Evangelio

San Mateo 13:44-52
«El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel. «También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra. «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí.» Y él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas.»

Palabra del Señor

A todo el que me confesare delante de los hombres

A todo el que me confesare delante de los hombres

Evangelio según san Mateo, 10: 32- 33 «A todo el que me confesare, pues, delante de los hombres, también le confesaré Yo delante de mi Padre, que está en los cielos; y al que me negare delante de los hombres, también le negaré Yo delante de mi Padre, que está en los cielos». (vv. 32- 33)

Después de disipar el Señor el temor que tanto angustiaba el alma de sus discípulos, vuelve de nuevo a darles fuerzas con las cosas que han de conseguir; no solamente les desvanece todo temor, sino que los eleva, con la seguridad de mayores recompensas, en la libertad de predicar la verdad, diciendo: «A todo el que me confesare delante de los hombres, confesaré Yo también delante de mi Padre, que está en los cielos».

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,3

Y eso es todo

Por la Gracia de Dios soy un ser humano y un cristiano; por mis acciones, soy un gran pecador; por mi condición social soy un peregrino sin techo, y de la clase más humilde, que anda siempre caminando de un pueblo al otro. Mis riquezas son las que llevo sobre mi espalda: una alforja con un poco de pan seco. Entre mis ropas, la Santa Biblia. Y eso es todo.

Anónimo. Relatos de un peregrino ruso

Comentarios introductorios sobre la importancia de la ortodoxia

Comentarios introductorios sobre la importancia de la ortodoxia

Extrañamente nada más expresa mejor el enorme y silencioso mal de la sociedad moderna que el uso extraordinario que hoy día se hace de la palabra <ortodoxo>. Antes, el hereje se enorgullecía de no serlo. Herejes eran los reinos del mundo, la policía y los jueces. Él era or todoxo. Él no se enorgullecía por haberse rebelado contra ellos; eran ellos quienes se habían rebelado contra él. Los ejércitos con su cruel seguridad, los reyes con sus fríos rostros, los decorosos procesos del Estado, los razonables procesos de la ley; todos ellos, como corderos, se habían extraviado. El hombre se enorgullecía de ser ortodoxo, de estar en lo cierto. Si se plantaba solo en medio de un terreno ululante era algo más que un hombre; era una iglesia. Él era el centro del universo; a su alrededor giraban los astros. Ni todas las torturas sacadas de olvidados infiernos lograban que admitiera que era un hereje. Pero unas pocas frases modernas le han llevado a jactarse de ello. Hoy, entre risas conscientes, afirma: <Supongo que soy muy hereje>; y se vuelve, esperando recibir el aplauso. La palabra <herejía> ya no sólo no significa estar equivocado: prácticamente ha pasado a significar tener la mente despejada y ser valiente. Ello sólo puede indicar una cosa: que a la gente le importa muy poco tener razón filosófica. Pues sin duda un hombre debería preferir confesarse loco antes que hereje. El bohemio, con su corbata roja, debería defender a capa y espada su ortodoxia. El dinamitero, al poner una bomba, debería sentir que, sea o no otra cosa, al menos es ortodoxo.

HEREJES. G.K. Chesterton

Fundamentalismo y relativismo

«A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica a etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse dlevar a la deriva por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida solo el propio yo y sus antojos

Cardenal Joseph Ratzinger Homilía pronunciada en la basílica vaticana 18 de abril de 2005

Hilaire Belloc

«no es historiador aquel que no sabe responder desde el pasado»

Hilaire Belloc

Haced caso a este viejo incrédulo que sabe lo que se dice: la obra maestra de la propaganda anticristiana es haber logrado crear en los cristianos, sobre todo en los católicos, una mala conciencia, infundiéndoles la inquietud, cuando no la vergüenza, por su propia historia. A fuerza de insistir, desde la Reforma hasta nuestros días, han conseguido convenceros de que sois los responsables de todos ○ casi todos los males del mundo. Os han paralizado en la autocrítica masoquista para neutralizar la crítica de lo que ha ocupado vuestro lugar. Feministas, homosexuales, tercermundialistas y tercermundistas, pacifistas, representantes de todas las minorías, contestatarios y descontentos de cualquier ralea, científicos, humanistas, filósofos, ecologistas, defensores de los animales, moralistas laicos: «Habéis permitido que todos os pasaran cuentas, a menudo falseadas, casi sin discutir. No ha habido problema, error ○ sufrimiento histórico que no se os haya imputado». Y vosotros, casi siempre ignorantes de vuestro pasado, habéis acabado por creerlo, hasta el punto de respaldarlos. En cambio, yo (agnóstico, pero también un historiador que trata de ser objetivo) os digo que debéis reaccionar en nombre de la verdad.De hecho, a menudo no es cierto. Pero si en algún caso lo es, también es cierto que, tras un balance de veinte siglos de cristianismo, las luces prevalecen ampliamente sobre las tinieblas.

Leo Moulin, historiador francés, ateo y ex masón

Ideas erróneas sobre Dios



Y éste es el virus de los tres mencionados errores; es decir, de los que razonan de Dios según la carne, de los que sienten según la criatura espiritual, como lo es el alma, y de los que, equidistantes de lo corpóreo y espiritual, sostienen opiniones sobre la divinidad tanto más absurdas y distanciadas de la verdad cuanto su sentir no se apoya en los sentidos corporales, ni en el espíritu creado, ni en el Creador.

El que opina que Dios es blanco o sonrosado se equivoca: con todo, estos accidentes se encuentran en el cuerpo. Nuevamente, quien opina que Dios ahora se recuerda y luego se olvida, u otras cosas a este tenor, yerra sin duda, pero estas cosas se encuentran en el ánimo. Mas quien juzga que Dios es una fuerza dinámica capaz de engendrarse a sí mismo, llega al vértice del error, pues no sólo no es así Dios, pero ni criatura alguna espiritual o corpórea puede engendrar su misma existencia

De Trinitate.  Agustín de Hipona

La literatura patrística



abarca los escritos de los Padres de la Iglesia Antigua, para distinguirlos de las obras de los Doctores de la Iglesia de la Edad Media. La lfnea entre estas dos edades cristianas no puede establecerse claramente; pero, hablando de manera general, la época de los Padres fue, en la Iglesia occidental, los primeros seis siglos. En la Iglesia del Este, la edad patrística se puede extender para abarcar a Juan de Damasco (750 A. D.). Los escritores pueden organizarse, en cuatro grupos: 1. (95-180 A.D.) los Padres Apostólicos y los Apologistas, o escritores contemporáneos con la formación del canon del Nuevo Testamento. Todos estos escribieron en griego. 2. (180-325 A. D.) 1os Padres del siglo III, o escritores desde Ireneo al Concilio de Nicea; en parte griegos, en parte latinos.3. (325-590 A.D.) los Padres Latinos Post Nicenos. 4. (325-750 A.D.) los Padres Griegos Post Nicenos.

Este gran cuerpo de escritos se estudian, no como se estudian a los autores de la época de Pericles o de la era de Augusto como modelos de forma literaria, sino que, al estudiar todas las literaturas liderantes, descubrimos las verdades que ellas encarnan y discernir a los hombres detrás de los libros. Y sin embargo, hay mucho en estos escritos cristianos que ni siquiera el est udioso educado puede pasar por alto. Perder a Clemente de Alejandría sería perder gran parte de nuestro conocimiento actual de la antigüedad clásica. Juan Crisóstomo no podría dejarse afuera del mundo de las letras como Bossuet. Las «Confesiones» de Agustín son uno de los pocos libros que pertenecen a toda la humanidad, y siempre vivirán.

Padres Apostólicos Siglo I-1.  Padres Apostólicos. Ivory Falls Books

La oración

Las cinco cualidades que se requieren en la oración. La cual debe ser confiada, recta, ordenada, devota y humilde

Comentarios sobre el Padre Nuestro y los Diez Mandamientos. Santo Tomás de Aquino