evangelio de Marcos. La tesis central de MacDonald es que este Evangelio es “una prosa épica en gran parte modelada desde la Odisea de Homero y el final de la Ilíada”. Para demostrarlo se basa en una serie de paralelismos siendo su esquema básico de pares Jesús con Odiseo, los discípulos de Jesús con la tripulación de Odiseo, y los líderes judíos con los pretendientes de Penélope. Pero se trata de un completo non- sequitur. Los paralelos no implican necesariamente influencia directa o intencionada, más aun considerando que, como el mismo MacDonald explica,, los poemas homéricos tenían importante influencia en la vida cultural y educacional del mundo antiguo, de modo que también resulta perfectamente viable pensar que hayan ciertas influencias subyacentes de lenguaje y expresión en los manuscritos griegos sin que ello tenga de por sí que implicar que se están inventando intencionadamente los hechos.

Por ejemplo, si un niño tuviera un padre que es profesor de literatura con un muy amplio y sofisticado vocabulario, y vemos que ese niño también tiene un vocabulario similar. ¿Nos valida eso de por sí una teoría conspirativa del tipo “Este niño habla de ese modo porque se esfuerza por parecerse a su padre”? No, pues todavía es una explicación perfectamente razonable y en principio más plausible el simplemente plantear que ese niño ha crecido en ese ambiente y, por tanto, de modo natural (no intencionado) usa algunas expresiones de su padre que se le han ido “pegando”. Y lo mismo se puede aplicar para el caso del Evangelio de Marcos en lo que respecta a ciertas formas de lenguaje. Pero parece que MacDonald no está muy abierto a esa posibilidad y dedica los capítulos de su obra a señalar (supuestos) paralelismos. Varios de estos paralelismos pueden parecer persuasivos a alguien que no esté informado o que simplemente esté buscando información para validar sus pre- juicios, pero alguien ya entrenado en estos temas fácilmente se da cuenta de que todo el planteamiento de MacDonald no es más que una gran falacia de argumento por escenario. En efecto, se buscan los paralelismos presuponiendo que hay una influencia consciente y directa de las obras de Homero en el Evangelio de Marcos, y luego se usan estos paralelismos para probar que hubo dicha influencia.

De este modo, al menos en lo que se refiere a los hechos (los comics de hoy en día no son escritos ni en arameo ni griego), uno puede tomar a superhéroes como Superman o Spiderman y comenzar a buscar todas las similitudes entre ellos y Jesús hallando en verdad varias si se aplica el esfuerzo e ingenio suficientes. A alguien le podría parecer muy exagerada esta comparación. Y bueno, sí, puede ser un poco exagerada, pero de ningún modo es muy exagerada. Para demostrarlo, analizaremos a continuación cada uno de los ejemplos citados en la objeción, y claramente se verá que, al final de cuentas, los paralelismos de MacDonald no son más que burdos y artificiales. Comencemos con el paralelo entre Jesús y Odiseo como carpinteros que pasaron muchas penurias. Respecto de lo de carpinteros la analogía no es para nada sorprendente considerando cuán extendido estaba dicho oficio en el mundo antiguo.

Además, dicha caracterización respecto de Odiseo aparece solo una vez en toda la obra como algo sin mayor importancia, de modo que sería extraño que se extrapole una característica tan nimia. Más bien lo que salta a la vista son las diferencias, pues Jesús era un pobre carpintero y Odiseo era el rey de Ítaca. Y lo mismo sucede con el caso de las penurias pues es perfectamente normal que todo hombre (mitológico o real) que haga cosas grandes o distintas tenga que pasarlas y, además, vemos que mientras Odiseo pasó penurias en gran parte por su soberbia confrontación con los dioses (especialmente Poseidón), Jesús “fue obediente (al Padre) hasta la muerte” (Filipenses 2: 8). Respecto de que tanto Jesús como Odiseo ocultaban su verdadera identidad, lo que MacDonald llama el “secreto mesiánico”, nos encontramos con que también es una analogía exagerada. Es perfectamente normal en cualquier contexto social que uno sea más abierto con sus amigos cercanos y conocidos y a la vez sea bastante reservado o hasta ambiguo cuando trata con desconocidos o enemigos, más aún si el no hacerlo puede acarrearle innecesaria persecución. MacDonald escribe: “Jesús mantiene a las autoridades desconcertadas acerca de su identidad mediante la evasión, metáforas, y la pura inteligencia, en mucho como Odiseo entre los pretendientes”.

En esta sola frase se evidencia que los paralelismos de MacDonald son forzados pues, ¿qué quiere decir exactamente la frase “en mucho como Odiseo”? Es obvio que se trata de una ambigüedad, y construir paralelismo con ambigüedades simplemente no tiene valor probatorio. Luego se compara a los apóstoles Santiago y Juan con los Dioscuros, Cástor y Pólux, por cuanto los primeros son llamados “hijos del trueno” (cfr. Marcos 3: 17). Pero el paralelo no es exacto ni directo. Y es que, si bien en la mitología griega Cástor y Pólux son Dioscuros, que significa “hijos de Zeus”, a Zeus no se le conoce como “el Trueno” sino como “el Tronador” o “el que hace tronar”, de modo que el supuesto título para Cástor y Pólux quedaría como “los hijos del tronador” y se llegaría al mismo de ese modo indirecto. Además, lo de “el trueno” no es algo exclusivo de Zeus o la cultura griega sino que es propio de prácticamente todas las culturas y, por tanto, también es perfectamente viable que se lo asocie a una cuestión de personalidad (temperamento fuerte) o más aún, considerando el contexto judío, con aquellos que llevan la “voz de Dios” (a la que también se asocia con el trueno). El paralelismo entre Jesús y Hermes también se evidencia como exagerado. Una cosa es Jesús caminando sobre las aguas, y otra cosa es Hermes volando por encima de las aguas. Pero sobre todo este “paralelismo” nos muestra la gran deshonestidad de MacDonald: Jesús siempre es Odiseo, pero si requiere transformarlo unos momentos en Hermes para sacar un nuevo paralelo, lo hará. No importa la coherencia, solo el desacreditar al Evangelio de Marcos. Otro paralelismo fuera de lugar es el de la purificación del templo por parte de Jesús (cfr. Marcos 11: 15- 18) y la “limpieza” que hace Odiseo de su casa matando a los pretendientes de Penélope. MacDonald busca justificar esto aduciendo que se utilizan palabras y frases similares en las dos escenas, tales como “casa”, “arruinada”, “le tenían miedo”, etc.

Pero todas esas palabras y frases son bastante comunes en todas las culturas y aparecen también a lo largo de varios pasajes del Antiguo y el Nuevo Testamento, no solo en las obras de Homero. Además, la motivación y contexto son bien distintos: mientras Odiseo asesina a los pretendientes para cobrarse una venganza personal, Jesús desaloja violentamente a los mercaderes en su celo por la santidad de Dios. Finalmente, respecto del uso de la palabra “Salve” por parte de los soldados romanos con Jesús (cfr. Marcos 15: 18) y del pretendiente con Odiseo, MacDonald sostiene que la misma se menciona en “un contexto remarcablemente similar”.

Pero eso es simplemente absurdo pues se trata en realidad de situaciones diametralmente opuestas: mientras se la dicen a Odiseo como especie de “disculpa” cuando está a punto de matar a los pretendientes para cobrar su esperada venganza, a Jesús se la dicen como burla ¡cuando está a punto de morir de modo extremadamente injusto! Y también nótese de nuevo la deshonestidad de MacDonald: se identifica a los pretendientes de Penélope con los líderes judíos, pero si es necesario artificiar una analogía adicional, se los pasa a identificar con los soldados romanos (o con los mercaderes del templo). Por tanto, se evidencia que MacDonald ha cometido un fraude para “demostrar” que el Evangelio de Marcos es un fraude

Dennis MacDonald, The Homeric Epics and the Gospel of Mark, Yale University Press, New
Haven, 2000

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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