
ENMANUEL-DIOS CON NOSOTROS
De manera verdaderamente justa y conveniente te he dicho: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1, 28). Efectivamente, la palabra hebrea Enmanuel, traducida en griego es interpretada como Dios con nosotros (Mt 1, 23). Pero ¿cuándo Dios ha estado con los hombres y ha sido presente entre los hombres si no ahora, en los últimos tiempos, en que se cuida de la estirpe de Abrahán (Hb 2, 16) y ha asumido la carne de ti?
El término Enmanuel presenta un doble significado de interpretación: el Enmanuel es y es reconocido con naturaleza humana y divina. Dios, que es perfecto ya desde antes de los siglos, ha llegado a ser en ti perfecto hombre, asumiendo de ti la naturaleza humana, adaptándola a sí según la hipóstasis y manteniendo inmutables las naturales cualidades y signos propios y esenciales de ambas naturalezas.
El Verbo Dios ha permanecido Verbo Dios, aunque se haya vestido de la carne según las leyes de la naturaleza. La carne, dotada de alma racional que él ha asumido de tu sangre inmaculada y ha animado con el espíritu de una vida racional, ha permanecido carne dotada de alma racional, si bien fuese carne del único Verbo Dios unida a él según la hipóstasis y concurriese a la unión indivisible de una única persona y de una única hipóstasis, que no cambia verdaderamente la naturaleza unida y no lleva a la identidad de la sustancia.
Incluso si Cristo mantiene la diferencia de ambas naturas y sustancias, de ti se mostrará al mundo un solo Hijo y Cristo, que no hace notar la diferencia de más Hijos y más Cristos. El que es verdadero Dios será Engendrado también verdadero hombre: él demostrará que no hay falsedad en el nombre con el que ha sido llamado y en lo que se dice de él. Por ello será llamado Enmanuel, porque es en realidad ambas cosas: verdaderamente Dios incircunscrito y, a la vez, verdaderamente hombre, y es una cosa según la Generación eterna del Padre, y la otra según la gestación en el tiempo y en el cuerpo de ti que eres su madre. Así ha decidido salvar la naturaleza humana: quien no puede ser humillado se ha abajado a tal humillación para hacer resurgir la humanidad reducida a tierra de corrupción, y hacerla partícipe de la herencia celeste a cambio del precedente gozo del paraíso
De la homilía de san Sofronio patriarca de Jerusalén PG 87, 3271-3274