El infierno



es un estado de “auto exclusión”, no un defecto de la misericordia de Dios: «Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra “infierno”» (Catecismo, 1033).

El infierno es la suma de todos los males sin mezcla de bien alguno, pues significa la pérdida y privación total de Dios, y por tanto, de todo lo bueno, bello y verdadero.

Ilustración medieval del infierno, en el manuscrito Hortus deliciarum (1180) por Herrada de Landsberg.

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