«El testigo»



Con las gentes de Indias, España no hizo más que despedazarlas, matarlas, angustiarlas, afligirlas atormentarlas y destruirlas por las extrañas y nuevas y varias, nunca otras tales vistas ni leidas ni oídas, maneras de crueldad (…). Los españoles les arrebataron a los indios las comidas y los enseres más elementales, para pasar luego a quitarles las mujeres y los hijos, usar mal de ellos, y obligarlos más tarde, a buscar en la selva el refugio salvador. (Pero cuando eso no ocurría, los indigenas enfrentaban a los españoles y estos) extremaban su crueldad (…), los españoles entraban a los pueblos, ni dejaban niños, ni viejos, ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaran y hacían pedazos: como si dieran a unos corderos metidos en sus apriscos (…). Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete, o le descubría las entrañas

Tomaban las creaturas de los pechos de las madres por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas. Otros daban con ellas en ríos por las espaldas, riendo y burlando y cayendo
en el agua; otras criaturas metían en la espada con las madres juntamente y todos cuanto delante de sí hallaban. Hacían unas horcas largas que juntasen casi los pies a la tierra, y de trece en trece, a horror y reverencia de nuestro Redentor y de los doce apóstoles, poniéndoles leña y fuego los quemaban vivos. Otros ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca, pegándole fuego, así los quemaban

¡Qué horror! iPero qué salvajes estos españoles! Según el fraile el conquistador era la encarnación del diablo: «Los españoles desean solo henchirse de riquezas en muy breves días (..) más que hombres parecen lobos, leones y tigres crudelísimos de muchos días hambrientos (..). Cometían grandísimas crueldades, matando y quemando y asando y echando y asando
y echando perros bravos». Pero….qué clase de cristianos eran estos conquistadores? Es natural que si las cosas fueron así en América, más les habría convenido a los indios quedarse como estaban y no hacer uso del «derecho» de recibir la «civilización occidental»..

Pero veamos algunos detalles. Las Casas siempre engloba sus dichos diciendo «los españoles», como si uno dijese hoy «los judios» o «los nazis» o «los musulmanes». La obsesión de Las Casas es una idea: España y deseando que la Conquista sea lo más «pura» posible denuncia muchas veces sin fundamento ni precisión. Se trata de la clásica dialectización, «españoles malos- indios buenos»: los aborígenes, eran apacibles en la tierra de la libertad, pueblos habitados por suavísimos indígenas, delicados y tiernos, como lo pudieran ser en España los hijos de principes y señores Gente que «no conoce sediciones o tumultos» y del todo «desprovista de rencor», odio y deseo de venganza; para Las Casas el indio era un ser que carecía del pecado original. Aquí nuestro dominico surgirá como el predecesor del «buen salvaje» rousseauniano, publicitado por los iluministas del siglo XVIII y los charlatanes de hoy. Pero bástennos estos ejemplos como muestras. Hay muchísima bibliografía acerca de la personalidad de Las Casas y de su «obsesión» e imprecisiones; existen incluso serios estudios que afirman un grado de paranoia en Las Casas y hasta de «profetismo», como señala autorizadamente Menéndez Pidal: «holgadamente se hallaba Las Casas, en un ambiente profetista
situándose fuera de toda realidad, y con cuánta sencillez falseaba por completo la verdad de todo lo que le rodeaba!».

RÓMULO CARBIA, Historia de la Leyenda Negra
hispano-americana, Publicaciones del Consejo de la Hispanidad, Madrid 1944, 42.

DÍAZ ARAUJO, Enrique Las Casas visto de costado
Fundación Francisco Elías de Tejada y Erasmo
Percopo, Madrid 1995, 218 y La rebelión de la nada, Cruz y Fierro, Buenos Aires 1983,369;

RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL, El Padre Las Casas: su doble personalidad, Espasa-Calpe, Madrid 1963, 410 pp. y El P. Las Casas y Vitoria, Espasa-Calpe, Col. Austral, Madrid, pp. 152.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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